PERO TU
19:31, 17 March 2025Han pasado tres semanas desde que Marc y yo terminamos. Bueno... me termino.
Esta vez sí lo hemos dejado para siempre. Lo sé porque Marc ya no me escribe, ni me llama. Ni siquiera nos miramos cuando coincidimos.
Alana y Martina creen que es lo mejor, que ahora puedo enfocarme en mí misma, en encontrar estabilidad. Pero la verdad es que me siento en un limbo extraño. Perdida. Como si ya nada importara.
Pedro tampoco ha intentado contactar conmigo desde entonces. Y en el fondo, sé que eso es lo mejor. Pero su silencio pesa más de lo que debería.
Y entonces, una noche, el universo decide que la calma no puede durar para siempre.
Estoy en mi piso, terminando un trabajo para economía cuando recibo un mensaje de Alana.
Alana: "Tía, pon las noticias YA."
Frunzo el ceño y abro Twitter. Y ahí está.
"PEDRO DOMÍNGUEZ QUEVEDO DETENIDO POR PELEA EN UN CLUB DE MADRID."
Mis manos empiezan a temblar mientras hago clic en el enlace. Hay un video adjunto. Las imágenes son borrosas, pero claramente es Pedro. Está rodeado de seguridad, y hay otro chico en el suelo, con sangre en la cara. Pedro está gritando algo, y cuando el guardia intenta separarlo, él se sacude con rabia, intentando volver a lanzarse contra el chico.
El video termina cuando lo sacan a rastras del club.
"¿Qué coño...?"
Mi teléfono empieza a vibrar. Es Martina.
"Ale, ¿has visto las noticias?" Su tono está cargado de urgencia.
"Sí", digo, sintiendo cómo el corazón me late con fuerza. "¿Sabes qué pasó?"
"Dicen que fue por una chica", dice Martina. "Que el otro tío dijo algo sobre ella y Pedro perdió los papeles."
Una chica.
No debería importarme, tampoco me impresiona. Pero siento una presión en el pecho.
"¿Sabes dónde está ahora?" pregunto.
"Lo soltaron hace una hora", dice Martina. "Pero no ha dicho nada. Su equipo está intentando controlar el escándalo."
Mi teléfono vibra de nuevo. Esta vez, es Pedro.
Pedro: "Estoy en mi piso. Ven."
"¿Vas a ir?" pregunta Martina.
"Sí."
"Ten cuidado, Ale", dice en voz baja. "Pedro está perdiendo el control. Puede ser la droga."
Pero ya estoy agarrando mi abrigo y saliendo por la puerta.
Cuando llego a su piso, la puerta está entreabierta.
"Pedro..."
Él está sentado en el suelo del salón, con la espalda contra la pared y una botella de whisky a medio terminar a su lado. Sus nudillos están enrojecidos, con rastros de sangre seca.
"¿Estás bien?" pregunto.
Él levanta la mirada y me mira con una mezcla de agotamiento y rabia.
"¿A ti qué te parece?"
Me acerco y me siento frente a él. "¿Qué pasó?"
Pedro suelta una risa amarga. "Ese cabrón estaba hablando mierda. Diciendo cosas sobre ti. Cosas que no voy a repetir."
"¿Sobre mí?" Mis ojos se abren de golpe. "¿Qué cosas?"
Pedro cierra los ojos y pasa una mano por su cara. "Que te habías acostado con él. Que tú... ya sabes... que eras fácil."
La furia me golpea como un latigazo.
"¿Y pensaste que pelear era la solución?"
Pedro me mira directamente a los ojos. "No iba a dejar que hablase así de ti."
Me quedo en silencio. Él me está protegiendo. Pero también está perdiendo el control.
"Pedro, esto no puede seguir así", digo en voz baja. "No puedes reaccionar así cada vez que alguien dice algo sobre mí."
"¿Y qué se supone que haga?" dice él, con la voz cargada de rabia. "¿Dejar que digan lo que quieran? ¿Dejar que te destrocen en los medios mientras yo miro sin hacer nada?"
"Esto no se trata solo de mí", le digo. "Se trata de ti. De lo que esto te está haciendo."
Pedro me mira fijamente. "Lo único que me está destruyendo, Ale, eres tú."
Mis labios se separan, pero no logro decir nada. Pedro se inclina hacia mí, sus ojos clavados en los míos.
"No puedo sacarte de mi cabeza", dice en un susurro. "No puedo dormir. No puedo escribir. No puedo respirar sin pensar en ti."
"Pedro..."
"Y lo peor", continúa, "es que sé que te estoy arrastrando conmigo. Sé que esto no puede funcionar, pero no puedo parar."
Y entonces, suena mi teléfono.
Lo ignoro. Pero vuelve a sonar.
Pedro lo coge y lo mira. "Es tu padre."
Frunzo el ceño. "¿Mi padre?"
Pedro me lo entrega y yo contesto.
"Ale." La voz de mi padre está cargada de urgencia. "Necesito que vengas a México ahora mismo."
"¿Qué? ¿Por qué?"
"Tu madre tuvo un accidente."
El mundo se detiene.
"Está en el hospital", dice mi padre. "No es grave, pero necesita verte."
"Voy para allá."
Cuelgo y me levanto de golpe. Pedro se levanta tras de mí, con el ceño fruncido.
"¿Qué pasó?"
"Tengo que ir a México", digo, con el corazón golpeando mi pecho.
Pedro me coge la mano. "¿Quieres que vaya contigo?"
"¿Qué?"
"No vas a pasar por esto sola", dice él. "Si me necesitas, voy contigo."
Me quedo mirándolo durante un segundo largo y tenso. Y entonces niego con la cabeza.
"No puedes ir, Pedro."
"Ale..."
"Si te ven conmigo, los medios van a destrozarte aún más."
"No me importa", dice él, con una intensidad que me deja sin respiración.
"Pero a mí sí", susurro.
Pedro me mira durante un segundo largo y cargado de tensión. Finalmente, suelta mi mano y retrocede un paso.
"Está bien", dice con la voz tensa. "Si eso es lo que quieres."
Me doy la vuelta y camino hacia la puerta. Pero antes de salir, me vuelvo para mirarlo una última vez.
"Cuídate, Pedro."
Y entonces cierro la puerta detrás de mí. Sin mirar atrás.
Esa noche, en el aeropuerto, recibo un mensaje de Pedro.
Pedro: "Espero que todo salga bien."
Lo leo en silencio y lo borro sin responder. Porque sé que esto no se ha acabado.Pedro y yo somos como un incendio que no puede apagarse. Y tarde o temprano...Volveremos a arder.
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