TE FALLE
09:49, 16 March 2025Me desperté con un dolor punzante en la cabeza y el teléfono vibrando en mi mano. Lo tomé con esfuerzo, entrecerrando los ojos para enfocar la pantalla. Eran las diez de la mañana y las notificaciones llegaban como una avalancha. Twitter, Instagram, TikTok... todo estaba explotando.
Deslicé el dedo y abrí Twitter.
"QUEVEDO visto de fiesta en Argentina, rodeado de chicas hasta el amanecer."
"¿QUEVEDO y Ale terminaron? Todo apunta a que sí."
"QUEVEDO sale de fiesta mientras Ale está en Madrid. ¿Problemas en el paraíso?"
Las fotos y videos estaban por todas partes. Pedro en una discoteca, con el brazo alrededor de una rubia, bailando tan pegado que sus cuerpos prácticamente se fundían en uno. Sonriendo, bebiendo... como si nada hubiera pasado.
La rabia se encendió en mi pecho como gasolina en una chispa.
No podía creerlo. Después de todo lo que habíamos hablado, después de que le pedí una explicación, después de que me juró que no había pasado nada... ¿Esto era lo que hacía? ¿Así era como me probaba que podía confiar en él?
Me levanté de la cama de golpe y fui directo a la ducha. Dejé que el agua helada golpeara mi cuerpo, esperando que calmara la furia que sentía en cada músculo, pero solo la intensificó.
Si él iba a hacer lo que quisiera, entonces yo también.
Me puse un vestido negro corto y ajustado, uno que sabía que me quedaba increíble. Me solté el cabello y lo dejé caer en ondas sobre mis hombros. Me maquillé con esmero, labios rojos, lista para matar.
Alana me miraba desde la puerta de la habitación, con los brazos cruzados y las cejas levantadas.
"¿A dónde vas?"
"De fiesta." Mi voz era fría, calculada.
"¿Crees que eso es buena idea?"
"No me importa si es buena idea."
Alana suspiró. "Ale..."
"No me vas a detener." Agarré mi bolso y me dirigí a la puerta.
Me fui a un club exclusivo en el centro de Madrid, uno de esos donde la música vibra en las paredes y la gente más rica y bonita de la ciudad se reúne para perder la cabeza.
Me tomó menos de cinco minutos para que comenzaran a llegar las miradas. Los chicos se acercaban, me sonreían, me ofrecían tragos.
Acepté cada uno.
Bailé con un chico de ojos claros y sonrisa perfecta. Su cuerpo estaba pegado al mío, sus manos en mi cintura, y me incliné hacia él, sintiendo el alcohol calentándome las venas. Me reí, jugué con mi cabello, le dejé rozar mis labios con los suyos.
Vi el destello de las cámaras.
Sabía que me estaban tomando fotos. Sabía que estarían en todos lados al día siguiente. Pero no me importaba.
Si Pedro quería jugar, yo también sabía jugar.
Una copa tras otra. Risas. Coqueteos. Manos que se deslizaban por mi espalda. El chico me susurró algo al oído y reí, dejando que sus labios rozaran mi cuello.
Tomé un shot de tequila. Después otro. Sentía que el suelo bajo mis pies comenzaba a tambalearse.
"Estás guapísima," dijo el chico, acercándose más.
Me reí y le puse la mano en el pecho. "Lo sé."
"¿Nos vamos?" me preguntó con una sonrisa torcida.
Sí. Vámonos.
Estaba a punto de salir del club cuando sentí una vibración en el bolsillo. Saqué el teléfono. Era Pedro.
Llamada entrante.
Deslicé para contestar.
"¿Gordi?" Su voz sonaba ronca.
"¿Te estás divirtiendo?" Mi voz era venenosa.
"¿Qué?"
"¡Te vi, Pedro! ¡Vi las fotos! Vi cómo esa chica prácticamente te estaba comiendo en la pista de baile. ¿Te divertiste?"
