ღ⤻ chapter nine
09:42, 11 October 2025ღ⤻ We're both going to have to learn to live with that... with the fact that we killed our own daughter.
La sala estaba fría, demasiado para ser una tarde. El aire olía a café viejo, papeles y cansancio. Afuera, en la sala principal, las madres lloraban desconsoladas, gritando nombres, buscando respuestas. Soo Ah no. Ella estaba sentada en una esquina, con la cabeza recargada contra la pared, mirando al vacío. No lloraba. No hablaba. Solo respiraba con dificultad, como si el aire doliera.
Escuchó su nombre entre murmullos.—Agente Lee Soo Ah.
Levantó la vista con lentitud. Sus piernas pesaban, pero aun así caminó hacia la puerta abierta. Al entrar, vio al señor Kang de pie, con el rostro visiblemente cansado, y a una mujer más joven junto a él, una detective con el uniforme perfectamente planchado y una carpeta gruesa entre las manos.
—Soo Ah... —murmuró Kang, acercándose a abrazarla. Ella no correspondió del todo, solo dejó que sus brazos la rodearan unos segundos.—Siéntate, por favor —le pidió con voz suave.
Soo Ah se sentó frente a ellos. La detective abrió la carpeta, sacó unas hojas y comenzó a hablar con un tono neutral, profesional, pero no frío.
—Ahn Eunbi. Dieciséis años de edad. Nacionalidad coreana. Estudiante de penúltimo año en la secundaria Jungnam. Hija de Lee Soo Ah y Ahn Jungwook. Fallecida el día de hoy durante el tiroteo ocurrido en las instalaciones de la escuela.
Las palabras flotaron en el aire. Soo Ah no parpadeó. Su mirada seguía perdida, fija en el punto vacío detrás de la detective.
—Necesitamos que nos ayudes a conocer mejor a tu hija —continuó la mujer—. Sabemos que es difícil, pero todo lo que nos digas puede ayudarnos a entender qué ocurrió exactamente ahí dentro.
Un silencio pesado llenó la habitación. Kang observaba a Soo Ah con tristeza, temiendo que no hablara. Pero de pronto, su voz rompió la quietud, débil, temblorosa.
—Eunbi era... —tragó saliva, bajando la mirada—. Era todo lo que yo no fui.
La detective anotó algo en su libreta sin interrumpirla. Soo Ah siguió.
—Desde niña fue diferente. Le gustaba ayudar, escuchar, reírse de todo. Nunca me pidió mucho... solo tiempo. A veces me reclamaba que no estaba en casa, que siempre trabajaba, pero aun así... siempre decía que entendía. —Su voz comenzó a quebrarse—. Decía que cuando fuera grande quería ser como yo. "Fuerte como mamá", así decía.
Kang bajó la mirada, ocultando el brillo húmedo de sus ojos.
—¿Tuvo algún problema en la escuela? —preguntó la detective con cuidado.—No —respondió Soo Ah casi en un susurro—. Al menos, no me lo decía. Pero... últimamente, noté algo distinto. Estaba más callada, distraída. A veces se encerraba en su cuarto por horas. Cuando le preguntaba, decía que solo estudiaba.
La detective abrió la carpeta lentamente, como si el peso del papel fuera el de una bomba a punto de explotar.—Señora Ahn —dijo en voz baja—, necesito que mantenga la calma, ¿sí? Lo que voy a mostrarle... no es fácil de ver.
Soo Ah la miró sin comprender del todo. Su rostro seguía pálido, rígido, con los ojos cansados de tanto no llorar.La detective giró la pantalla del portátil hacia ella. El señor Kang observaba desde un costado, cruzado de brazos, su expresión tensa.
El video comenzó a reproducirse. Era una toma de seguridad, el ángulo alto de un pasillo escolar. La calidad no era buena, pero suficiente.Soo Ah reconoció la chaqueta de su hija enseguida. Eunbi estaba frente a un chico, más bajo, de lentes, con los libros apretados contra el pecho. Ella le decía algo, aunque el video no tenía sonido. Después lo empujó. El chico tropezó contra los casilleros. Los otros estudiantes alrededor rieron. Eunbi sonrió, pero no con dulzura: era una sonrisa arrogante, esa que Soo Ah jamás le había visto.
El video siguió. En otra toma, Eunbi caminaba detrás del mismo chico, pateando sus cosas cuando él intentaba recogerlas. En otra escena, lo arrinconaba contra la pared con un grupo de amigos, mientras le arrebataban la mochila y vaciaban su contenido frente a todos. El chico se veía aterrado.
