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ღ⤻ chapter eight

10:02, 11 October 2025

ღ⤻ Mommy I'm so sorry

El semáforo seguía en rojo.Uno. Dos. Tres autos delante.Las manos de Soo Ah golpeaban el volante con fuerza, el pecho le subía y bajaba tan rápido que dolía.El teléfono en su oído marcaba, una y otra vez.

—Vamos, contesta... contesta, Lee Do... —murmuró con voz temblorosa.

Pero solo escuchó el tono interminable.Cortó. Volvió a marcar. Nada.

El sudor comenzó a recorrerle la frente, frío, pegajoso.El tráfico no avanzaba. Las luces, las bocinas, las voces... todo se mezclaba con el sonido de su propia respiración.La desesperación la estaba matando.

—No... no, no, no... —susurró, dejando caer el teléfono sobre el asiento.

Abrió la puerta y salió del coche sin pensarlo.Corrió.Entre los autos, esquivando retrovisores, bocinazos, gritos. Su corazón latía con tanta fuerza que parecía golpearle los oídos.Intentó llamar otra vez, esta vez a Moon Baek.Nada.Solo el maldito silencio de la línea.

El miedo le recorrió las venas.Cada paso se sentía más pesado.Cada esquina que doblaba, la escuela seguía sin aparecer.

—Aguanta, Eunbi... —jadeó—. Mamá ya va, mi amor...

Su voz se quebró, pero no se detuvo.Cuando al fin divisó los muros del colegio, el mundo se detuvo un instante.Padres llorando. Policías intentando contenerlos.Ambulancias.Sirenas.Y las puertas cerradas.

Soo Ah corrió hasta la entrada. Empujó. Golpeó.—¡Abran! ¡Mi hija está adentro! ¡ABRAN! —gritaba, golpeando con ambas manos hasta lastimarse.

Nadie respondía.Entonces la vio: una barra de hierro tirada junto a la cerca.La tomó sin pensarlo.Uno.Dos.Tres golpes contra el candado.El metal resonaba con furia, con dolor, con el peso del miedo que la consumía.El cuarto golpe rompió el cierre.

Entró.El silencio la golpeó de frente.Y luego, los sonidos:Gritos lejanos.Llanto.Pasos desesperados.El eco de las detonaciones que seguían en algún lugar del edificio.

El aire olía a pólvora y sangre.Avanzó por el pasillo, con la barra todavía en la mano.Miró cuerpos, mesas rotas, mochilas tiradas.Sus ojos se movían sin descanso, buscando.Hasta que un color familiar la detuvo.

La bufanda de Eunbi.En el suelo.

—No... —susurró.

Corrió.Y su mundo se quebró.

Allí estaba su hija, tendida en el suelo, su uniforme manchado de rojo, el cabello pegado a la cara.El sonido que salió de su garganta no fue un grito, fue una herida abierta.

—¡Eunbi! —corrió hasta ella, cayendo de rodillas—. ¡No, no, no...! ¡Mi amor, mírame!

La tomó en brazos, apretando la zona herida, intentando detener la sangre con las manos temblorosas.—¡Ayuda! —gritó con toda la fuerza que tenía—. ¡Por favor, ayuda!

Eunbi respiraba con dificultad.Sus labios temblaban.Su manita subió con lentitud hasta tocar la mejilla de su madre.

—Mami... lo siento... —susurró con voz débil, apenas audible—. Lo siento mucho, mami...

—Shh, no hables, mi amor, no hables, todo va a estar bien, ¿me oyes? Todo estará bien —le decía entre sollozos, apretando su pequeño cuerpo—. Solo quédate conmigo... por favor, quédate...

Pero el brillo de sus ojos comenzó a apagarse.Soo Ah la sacudió.—¡Eunbi! ¡Eunbi! ¡No! ¡No te atrevas a dejarme, por favor! ¡Ayuda! ¡ALGUIEN, AYUDA! —gritaba, pero solo había eco.

