S-EX
06:13, 17 March 2025Pasan los meses y las cosas con Marc empiezan a sentirse... fáciles. Cómodas. Normales. Algo que no había experimentado en mucho tiempo. Después de todas las montañas rusas emocionales, después de todo el drama con Pedro, estar con Marc era como encontrar tierra firme después de estar a la deriva en el mar durante demasiado tiempo.
Marc y yo ya éramos oficialmente una pareja. Él iba y venía entre Madrid y Barcelona, pero lo hacíamos funcionar. Cuando estaba en Madrid, salíamos a cenar, veíamos películas en casa, incluso nos quedábamos a dormir en el piso del otro como si fuera la cosa más natural del mundo. No había altibajos, no había peleas por estupideces, no había lágrimas en medio de la noche. Marc era estabilidad. Y yo empezaba a convencerme de que eso era justo lo que necesitaba.
Pero entonces llegó esa noche.
Marc estaba en Barcelona con su familia, así que decidí salir con unas amigas nuevas de la I, Elena y Sofía. Habíamos quedado de ir a un bar muy exclusivo en el centro de Madrid, de esos donde no cualquiera entra y donde la lista de invitados está controlada al milímetro.
Nos vestimos con nuestras mejores galas: Elena con un vestido negro ajustado y Sofía con una blusa de seda blanca y una falda corta. Yo llevaba un mini vestido rojo que me quedaba pintado y tacones altísimos que me hacían sentir invencible.
Al llegar al bar, los de seguridad nos dejaron pasar inmediatamente. El sitio estaba abarrotado, pero con ese ambiente chic y elegante donde las copas eran de cristal fino y la música estaba a un volumen perfecto para hablar y escuchar al mismo tiempo. Pedimos unos gin tonics y empezamos a reírnos y a bailar cerca de la barra. Todo iba perfecto. Hasta que lo vi.
Pedro.
Estaba apoyado en una esquina del bar, vestido de negro de pies a cabeza, con una chaqueta de cuero que le quedaba demasiado bien y una copa de whisky en la mano. No estaba solo, claro. Tenía a dos chicos de su equipo de siempre con él y un par de chicas preciosas colgadas del brazo. Pero sus ojos estaban fijos en mí.
Sentí cómo mi respiración se aceleraba. Me obligué a mirar hacia otro lado, pero podía sentir su mirada recorriéndome.
Sofía notó mi expresión y se acercó. "¿Estás bien?"
"Sí", mentí, y le di un sorbo largo a mi copa.
Volví a mirar hacia él. Pedro seguía ahí, mirándome. Entonces, sonrió. Esa sonrisa ladeada que siempre conseguía desarmarme.
Seguí bailando, ignorándolo. O al menos intentándolo. Pero cada vez que movía las caderas, sentía su mirada sobre mí.
Y entonces empecé a jugar.
Le di otro sorbo a mi copa y me acerqué a la pista con Sofía y Elena. Un tipo alto y guapo con barba se acercó y me pidió que bailara con él. Lo hice. Dejé que pusiera las manos en mi cintura mientras me movía al ritmo de la música. Cerré los ojos y me dejé llevar, sintiendo la música en mi cuerpo. Cuando abrí los ojos, Pedro seguía ahí.
Y estaba sonriendo.
Así que subí la apuesta.
Me acerqué más al tipo con el que estaba bailando. No recuerdo ni cómo se llamaba, pero me daba igual.
Me giré para darle la espalda, dejando que sus manos recorrieran mi cintura mientras seguíamos el ritmo de la música. Mi cuerpo rozaba el suyo, mis movimientos eran lentos, calculados.
Quería que Pedro viera. Quería que sintiera lo que yo había sentido cada vez que lo vi rodeado de otras chicas en algún evento o en alguna foto filtrada.
Pero cuando volví a levantar la vista, Pedro ya no sonreía. Su mandíbula estaba tensa, sus manos apretadas en la copa de whisky que seguía sosteniendo. Entonces, se inclinó hacia una de las chicas que estaba con él. Era rubia, alta, con una falda que apenas cubría lo básico. Le susurró algo al oído y ella soltó una risa exagerada, apoyando la mano en su brazo.
Ah, así que íbamos a jugar a esto.
El tipo con el que estaba bailando deslizó las manos un poco más arriba de mi cintura y sentí cómo mi respiración se volvía inestable. Pero mis ojos estaban fijos en Pedro. Y los suyos en mí.
Entonces él se levantó. Caminó lentamente hacia la pista, pasando entre la gente sin apartar la mirada de la mía. La música seguía sonando fuerte, pero de repente parecía que solo éramos él y yo en ese bar.
Se detuvo cerca de mí, lo suficientemente cerca para que pudiera oler el whisky en su aliento. La chica rubia seguía detrás de él, pero Pedro no le prestaba atención.
Yo seguí bailando, fingiendo que no me afectaba su proximidad. Pero entonces él sonrió. Esa maldita sonrisa torcida que siempre conseguía desarmarme.
Se inclinó hacia mi oído. "¿Te lo estás pasando bien, Gordi?"
Me quedé helada. El tipo con el que bailaba me miró confundido, pero yo ya no estaba prestando atención.