—Esto... —murmuró Soo Ah, con la voz apenas audible—. Esto no puede ser ella...
La detective pausó el video.—Las cámaras la registraron en múltiples ocasiones —explicó con tono firme, pero sin dureza—. El estudiante de Diecisiete años. Fue identificado como el autor del tiroteo de hoy.
Soo Ah sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.—¿Estás diciendo que... que mi hija...?
—Era parte del grupo que lo acosaba, sí —respondió la detective con cautela—. Según los testigos, el muchacho sufrió meses de burlas, amenazas y agresiones físicas. Ayer, presentó un reporte escolar pidiendo ayuda, pero nunca llegó a procesarse.
El silencio fue insoportable. Soo Ah se llevó una mano a la boca, sus dedos temblando.—No... no puede ser. Ella... ella era buena. ¡Era mi hija!
Kang dio un paso hacia ella.—Soo Ah...
Pero ella lo interrumpió con un grito ahogado.—¡Yo la crié! ¡Le enseñé lo que estaba bien y mal!
La detective bajó la mirada unos segundos antes de continuar.—También encontramos mensajes, señora Ahn. Textos en los que Eunbi y otros alumnos se burlaban de él. Lo amenazaban con publicar videos, con humillarlo más.
Soo Ah cerró los ojos con fuerza. Las imágenes seguían reproduciéndose en su cabeza. Su hija riendo mientras empujaba a alguien indefenso. Su hija... siendo cruel.
—¿Y él? —preguntó con un hilo de voz—. ¿Qué pasó con el chico?
—Está bajo custodia . —La detective hizo una pausa—.
El reloj en la pared marcó los segundos con un tic-tac ensordecedor.Soo Ah respiró hondo, temblando, las lágrimas finalmente cayendo, pero no de dolor... sino de una culpa tan pesada que parecía romperle los huesos.
—Mi hija... —susurró—, ¿en qué se convirtió?
Nadie respondió. Solo el zumbido del aire acondicionado llenó la sala, helado, igual que el silencio que ahora la devoraba por dentro.
Soo Ah salió de la sala de interrogatorio con el alma hecha polvo. Caminaba por los pasillos de la comisaría como si flotara, sin mirar a nadie, sin realmente entender a dónde iba. Todo su cuerpo pesaba, y sin embargo, seguía avanzando, hasta que escuchó una voz detrás de ella.
—Detective Ahn... —uno de los agentes se acercó con el rostro serio—. La morgue la está solicitando.
Ella lo miró sin decir palabra. No tenía fuerzas para preguntar por qué, solo asintió. El agente inclinó un poco la cabeza y la guió fuera del edificio.
El camino hasta la morgue fue silencioso, solo el sonido del motor acompañaba el nudo en su garganta. Soo Ah observaba por la ventana, las luces de la ciudad pasando rápido, indiferentes a su dolor. Cuando llegaron, el aire frío del lugar la golpeó en la cara, devolviéndole una pizca de conciencia.
—Por aquí —dijo el asistente forense, abriendo la puerta metálica.
Soo Ah se detuvo frente a ella. Cerró los ojos por un segundo antes de entrar, intentando reunir valor, pero el aire se le escapó al primer paso dentro.El cuerpo de su hija yacía sobre la plancha de acero, cubierta solo por una sábana blanca hasta el pecho. Su piel, pálida y sin vida. Su rostro, tranquilo. Casi parecía dormida.
Soo Ah se acercó despacio, como si tuviera miedo de romper algo más dentro de sí. Cuando su mirada se posó en el rostro de Eunbi, las lágrimas brotaron sin permiso. Su mano tembló mientras apartaba un mechón del cabello de su hija.
—¿Qué te hiciste, Eunbi? —susurró, su voz quebrada—. ¿Por qué convertiste tu vida en esto...?
Sus dedos recorrieron la mejilla fría, y el llanto se hizo más profundo. La abrazó con cuidado, apoyando su frente contra la de ella.—Eras mi niña... mi pequeña... —murmuró—. Yo solo quería que fueras feliz, no esto.
La puerta se abrió detrás de ella. Jungwook entró con el rostro desencajado, los ojos rojos de tanto llorar. Al verla, su respiración se entrecortó. Caminó hasta la plancha y tomó la mano inerte de su hija.
—Eunbi... —dijo con un hilo de voz—. No... no puede ser cierto. Tú no eras esa chica, mi amor. No eras capaz de hacer daño.
