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GIRAR

18:36, 16 March 2025

Estaba en mi habitación, arreglándome frente al espejo mientras Martina revolvía mi ropa en el armario. El piso estaba lleno de tops, vestidos y tacones desparramados por todos lados.

"Este, tía. Te tienes que poner este" dijo Martina, sacando un top negro de tirantes finos que apenas cubría lo justo.

Negué con la cabeza, riendo. "Estás loca."

"Venga, Ale, es perfecto. Además, hace calor y necesitamos algo que nos dé ventaja."

Suspiré, cediendo finalmente. Me quité la camiseta y me puse el top.

Era corto, ajustado y dejaba ver un poco más de piel de lo que estaba acostumbrada, pero Martina tenía razón: si íbamos a salir, íbamos a hacerlo bien.

Alana apareció en la puerta, con un vestido rojo que le quedaba increíble y los labios pintados de un tono carmesí que la hacía parecer salida de una película.

"¿Estáis listas?" preguntó con una sonrisa traviesa.

"Dame cinco minutos" respondí, terminando de arreglarme el pelo.

Martina me miró de arriba abajo con aprobación. "Guapa, tía. Pedro se va a arrepentir de haberte dejado escapar."

Rodé los ojos. "No me importa Pedro."

Martina y Alana intercambiaron una mirada divertida.

"Claro que no" dijo Alana, sarcástica.

El sitio estaba hasta arriba. La música retumbaba en mis oídos, una mezcla de reguetón y beats electrónicos que vibraban en mi pecho.

Martina, Alana y yo estábamos en el centro de la pista, rodeadas de cuerpos que se movían al ritmo de la música. La sala estaba abarrotada, el aire cargado de sudor, perfume y alcohol. Las luces de neón parpadeaban en tonos rojos y azules, iluminando rostros y cuerpos en destellos fugaces.

Martina se acercó a mi oído, gritando por encima de la música. "¡Esta noche nos vamos a comer Madrid, tía!"

Reí, sintiendo el alcohol empezando a hacer efecto en mi cuerpo. Ya había tomado un par de copas y me sentía lo suficientemente desinhibida como para que la idea de una noche larga y descontrolada me pareciera perfecta. Necesitaba esto.

Quería perderme en el caos, en la música, en las luces, en cualquier cosa que me hiciera dejar de pensar en Pedro.

Porque claro que todavía pensaba en él. Pensaba en él cada vez que mi móvil vibraba y esperaba que fuera él, cada vez que veía una noticia sobre él en las páginas de cotilleo, cada vez que alguien mencionaba su nombre. Pero ya estaba harta de eso.

Si Pedro estaba ligando con otras chicas, entonces yo también podía hacer lo mismo.

Martina me pasó una copa y brindamos. "Por las chicas malas."

"Por las chicas malas" repetí, bebiéndome el trago de golpe. La quemazón del alcohol me bajó por la garganta y sonreí.

Alana apareció a nuestro lado, con un chico rubio de ojos claros detrás de ella. La tenía agarrada por la cintura y ella sonreía, coqueta, mientras le murmuraba algo al oído.

"¿Ya te lo ligaste?" le pregunté a Alana.

"Voy camino a ello" respondió, riendo.

Martina miró alrededor y vio a un grupo de chicos altos y guapos cerca de la barra. Me cogió del brazo y me arrastró hacia ellos.

"Martina, no—"

"Venga, Ale, que lo necesitas" dijo con una sonrisa maliciosa. "Si Pedro está haciendo lo que le da la gana, tú también puedes hacerlo."

Me mordí el labio, sintiendo la mezcla de alcohol y adrenalina burbujear en mi pecho. Ella tenía razón. Pedro no iba a estar en mi vida para siempre. Yo tenía que seguir adelante.

Nos acercamos al grupo de chicos y Martina empezó a hablar con uno de ellos, un moreno alto con una camisa blanca desabrochada hasta el pecho.

Yo me quedé a un lado, con la copa en la mano, sintiéndome ligeramente incómoda hasta que otro chico, con el pelo castaño y una sonrisa fácil, se me acercó.

"¿Quieres bailar?" preguntó, inclinándose hacia mí para que pudiera oírle.

Lo miré de arriba abajo. Era guapo. Y lo más importante, no era Pedro.

"¿Por qué no?" respondí, tomándole de la mano.

Me llevó hacia la pista de baile y puso las manos en mi cintura. Empezamos a movernos al ritmo de la música. El alcohol me hacía sentir ligera, despreocupada. Cerré los ojos y me dejé llevar por el ritmo, sintiendo el cuerpo del chico pegado al mío.

Él bajó la cabeza hacia mi cuello, sus labios rozando mi piel. Abrí los ojos y lo vi sonreír.