"Perfectamente", respondí, mirándolo directamente a los ojos.
Pedro soltó una risa suave y dio un paso atrás, pero sin dejar de mirarme. "Pensé que tenías novio ."
Entonces se giró hacia la chica rubia, la tomó de la cintura y empezó a bailar con ella justo delante de mí. Pero no dejó de mirarme.
Era un juego. Un maldito juego. Y los dos sabíamos cómo se jugaba.
Así que seguí bailando con el tipo, aunque mi mente estaba completamente en Pedro. Veía cómo le susurraba algo a la rubia, cómo ella reía y apoyaba la cabeza en su hombro. Pero sabía que no le importaba ella. Sabía que solo lo estaba haciendo para provocarme.
"Voy por otra copa" dijo el chico con el que bailaba, y se alejó hacia la barra.
Pedro seguía ahí.
Pasaron unos minutos, y las miradas siguieron cruzándose. Él tocaba la espalda de la rubia con una confianza descarada, pero cuando nuestras miradas se encontraban, sus manos se tensaban sobre ella.
Finalmente, alrededor de las dos de la mañana, lo vi dejar a la chica y caminar hacia la puerta. Sentí un vacío inmediato en el pecho. Entonces me giré hacia Elena y Sofía.
"Voy al baño", dije, aunque las dos me miraron con cara de que sabían perfectamente que eso era mentira.
Salí del bar, sintiendo el aire frío de la madrugada en mi piel. Pedro estaba apoyado contra una pared, encendiendo un cigarro. Al verme, sonrió de lado.
"¿Ya te cansaste de jugar?"
Me crucé de brazos. "¿Y tú?"
Pedro dio una calada larga al cigarro y me miró fijamente, sus ojos oscuros brillando bajo la tenue luz de la calle.
"¿A qué estás jugando, Ale?"
"¿Yo?" Me acerqué un paso. "¿Y tú qué estabas haciendo con esa chica?"
Pedro soltó el humo lentamente. "¿Quién empezó primero?"
Lo odiaba. Lo odiaba por hacerme sentir así.
"Me voy a casa", dije.
Pedro dejó caer el cigarro al suelo y lo apagó con el pie. "Te acompaño."
"Estoy bien", respondí rápidamente.
Pero él ya estaba caminando a mi lado.
"Pedro, en serio. Estoy bien."
"Pues yo también" dijo, encogiéndose de hombros. "Solo vamos en la misma dirección. Casualidad."
Suspiré, pero seguí caminando. El silencio entre nosotros era espeso, cargado de electricidad. Al llegar a mi edificio, me detuve frente a la puerta y lo miré.
"Gracias por la compañía", dije, intentando sonar indiferente.
Pedro me miró fijamente por un largo segundo. Entonces se acercó, sus labios rozando mi oído.
"¿Puedo subir?"
Mi respiración se quedó atrapada en mi garganta. Sabía que decirle que no era lo correcto. Sabía que si dejaba que subiera, nada de lo que había construido con Marc tendría sentido. Sabía que abrirle la puerta significaba volver a caer en ese ciclo infinito que llevaba meses intentando romper.
Pero mi mano ya estaba girando la cerradura.
Pedro entró detrás de mí.
El piso estaba oscuro y en silencio, Martina también había salido de la ciudad. Me giré hacia él y antes de que pudiera decir nada, sus manos estaban en mi cintura y sus labios en mi cuello.
"Pedro..." intenté detenerlo, pero mi voz ya no sonaba firme.
"Dime que me detenga"susurró contra mi piel.
Pero no lo hice.
Me besó con hambre, con urgencia. Mis manos se enredaron en su cabello mientras me levantaba y me llevaba a mi habitación. Todo pasó demasiado rápido, pero al mismo tiempo, sentí que llevaba meses acumulándose esa tensión, esperando ese momento.
Nos deshicimos de la ropa con torpeza, con una necesidad casi dolorosa. Pedro me miró directamente a los ojos antes de hundirse en mí, y supe en ese momento que estaba perdida. Que nunca había sido capaz de resistirme a él.
A la mañana siguiente, me desperté con la luz filtrándose por las cortinas y el brazo de Pedro alrededor de mi cintura. Me giré lentamente y lo vi dormir, su respiración tranquila, el rostro relajado.
Me sentí como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago.
Me levanté con cuidado para no despertarlo y me metí al baño. Me miré en el espejo y solté una maldición en voz baja. ¿Qué demonios había hecho?
Cuando salí, Pedro ya estaba despierto, apoyado en el marco de la puerta de mi habitación, mirándome con una sonrisa de satisfacción en los labios.
"¿Te arrepientes?" preguntó.
Lo miré durante un segundo y me crucé de brazos.
"No lo sé", respondí con sinceridad.
Pedro dio un paso hacia mí. "Quiero volver a verte."
Sacudí la cabeza. "No podemos hacer esto otra vez, Pedro."
Pero él sonrió. Esa sonrisa que siempre me hacía caer.
"¿Quién ha dicho que tengamos que ser novios?"
Y en ese momento supe que estaba jodida. Porque lo peor de todo era que la idea de seguir viéndolo sin compromiso... no me sonaba tan mala.
There are no comments yet. Log in to be the first to leave a review!