"¡No pasó nada! ¡Estáis sacando esto de proporción!"
"¿Proporción?" Reí con amargura. "Claro, porque bailar con una tía que te estaba besando el cuello es completamente normal cuando tienes novia."
"¡Te estoy diciendo que no pasó nada, joder!"
"¡Eres un hipócrita, Pedro!" Estaba gritando ahora, sintiendo que la rabia explotaba dentro de mí. "¿Sabes qué? ¡Yo también estoy pasándola bien!"
"¿Qué?"
"Sí. Estoy en una discoteca, bailando con un chico que está buenísimo. ¿Quieres que te mande una foto? ¡A ver si te gusta tanto como a mí ver las tuyas con esa tía en Argentina!"
"¡Ale, para!"
"¡No! ¡Estoy harta!" Las lágrimas empezaron a arder en mis ojos. "¡Me hiciste famosa para esto! ¡Para tener que ver mi vida expuesta en todos lados mientras tú te comportas como un niño inmaduro!"
"¿Qué dices?"
"¡Me usaste para limpiar tu imagen! ¡Para que la gente hablara de ti como el novio perfecto cuando en realidad eres un desastre! ¡Me engañaste a mí ahora y vas a seguir haciéndolo porque no puedes parar!"
"¡Eso es mentira!"
"¡No quiero verte nunca más! ¡Viniste a mi vida para arruinarla!"
Corté la llamada y me metí otro trago entre los labios.
El chico me miró y sonrió.
"¿Nos vamos?" me susurró al oído.
Estaba a punto de salir cuando sentí una mano en mi brazo. Me giré con furia, lista para gritarle a cualquiera que me estuviera deteniendo, pero me encontré con la cara seria de Alana.
"¿Qué haces?" me miró con ojos duros.
"Me voy."
"No. No vas a hacer esto." Alana me jaló del brazo.
"¿Por qué no? ¡Si Pedro puede hacer lo que quiera, yo también!"
"¡Porque vas a arrepentirte! ¡Y porque sabes que esto no está bien!"
Me solté de su agarre. El chico estaba esperándome en la puerta.
Pero entonces sentí una vibración en el bolsillo. Saqué el teléfono. Era Pedro.
"Déjalo, Ale," dijo Alana en voz baja.
Contuve el aliento. Cerré los ojos.
Y apagué el teléfono.
Me giré hacia el chico.
"Vámonos."
Pero Alana se interpuso entre los dos.
"No. Vas a casa conmigo."
"¡Déjame en paz!" Empujé su brazo, pero entonces vi su expresión. Preocupación genuina.
El chico retrocedió un paso.
"Nos vamos."
"¡No puedes decirme qué hacer!"
Alana me miró a los ojos, sus labios formando una línea dura.
"No. Pero si te vas con él, te vas a arrepentir."
Mi respiración se aceleró.
Alana me tomó de la mano.
"Ale."
Cerré los ojos, sintiendo el corazón latir descontrolado en mi pecho.
¿Qué iba a hacer?
Alanna me llevó a casa casi a rastras. Yo iba medio ida, con las piernas flojas y la cabeza dándome vueltas, pero ella me sostuvo firme, metiéndome en el taxi y hablando con el conductor para asegurarse de que llegáramos rápido.
Apenas recuerdo el camino. Solo el frío del aire acondicionado y el sonido del tráfico de Madrid colándose por las ventanas. Cuando llegamos, Alanna me ayudó a entrar, me quitó los tacones y me dejó caer en la cama. Luego se quedó mirándome con esa expresión preocupada.
"¿Estás bien?" preguntó, aunque las dos sabíamos que la respuesta era obvia.
"Sí", mentí.
Alanna suspiró, se agachó para recoger mis tacones y se quedó un segundo ahí, mirándome.
"Ale..."
"Estoy bien, de verdad", insistí, cerrando los ojos. "Solo quiero dormir."