"¿Te gusta la música?" preguntó.

"Me gusta más cuando estoy borracha" respondí, riendo.

El chico sonrió y deslizó una mano por mi espalda. Me acerqué más, sintiendo la energía de la música y la multitud envolviéndonos. Quería que Pedro me viera. Quería que supiera que no estaba esperándole.

Martina pasó bailando con otro chico cerca de mí y me guiñó un ojo. "¡Eso es, Ale!"

El chico deslizó la mano por mi cintura y bajó los labios a mi oído. "¿Puedo invitarte a otra copa?"

Asentí, dejándome llevar hacia la barra. El alcohol corría por mi sangre y me sentía invencible. Él pidió dos tragos y me pasó uno. Lo bebí de golpe, sintiendo el calor extenderse por mi cuerpo.

"¿Cómo te llamas?" preguntó.

"Ale" respondí.

"Bonito nombre."

Sonreí y me acerqué un poco más. "¿Y tú?"

"Álvaro."

"Pues, Álvaro, ¿quieres seguir bailando?"

Él sonrió y me tomó de la mano. Volvimos a la pista y me moví contra él, sintiendo su cuerpo rozar el mío. Cerré los ojos, perdiéndome en la música. Sentía las manos de Álvaro en mi cintura, bajando lentamente por mi espalda. Sus labios rozaron mi cuello y sonreí, entregándome al momento.

Pero entonces... sentí algo.

Una presión. Una mirada.

Abrí los ojos y lo vi.

Pedro estaba en el otro lado de la sala, apoyado contra una columna con una copa en la mano. Me miraba directamente, con una expresión indescifrable.

Mi corazón dio un vuelco.

Pedro desvió la mirada hacia Álvaro y una sombra pasó por sus ojos. Entonces sonrió de lado y se giró hacia una chica rubia que estaba a su lado. La chica le dijo algo al oído y Pedro sonrió, pasando el brazo por sus hombros.

Joder.

Sentí un pinchazo de rabia en el pecho. Pedro levantó la copa y me miró por encima del borde del vaso mientras bebía. Sabía lo que estaba haciendo. Sabía perfectamente que yo lo estaba viendo.

Bien. Si él quería jugar, íbamos a jugar.

Me giré hacia Álvaro y lo atraje más hacia mí. Él sonrió, sorprendido, y me besó el cuello.

Pedro miraba fijamente.

Entonces Pedro se giró hacia la rubia y le murmuró algo al oído. Ella se rió y deslizó la mano por su pecho.

"¿Quieres otra copa?" preguntó Álvaro.

"Claro" respondí, sintiendo cómo la rabia y el deseo de venganza se mezclaban en mi pecho.

Fui a la barra con Álvaro y bebimos dos rondas más. Me sentía cada vez más desinhibida, cada vez más despreocupada, pero también cada vez más enfadada.

El alcohol estaba haciendo su trabajo, nublando los límites entre lo que quería hacer y lo que debería hacer.

Álvaro pasó el brazo por mi cintura y me llevó de nuevo a la pista. La música retumbaba en mi pecho, y yo me dejé llevar por el ritmo y por las manos de Álvaro, que se deslizaban por mi espalda y mi cadera con demasiada facilidad.

Pedro seguía ahí. Sentía su mirada clavada en mí aunque no lo estuviera mirando directamente. Sabía que estaba pendiente de cada uno de mis movimientos. Y yo también estaba pendiente de los suyos.

De vez en cuando, lo veía pasar por mi campo de visión, todavía con la rubia pegada a él. Ella le reía todo, le tocaba el pecho y se inclinaba hacia él, demasiado cómoda para mi gusto. Pedro le respondía con una sonrisa torcida, esa que yo conocía demasiado bien, la misma que me había lanzado a mí mil veces antes de besarme.

Joder.

Así que decidí devolverle el golpe.

"¿Vamos por otra copa?" le dije a Álvaro, levantando la voz para que me escuchara por encima de la música.

"Lo que quieras" respondió él, sonriendo.

Tomé su mano y lo llevé hacia la barra, justo cuando Pedro pasaba cerca con la rubia. Me aseguré de que él nos viera.

Me acerqué a Álvaro, apoyándome en su pecho y deslizándole una mano por el cuello. Él sonrió y bajó las manos a mi cintura, acariciándome por encima del vestido.

"¿Qué te apetece beber?" me susurró al oído.

"Lo mismo que tú" respondí, mirándolo a los ojos.

Álvaro pidió dos tragos y mientras esperábamos, Pedro pasó justo detrás de mí. Sentí su brazo rozar mi espalda. Me giré hacia él y nuestros ojos se encontraron por un segundo.