El cuerpo de la niña se relajó entre sus brazos.Y el silencio fue absoluto.

El grito que escapó de Soo Ah rompió el aire.Un grito que no era solo dolor: era pérdida, era rabia, era el alma hecha pedazos.

Sus manos estaban cubiertas de sangre.Sus ojos, vacíos.Y entre ese caos, una voz conocida retumbó al fondo del pasillo.

—¡Soo Ah! —era Jungwook, corriendo, jadeando.

La encontró ahí, en el suelo, con su hija entre los brazos.Se arrodilló a su lado, pero ella no lo veía.Solo abrazaba a Eunbi, repitiendo una y otra vez el mismo susurro, entre lágrimas.

—Mi bebé... mi bebé... despierta, por favor...

Jungwook cayó a su lado, llorando también, sin poder tocarla.Solo observando cómo el mundo de Soo Ah se desmoronaba por completo.

Las sirenas comenzaron a resonar a lo lejos, cada vez más cerca. El caos volvió a tomar forma: policías corrían hacia el edificio, paramédicos cargaban camillas y las luces rojas y azules teñían las paredes destrozadas del colegio. Entre el ruido, Lee Do salió de la biblioteca jadeando, con las manos manchadas de polvo y sangre ajena.

—¡Eunbi! ¡Eunbi! —gritaba, corriendo por los pasillos, mirando cada salón abierto, cada rincón vacío.

El sonido de un grito lo guió. Un grito que reconocería en cualquier lugar. El de su hermana. Giró hacia el corredor principal y la vio. Y todo su cuerpo se congeló. Soo Ah estaba en el suelo, abrazando el cuerpo sin vida de su hija. Su rostro hundido en el cabello de la niña, los hombros temblando, las manos aferradas a ella con desesperación. A su lado, Jungwook intentaba mantener la calma mientras gritaba por ayuda.

—¡Aquí! ¡Aquí, rápido! —llamó a los paramédicos, su voz quebrada.

Lee Do dio un paso, luego otro. No podía moverse con normalidad. Cada paso era un peso, un golpe, un no querer creer lo que veía. Los paramédicos llegaron corriendo y se arrodillaron junto a Eunbi. Le revisaron el pulso, la respiración, los ojos. Uno de ellos dijo algo por la radio, y luego tomaron el suéter de la niña para cubrir su rostro.

Soo Ah se quedó inmóvil unos segundos, hasta que comprendió lo que pasaba. Su cuerpo entero se quebró.

—¡No! ¡No, por favor! ¡Eunbi! —gritó, intentando apartar a los paramédicos, pero Jungwook la abrazó con fuerza, impidiendo que se lanzara sobre el cuerpo de su hija. Ella lo golpeaba, pataleaba, llamándola entre sollozos.

—¡Eunbi! ¡Mi hija! ¡Eunbi! —sus gritos rompieron el silencio del pasillo.

Lee Do se arrodilló lentamente, con la mirada perdida, sin poder procesar lo que veía. Su sobrina. Su pequeña sobrina. Y su hermana, destrozada frente a él.

En la entrada, Moon Baek apareció jadeando, con la mirada fija en la escena. El corazón se le encogió al ver a Soo Ah arrodillada en el suelo, cubierta de sangre, gritando por ayuda que ya no podía llegar. Los paramédicos cubrieron por completo el cuerpo de Eunbi, y el sonido del plástico arrugándose fue lo único que se escuchó.

Soo Ah intentó moverse otra vez, pero el dolor la venció. Se derrumbó en los brazos de Jungwook, gritando el nombre de su hija una última vez antes de quedarse sin fuerzas.

Moon Baek tragó saliva y dio un paso atrás. No dijo nada. No podía. Solo observó cómo el mundo de Soo Ah se desmoronaba frente a sus ojos... y, sin mirar atrás, se alejó en silencio por el pasillo.

ღ⤻ No tengo palabras para este momento... ustedes ¿Si?

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