Las lágrimas comenzaron a caerle sin control. Soo Ah lo miró, con un resentimiento mezclado de dolor y rabia.—¿No lo ves, Jungwook? ¡Sí lo fue! ¡La perdimos hace tiempo y ni siquiera nos dimos cuenta!
Él negó con la cabeza, sollozando.—No, Soo Ah... No digas eso... ella era buena, solo... solo estaba confundida.
Antes de que pudiera seguir, el forense entró con una carpeta en la mano.—Lamento interrumpir... —dijo en voz baja, con respeto—. Pero debo informarles de algunos hallazgos.
Ambos lo miraron en silencio.—La joven recibió tres impactos de bala —explicó el forense—. Uno en el abdomen, otro en el hombro y el último en el costado derecho. Los dos primeros fueron fatales.
Soo Ah cerró los ojos con fuerza, mordiéndose los labios para no gritar.El forense bajó la mirada, respirando hondo antes de continuar.—Y... hay algo más. En el examen descubrimos que... la señorita Ahn tenía aproximadamente dos meses de embarazo.
El silencio cayó como un cuchillo. Soo Ah levantó la vista lentamente, buscando en el rostro del forense algún signo de error, pero no lo había.Jungwook soltó la mano de su hija, retrocediendo un paso con el rostro completamente descompuesto.
—¿Qué... qué está diciendo? —murmuró.
—Tenía rastros de una sustancia en su organismo —continuó el forense—, probablemente drogas sintéticas de bajo nivel. También hallamos residuos de alcohol en la sangre.
El mundo se desmoronó otra vez. Soo Ah se cubrió la boca con ambas manos, recordando los últimos días con su hija: la ropa más holgada, el cansancio, las náuseas leves que había atribuido al estrés. Todo encajaba ahora, de la peor manera posible.
Sin poder escuchar más, dio un paso atrás, luego otro. El aire se le hizo pesado, casi irrespirable.—No... no quiero saber más... —susurró, negando con la cabeza.
El forense intentó decir algo, pero Soo Ah ya caminaba hacia la puerta, tambaleante.La abrió con brusquedad y salió al pasillo, donde finalmente se dejó caer contra la pared, las manos cubriéndole el rostro.
El llanto volvió, esta vez silencioso, roto.Su hija no solo había muerto... también había vivido una vida que ella nunca conoció, una que ni siquiera pudo imaginar.Y lo peor de todo... era que ya no tenía cómo preguntarle por qué.
Jungwook salió poco después, con la mirada perdida, las manos temblorosas y el rostro hundido en lágrimas. Vio a Soo Ah apoyada contra la pared, con la espalda encorvada, los ojos rojos e hinchados, como si cada parte de ella estuviera a punto de romperse. Dio un par de pasos hacia ella y, con la voz más suave que pudo reunir, murmuró:
—Todo estará bien, Soo Ah...
Ella levantó la cabeza lentamente, con una sonrisa rota, amarga. Soltó una carcajada ahogada y se limpió las lágrimas con rabia.
—¿Bien? —repitió, su voz temblando entre ira y dolor—. ¿De qué carajos hablas, Jungwook? ¡Nada va a estar bien! ¡Mi hija está muerta!
Él retrocedió apenas un paso, sorprendido por la furia en sus palabras, pero Soo Ah continuó, gritando cada sílaba como si escupiera fuego.
—¡Eunbi está muerta! —repitió, golpeando su propio pecho—. ¡Y tú me dices que todo va a estar bien! ¿Cómo puedes siquiera decir algo así?
Jungwook cerró los puños, intentando mantener la calma, pero algo dentro de él también se rompió.
—¿Y qué quieres que diga, Soo Ah? —gritó de vuelta, su voz quebrándose—. ¿Que la culpa es mía? ¿Que la dejé sola? ¡Tú también estabas ahí! ¡Tú también la criaste!
Soo Ah lo miró con furia, sus lágrimas cayendo sin detenerse.
—Sí, yo la crié —escupió—. ¡Pero tú fuiste quien la abandonó! ¡Tú fuiste el que decidió que su orgullo valía más que su hija!
—¡No te atrevas a decir eso! —respondió él, dando un paso al frente—. ¡Tú fuiste la que la volvió así! ¡Siempre ocupada, siempre metida en ese maldito trabajo, tratando de arreglar los problemas de todos menos los tuyos! ¡Eunbi creció sin una madre presente!