No dijo nada más. La oí salir de la habitación y cerrar la puerta suavemente detrás de ella. Fue en ese momento cuando el móvil vibró sobre la mesita de noche. Lo miré como si fuera a explotar.
La pantalla se iluminaba una y otra vez con el nombre de Pedro. El sonido me taladraba la cabeza, pero no hice el mínimo esfuerzo por moverme. Me ardía la garganta y sentía el cuerpo pesado, hundido contra el colchón. El vestido que aún llevaba puesto estaba arrugado y olía a alcohol. El maquillaje me corría por las mejillas y el corazón me latía tan rápido que pensé que iba a salirse de mi pecho.
Otra vibración. Otra llamada. Cerré los ojos, pero el sonido seguía ahí, insistente, hasta que lo cogí.
"¿Qué coño quieres?" mi voz salió arrastrada, áspera, cargada de veneno.
"Ale..." Pedro sonaba agitado, su respiración entrecortada. "Tía, ¿dónde estás?"
Me reí. Una carcajada seca.
"¿Dónde estoy?" Me pasé la mano por el pelo, despeinándome aún más. "En el puto infierno gracias a ti."
"Ale, no digas eso..."
"¡No me digas qué decir!" Me incorporé de golpe, sintiendo cómo todo me daba vueltas. Me apoyé contra la pared, intentando mantener el equilibrio. "¡Te fuiste de fiesta por Latinoamérica, Pedro! ¡Bailando con tías, dejándote tocar! ¡Y ahora vienes a preguntarme dónde estoy!"
"No fue nada, joder, no montes un circo por eso."
"¡No fue nada!" grité. Sentí la furia arderme en el pecho, extendiéndose hasta las puntas de mis dedos. "¡Los vídeos están por todas partes! ¡Te vi, Pedro!"
Silencio. El muy cabrón no decía nada.
"¿Qué? ¿No tienes nada que decir ahora?" solté, con una sonrisa torcida. "¿O me vas a decir que era tu prima? ¿O que fue sin querer porque estabas borracho?"
Pedro respiró fuerte al otro lado de la línea.
"Eso pensé" murmuré, sintiendo el nudo en mi garganta crecer. "¿Y sabes qué es lo mejor de todo? Que esto es exactamente como no nos conocimos. Porque si yo no soy nadie para ti, Pedro, entonces tú tampoco eres nadie para mí."
"No digas eso, Ale, por favor..."
Me reí, pero la risa me salió rota, como si me estuviera desgarrando por dentro.
"¿Por favor qué? ¿Que me quede en casa mientras tú te lo pasas de puta madre con todas las tías de allá?"
"¡Joder, que no es eso!" Pedro levantó la voz, y por un segundo sentí que el corazón se me detenía. "¡Yo solo salí de fiesta! ¡Tampoco es para que me montes este pollo!"
"¿Ah, sí?" Los ojos me ardían, las lágrimas acumulándose al borde. "Pues yo también salí de fiesta. Y ¿sabes qué? Me lo pasé de puta madre, Pedro. Bailé, bebí... y casi me tiro a un tío."
"Estás flipando" Pedro bufó al otro lado de la línea, con ese tono frío que me hacía sentir que me atravesaba un puñal en el pecho.
"¿Ah, sí? Pues te jodes" escupí.
"Ale..."
"No me llames." La voz me temblaba ahora, el nudo en la garganta haciéndome daño. "No quiero volver a verte en mi vida, Pedro. Me has arruinado."
"¡No digas eso!"
"¡Es la verdad!"
Colgué de golpe y lancé el móvil contra la pared. El golpe fue seco, el teléfono rebotó y cayó al suelo con un sonido hueco. Me dejé caer sobre la cama, jadeando, sintiendo las lágrimas calientes correr por mis mejillas. Me tapé la cara con las manos y apreté los dientes, intentando contener los sollozos, pero fue inútil.
Lo odiaba. Lo odiaba con cada célula de mi cuerpo. Lo odiaba tanto como lo quería. Y eso era lo peor de todo.
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