LUIS
18:19, 16 March 2025Pasaron las semanas, y al principio fue un infierno. No sabía cómo levantarme por las mañanas sin sentir ese vacío en el pecho, esa ausencia de Pedro que me dejaba temblando cuando despertaba y él ya no estaba ahí.
Pero lo peor fue que no podía huir de él. Ni siquiera encerrándome en casa conseguía escapar de su sombra.
Porque ahora era una especie de influencer. No sé en qué momento empezó a pasar, pero de repente, las revistas de cotilleo empezaron a escribir sobre mí más de lo normal.
Si salía de fiesta, aparecían stories y TikToks de gente preguntando si estaba "superando a Pedro". Si me veían con algún chico, enseguida decían que estaba saliendo con él. Y si salía sola, preguntaban si "seguía sufriendo por Pedro."
Era como estar atrapada en un ciclo interminable de especulaciones y comentarios que no dejaban de dar vueltas en mi cabeza.
Así que me rendí. Me dejé llevar. Empecé a salir casi todas las noches. Si iban a decir que estaba de fiesta superándolo, pues entonces que lo dijeran con razón.
Me ponía mis mejores outfits, me maquillaba como si fuera a caminar por una alfombra roja, y me perdía entre la música y el alcohol. Bailaba hasta que el cuerpo me dolía, hasta que mi piel se volvía pegajosa de sudor y me daba igual quién estaba a mi lado o quién me miraba. Al menos por unas horas, dejaba de sentir.
Pero al día siguiente, las fotos siempre aparecían. Y los comentarios también. La prensa escribía sobre cómo "Ale, la ex de QUEVEDO , se lo estaba pasando en grande." Y a veces incluso decían que Pedro lo había visto y que estaba "destrozado."
Yo no me lo creía. Si estuviera destrozado, habría hecho algo.
Pero no hizo nada. No me llamó. No apareció en mi puerta. Nada.
Era una tarde normal en la U. Caminaba por el pasillo con los cascos puestos y la cabeza baja, repasando mentalmente los temas que tenía que estudiar para el próximo examen, cuando sentí que alguien se acercaba demasiado.
Levanté la vista y ahí estaba él.
Pedro.
Al principio pensé que lo estaba imaginando. Pero no. Ahí estaba él, parado frente a mí, con una camiseta negra que le marcaba los brazos, el pelo revuelto y esos ojos oscuros clavados en los míos. Sentí que se me cortaba la respiración.
"¿Podemos hablar?" dijo, en ese tono suyo, tan directo y tan serio que hizo que me tensara por completo.
Mi primer instinto fue darme la vuelta y largarme. Pero mis piernas no se movieron.
"¿Qué haces aquí?" solté, fría.
"Acabo de terminar la gira" dijo, pasándose la mano por el pelo. "Necesito hablar contigo."
Me eché a reír, una risa amarga que me salió casi sin querer.
"¿Ahora sí? ¿Ahora que ya terminaste de follarte a medio continente?"
Pedro cerró los ojos un segundo y respiró hondo.
"Solo dame diez minutos."
"No" respondí enseguida, cruzándome de brazos.
"Ale..."
"¿Para qué?" Lo miré fijamente, sintiendo el dolor acumulado de todas esas semanas latir en mi pecho. "¿Para que me digas que fue un error? ¿Para que intentes justificar lo que hiciste?"
"Solo diez minutos."
"Ya te dije que no."
Pedro dio un paso hacia mí. Mis instintos me gritaron que me apartara, que pusiera distancia, pero mis pies seguían anclados al suelo.
"Ale, por favor" murmuró.
"Ya no hay nada que hablar, Pedro."
"Sí que lo hay."
Lo miré fijamente, sintiendo cómo mi respiración se aceleraba. Quería gritarle que se fuera, que me dejara en paz, que me dejara seguir adelante. Pero él seguía ahí, mirándome con esos ojos oscuros que me habían hecho perder la cabeza tantas veces.
Pedro se acercó un poco más. Ahora podía oler su perfume, ese aroma que conocía de memoria.
"Diez minutos" dijo, con la voz baja. "Si después de eso sigues queriendo que me vaya, lo haré."
Sentí cómo mis defensas empezaban a ceder, cómo el nudo en mi garganta se hacía más fuerte.