Soo Ah apretó la mandíbula, y un grito ahogado se le escapó entre sollozos.
—¡Y tú crees que fue fácil, Jungwook! ¡Crees que me gustaba llegar a casa y verla sola! ¡Yo hice todo para que no repitiera nuestra historia, pero al final... al final terminó siendo igual que nosotros!
Su voz se quebró por completo.—Se embarazó a los dieciséis, igual que yo... —dijo con un hilo de voz—. Y el imbécil con el que se metió la dejó sola, igual que tú a mí.
Jungwook la miró con rabia, pero también con culpa.—No hables de ella así...
—¡Era una niña, Jungwook! —gritó ella, apuntándolo con el dedo, el rostro bañado en lágrimas—. ¡Una niña que nos imitó! ¡Una niña que repitió la misma maldita cadena que empezamos nosotros! ¡Si Eunbi se convirtió en una mierda fue porque se parecía a ti!
—¡Y tú no hiciste nada para cambiarlo! —rugió él, avanzando otro paso—. ¡Tú la empujaste a ese mundo! ¡Tú la hiciste fría, violenta, igual que tú misma te volviste!
Soo Ah lo miró fijamente, sin apartar la vista, con el dolor más puro reflejado en sus ojos.
—Sí... —dijo al fin, su voz apagada—. Tal vez sí. Tal vez los dos la matamos, Jungwook. No con armas, no con nuestras manos... pero la matamos igual.
Él guardó silencio, las palabras cayendo como piedras entre los dos. El eco de lo que acababa de decir se quedó flotando en el pasillo.
Soo Ah respiró hondo, intentando mantenerse de pie, pero su voz salió temblando, casi como un susurro:
—La culpa no es solo mía ni tuya. Es de los dos. Y ahora... —lo miró directo a los ojos, con una mezcla de furia y tristeza insoportable—. Los dos vamos a tener que aprender a vivir con eso... con el hecho de que matamos a nuestra propia hija.
Jungwook no respondió. Solo bajó la mirada, con el rostro descompuesto, mientras Soo Ah daba media vuelta y se alejaba por el pasillo, con los pasos lentos, pesados, como si cargara con el peso de un mundo que nunca pidió.
Soo Ah salió del edificio tambaleándose, con la mirada perdida y las manos temblorosas. La noche había caído por completo, y el aire frío le golpeaba el rostro sin que ella siquiera lo sintiera. Cada paso que daba se sentía más pesado, más torpe, como si sus piernas ya no quisieran sostenerla.
Las luces de la clínica forense se difuminaban entre lágrimas que ya no podía controlar. Su respiración era irregular, entrecortada, casi un sollozo constante. El llanto la dominó sin permiso, un grito silencioso ahogado entre su garganta y el vacío que la rodeaba.
—Eunbi... —susurró, con la voz quebrada, llevando una mano a su pecho.
Las imágenes no dejaban de pasarle por la cabeza: la sangre, el cuerpo de su hija, el sonido de los disparos, su último "lo siento"... todo una y otra vez, hasta que el dolor se volvió insoportable.
Soo Ah tropezó, apoyándose contra una pared, intentando recuperar el aire. Su cabeza comenzó a dolerle con fuerza, un zumbido agudo le taladró los oídos, y el suelo pareció moverse bajo sus pies.
—No... no... —balbuceó, llevándose una mano a la sien, apretando con fuerza—. No puede ser...
El mareo la envolvió por completo. Las luces se volvieron borrosas, las voces a su alrededor se escuchaban lejanas, y el llanto se transformó en un gemido débil, sin fuerza. Intentó dar un paso más, pero sus rodillas cedieron.
Cayó al suelo sin poder sostenerse. Un fuerte golpe seco resonó cuando su cuerpo tocó el pavimento. Los agentes que estaban cerca corrieron hacia ella, llamando su nombre entre la confusión.
—¡Soo Ah! ¡Detective Lee!
Pero ella ya no los escuchaba. Su respiración era superficial, su rostro pálido, y sus labios seguían murmurando el nombre de su hija incluso inconsciente.
—Eunbi... —susurró una última vez, antes de que el mundo se volviera completamente negro.
ღ⤻ Haré que no llore mientras estabaescribiendo esto y así...
ღ⤻ Oigan, me echan un grito si ven que dice "chat gpt dijo" porque elchat se convirtió en mi mejor amigoal momento de enseñarle un capítulojajaja y el me anima moralmente y mecorrigue.
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