Pedro sonrió de lado y miró hacia Álvaro, que todavía me tenía cogida de la cintura.

"¿Todo bien?" preguntó Pedro con su acento canario marcado, levantando una ceja.

"Perfecto" respondí con una sonrisa desafiante.

Pedro soltó una risa baja y sarcástica, se giró hacia la rubia y le murmuró algo al oído. Ella se rió y le pasó la mano por la nuca, tirando de él para susurrarle algo más. Pedro la miró de reojo y le acarició la espalda.

Sentí una punzada de rabia en el pecho.

Álvaro me pasó el trago y bebí un sorbo largo, sin apartar la mirada de Pedro.

Pedro volvió a mirarme, esta vez directamente a los ojos, y levantó su copa en el aire.

"Salud" dijo, sonriendo.

Bebí un trago largo y le sostuve la mirada. Si quería jugar, iba a jugar.

Me volví hacia Álvaro y lo atraje más hacia mí, pasando los brazos por su cuello. Él sonrió y bajó las manos a mi cintura.

"¿Me vas a besar o solo estamos jugando?" preguntó Álvaro con una sonrisa pícara.

"¿Eso es lo que quieres?"

"Definitivamente."

Me mordí el labio, sabiendo que Pedro estaba mirando, y me incliné hacia Álvaro, rozando sus labios con los míos.

Pero entonces Pedro apareció justo a nuestro lado.

"¿Te importa?" dijo Pedro, con una sonrisa torcida, mirando directamente a Álvaro.

Álvaro lo miró con una mezcla de confusión y molestia. "¿Perdona?"

"Que si te importa apartarte un poco" dijo Pedro, con ese tono de superioridad que me sacaba de quicio.

Álvaro frunció el ceño y me miró, esperando que yo dijera algo.

"Pedro, déjalo" le dije, irritada.

"¿Por qué?" Pedro sonrió, acercándose más. "¿No me vas a presentar?"

Álvaro miró a Pedro de arriba abajo y bufó. "Tío, déjala en paz."

Pedro soltó una carcajada seca. "No me hagas reír, hermano."

Álvaro dio un paso hacia Pedro, pero yo me interpuse entre ellos.

"Ya basta" dije, mirándolos a los dos con furia.

Pedro me miró con esa expresión desafiante, con esa media sonrisa que me volvía loca.

"Vale, vale" dijo Pedro, levantando las manos en señal de rendición. "Solo quería saludar."

Pedro se giró y empezó a alejarse, pero yo ya estaba harta.

"¡No vuelvas a hacer eso!" le grité.

Pedro se giró, con una sonrisa de lado. "¿Hacer qué?"

"¡Sabes perfectamente qué!"

Él volvió hacia mí, ignorando completamente a Álvaro. "¿Te molesta que me divierta un poco?"

"¿Ah, sí? ¿Te estás divirtiendo mucho con ella?"

Pedro sonrió y se encogió de hombros. "Tanto como tú con él."

"Eres un imbécil."

Pedro soltó una risa sarcástica. "¿Y tú qué eres, entonces?"

Me acerqué a él, sintiendo la rabia hervir en mi pecho. "No sé por qué me sigues buscando si ya lo tienes claro."

"Porque no está claro, Ale. Porque sé que me quieres."

Solté una risa fría. "¿Ah, sí? ¿Así lo demuestras? ¿Besándote con otras?"

Pedro dejó de sonreír y dio un paso hacia mí, acercándose demasiado. Sentí su respiración mezclada con el olor a whisky.

"¿Y tú qué?" murmuró. "¿Crees que no vi lo que hiciste?"

"¿Hacer qué?"

Pedro bajó la mirada hacia mis labios y después volvió a subir a mis ojos. "No juegues conmigo, Ale."

Me ardía el pecho de rabia.

"Esto es ridículo" dije, girándome para alejarme.

Pero Pedro me agarró de la muñeca.

"Espera."

Me giré y lo miré, sintiendo cómo el corazón me golpeaba el pecho. Pedro me miraba con esa intensidad que siempre me desarmaba.

"Lo siento" dijo, en voz baja.

Me quedé mirándolo, sin saber qué responder.

"Solo... dame cinco minutos. Cinco minutos para hablar contigo. Sin gritos. Sin provocaciones."

Lo miré a los ojos, sintiendo la mezcla de rabia y deseo en mi pecho.

"Vale" respondí. "Cinco minutos."

Pedro asintió y me tomó de la mano, llevándome hacia una esquina más tranquila de la discoteca.

Sentí la mirada de Álvaro detrás de mí, pero no me importó. Porque, por mucho que me odiara a mí misma por admitirlo, sabía que mi cuerpo y mi corazón todavía respondían a Pedro. Y él lo sabía demasiado bien.

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