"Cinco minutos" corregí.
Pedro sonrió, y por un segundo vi al Pedro que me hacía sentir que todo estaba bien en el mundo.
"Diez" insistió.
Me mordí el labio, cerré los ojos un segundo y solté un suspiro.
"Está bien" dije finalmente, en voz baja. "Pero no esperes que cambie nada."
Pedro no respondió. Solo asintió con la cabeza y me hizo un gesto para que lo siguiera.
Y, contra todo pronóstico, lo hice.
Caminamos hasta un rincón tranquilo de la U, lejos de las miradas curiosas y los rumores que ya debía estar desatando nuestra simple proximidad.
Pedro se apoyó contra la pared y yo crucé los brazos, manteniendo la distancia.
"Habla" le dije, con la voz cortante.
Pedro se pasó la mano por el pelo, como hacía siempre que estaba nervioso. Bajó la cabeza un segundo y después me miró directo a los ojos.
"Lo que viste... en Argentina... no fue lo que piensas."
Solté una risa amarga. "Ah, ¿no? ¿Entonces qué fue? ¿Un malentendido? Porque lo que yo vi fue a una tía marcándote el cuello delante de toda la puta prensa."
Pedro apretó la mandíbula, sus ojos oscureciéndose.
"No pasó nada."
"¿Claro que pasó algo, Pedro!" escupí. "Te dejó un puto chupetón en el cuello. ¿Qué se supone que piense?"
Pedro negó con la cabeza y se acercó un poco.
"Esa noche... estaba muy borracho" empezó, con la voz tensa. "Ella se me acercó, y sí, me besó el cuello, pero ahí se acabó todo. No pasó nada más, Ale. ¿De verdad piensas que podría hacerte eso?"
Lo miré fijamente, sintiendo cómo la rabia y el dolor se mezclaban dentro de mí.
"¿Qué esperas que piense?" solté. "Te vi con ella. Todo el mundo lo vio."
Pedro apretó los labios, sus ojos clavándose en los míos con desesperación.
"Lo que nadie grabó fue lo que pasó después."
Fruncí el ceño. "¿Qué quieres decir?"
"Que me peleé con ella."
Lo miré, sin entender.
"Después de que me besó el cuello, la aparté y le grité que no volviera a acercarse a mí" dijo, con la voz dura. "Salí de ahí hecho una mierda. Pero claro, eso no salió en las fotos, ¿verdad?"
Sentí cómo el aire se me atascaba en la garganta. Mi corazón empezó a latir con fuerza, pero intenté mantener la expresión fría.
"¿Y qué? ¿Se supone que eso lo hace mejor?"
Pedro dio un paso hacia mí, sus ojos suplicantes.
"No lo hace mejor, pero al menos dime que entiendes que no te fallé."
Negué con la cabeza, apartando la mirada.
"Es que no puedo" murmuré.
Pedro se frotó la cara con las manos, frustrado.
"Ale..." Su voz se quebró un poco. "¿Tienes idea de lo que ha sido para mí estas semanas?"
Lo miré, sin decir nada.
"He salido de fiesta más de lo que debería. He estado intentando olvidarte en cada puta ciudad en la que he estado, pero cada noche terminaba en mi hotel, solo, pensando en ti."
Cerré los ojos un segundo, intentando bloquear las imágenes de Pedro en una discoteca, rodeado de otras chicas, mientras yo me moría por dentro en Madrid.
"Entonces al menos lo intentaste" respondí, con sarcasmo.
Pedro negó con la cabeza. "No entiendes."
"¿Qué no entiendo?"
"Que no pude" dijo, con la voz tensa. "No pude olvidarte. Y me está matando verte por ahí, saliendo con otros tíos como si te diera igual."
Lo miré, sintiendo cómo una punzada de rabia me atravesaba el pecho.
"¿Te duele?" dije, con una risa sarcástica. "¿Te duele verme con otros?"
Pedro asintió, sus ojos brillando con una mezcla de furia y desesperación.
"Me está matando" murmuró.
"Bien" respondí.
Pedro cerró los ojos un segundo, respirando hondo como si estuviera conteniendo algo.
"Ale, por favor." Su voz bajó, volviéndose suave, casi rota. "Volvamos."
Lo miré fijamente, sintiendo mi corazón acelerado. Pero también sentí el eco de todas esas noches llorando, de todos esos días en los que él no apareció, en los que él no me buscó mientras yo me estaba hundiendo.
"No" respondí finalmente.
Pedro levantó la cabeza, mirándome como si no hubiera entendido.
"¿Qué?"
"No podemos volver, Pedro" repetí, mi voz firme a pesar del temblor en mi interior.
Pedro se acercó aún más. Puso una mano en mi mejilla, su pulgar rozando suavemente mi piel.
"Ale, por favor" susurró. "Te quiero."
Cerré los ojos un segundo, sintiendo cómo las lágrimas amenazaban con salir. Pero cuando volví a abrirlos, me obligué a mantener la mirada firme.
"Si me quisieras, no me habrías dejado en primer lugar."
Pedro cerró los ojos, su mano bajando de mi cara mientras su pecho subía y bajaba con fuerza.
"¿De verdad es así de fácil para ti?" preguntó, con la voz rota.
"No" dije, sintiendo cómo el nudo en mi garganta crecía. "Pero esta vez no es suficiente que me quieras, Pedro."
Él abrió los ojos y me miró con desesperación. Su mano quedó suspendida en el aire, como si estuviera a punto de tocarme otra vez, pero se detuvo.
"Ale..." Su voz era apenas un susurro.
Di un paso hacia atrás, poniendo más distancia entre nosotros. No podía permitir que me tocara, porque sabía que si lo hacía, todo se iba a desmoronar. Y yo no podía volver a caer.
"No puedo volver a pasar por esto" dije, mi voz firme a pesar de que por dentro me estaba quebrando. "No puedo arriesgarme a que la próxima vez no solo sean fotos en la prensa o rumores de que te vieron con otra. No puedo volver a sentirme así."
Pedro negó con la cabeza, sus ojos oscuros llenos de dolor.
"No habrá próxima vez" dijo con seguridad.
Solté una risa amarga. "Eso dijiste la última vez."
Pedro apretó los labios, su respiración acelerada.
"¿De verdad piensas que no aprendí nada?" preguntó, con la voz cargada de frustración.
"No es cuestión de que hayas aprendido algo, Pedro" respondí. "Es que ya no confío en ti."
Vi cómo esas palabras lo golpearon directamente en el pecho. Bajó la mirada un segundo, sus hombros tensándose.
"¿Y qué se supone que haga entonces?" murmuró.
"Quizá esta vez no hay nada que hacer."
Pedro levantó la cabeza, sus ojos brillando con algo que no pude descifrar del todo.
"¿Eso es todo?" preguntó.
Asentí despacio, sintiendo cómo mi corazón se rompía un poco más con cada segundo que pasaba.
Pedro respiró hondo y cerró los ojos por un momento. Cuando los abrió, su mirada era una mezcla de tristeza y resignación.
"Si eso es lo que quieres..."
"Es lo que necesito" corregí, aunque sentía que me estaba arrancando una parte de mí al decirlo.
Pedro dio un paso atrás, su cuerpo alejándose del mío.
"Vale" dijo, su voz baja y tensa. "Si necesitas que me aleje, lo haré."
Me quedé en silencio, sin moverme.
"Pero que te quede claro algo, Ale" añadió, su voz endureciéndose. "Te sigo queriendo. Y me da igual con cuántos tíos salgas o cuántas veces me rechaces. No voy a dejar de quererte."
Cerré los ojos un segundo, sintiendo cómo su voz me perforaba el pecho. Pero cuando los volví a abrir, ya se había dado la vuelta y estaba caminando hacia el pasillo.
Lo vi alejarse, sus hombros tensos, las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta. Todo en él gritaba frustración y dolor, pero no se detuvo ni miró hacia atrás.
Me quedé ahí, clavada en el suelo, mientras mi corazón latía dolorosamente en mi pecho. Una parte de mí quería correr detrás de él, detenerlo, decirle que sí, que volvamos, que no podía vivir sin él.
Pero me obligué a quedarme quieta.
Porque esta vez, aunque doliera, sabía que debía protegerme.
Y aunque lo amaba, el amor ya no era suficiente.
There are no comments yet. Log in to be the first to leave a review!

