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ღ⤻ chapter ten

09:45, 11 October 2025

ღ⤻ You killed my daughter

Soo Ah abrió los ojos lentamente, su respiración era pesada y su cabeza latía con un dolor sordo. La luz suave que entraba por las cortinas le hizo entrecerrar los ojos. No estaba en su casa, eso lo entendió de inmediato. La habitación era demasiado amplia, las sábanas demasiado suaves, y el silencio demasiado incómodo.

Se removió un poco, sentándose con dificultad. Al mirar hacia abajo, notó que no llevaba su ropa. Una camiseta grande, masculina, le cubría el cuerpo hasta casi las rodillas. Sus pies desnudos tocaron el frío del suelo y un escalofrío recorrió su espalda.

Caminó despacio, con pasos torpes, observando cada rincón del lugar. Era un departamento enorme, moderno, con una pared completa hecha de cristal que dejaba ver la ciudad de Seúl extendiéndose bajo la luz gris del amanecer. El bar, las luces suaves, los muebles elegantes... todo gritaba lujo y poder.

Soo Ah frunció el ceño. No recordaba cómo había llegado ahí. Su mente solo le mostraba flashes de dolor, gritos, y el rostro de su hija cubierto de sangre.

Su mano se apoyó sobre una mesa, buscando algo que la sostuviera, pero en el movimiento empujó una carpeta gruesa que cayó al suelo con un golpe sordo. Maldijo entre dientes y se agachó para recoger las hojas esparcidas.

Fue entonces cuando lo vio.

Entre los papeles había una lista impresa con nombres, fechas, números de serie, códigos. Armas. Y en medio de todo eso, uno en particular hizo que su respiración se cortara. Su corazón pareció detenerse. Era el nombre del chico que había asesinado a su hija.

Sus dedos temblaron. La vista se le nubló. Tapó su boca con la mano para ahogar un sollozo, mientras las lágrimas comenzaban a escapar sin permiso.—No... no puede ser... —susurró apenas audible.

Volvió a dejar la carpeta en su lugar con torpeza, tratando de fingir que nada había pasado. Justo entonces escuchó el sonido metálico de una cerradura girando.

Los pasos se acercaron. Varios. Pesados. Coordinados.

Soo Ah levantó la mirada justo cuando la puerta se abrió, revelando a Moon Baek. Detrás de él, tres hombres vestidos de negro lo seguían con expresión seria.

—Soo Ah... —dijo él con un tono bajo, casi sorprendido—. Despertaste.

Ella retrocedió un paso, sin poder ocultar el temblor en su voz.—¿Dónde estoy?

Moon Baek avanzó hacia ella, con la calma fría que lo caracterizaba, pero al intentar rozar su brazo, ella se apartó con brusquedad.

Él se detuvo. Sus ojos se movieron hacia la mesa y en ese instante comprendió que lo había visto. La carpeta mal colocada, las hojas ligeramente fuera de orden.

Los hombres detrás de él se tensaron, esperando una orden, pero Moon Baek levantó una mano.—Salgan —ordenó sin apartar la vista de Soo Ah.

Ellos se miraron entre sí, dudando por un segundo, pero terminaron obedeciendo. La puerta volvió a cerrarse, dejando solo a los dos, frente a frente, en un silencio tan denso que apenas podían oírse sus respiraciones.

Soo Ah seguía con las manos temblorosas, el rostro pálido y el corazón hecho pedazos.Moon Baek dio un paso más hacia ella, con una expresión que no dejaba adivinar si era tristeza o culpa.—No debiste verlo... —dijo al fin, con una voz baja y cargada de algo que ni él mismo supo definir.

Soo Ah lo mira con rabia, sus ojos inyectados en lágrimas y el cuerpo temblando por la impotencia. No era el mismo Moon Baek que conocía: el hombre que tenía delante estaba vestido de negro, con una postura imponente y fría, sin rastro del encanto ni la sonrisa que solía tener. Había algo en su mirada, una oscuridad que helaba la sangre.

⸺Tú la mataste...⸺murmura con voz rota, dando un paso atrás.⸺Tú mataste a mi hija...

Moon Baek suspira profundamente, dejando su vaso de licor sobre la mesa con calma, el sonido del cristal resonando en el silencio del departamento.

⸺No, Soo Ah. Mis manos están limpias. Quien mató a tu hija está allá afuera, a punto de ser encerrado en una correccional. Yo no apreté el gatillo.

⸺¡No me mientas!⸺grita, golpeando su pecho con fuerza.⸺¡Tú sabías lo que hacías! Me mentiste, te metiste en mi vida, en mi cama, fingiste ser alguien diferente... ¿Por qué, Moon Baek? ¿Por qué jugaste conmigo?

Él la observa sin parpadear, con el ceño apenas fruncido, como si tratara de contenerse. Luego, lleva el vaso a sus labios y bebe un trago largo, sus ojos clavados en ella.

⸺Sí, te mentí⸺admite con voz baja pero firme.⸺Pero si hay algo en lo que no lo hice... fue en lo que siento por ti. Me gustas, Soo Ah. Me obsesionas. No tienes idea de lo que me haces.

Ella lo mira incrédula, sus lágrimas cayendo sin detenerse.

⸺¿Después de todo lo que pasó, todavía tienes el descaro de decir eso?

Moon Baek deja el vaso y se acerca lentamente, sus pasos pesados sobre el suelo. Su voz baja, rasposa, casi dolida.

⸺También me dolió la muerte de Eunbi. No sabes cuánto. Si tan solo hubiera sabido que era una de las principales acosadoras de ese chico, jamás... jamás habría permitido que esa arma llegara a sus manos.

Soo Ah lo escucha, pero cada palabra suya suena como un cuchillo clavándosele en el pecho. Da un paso atrás, negando con la cabeza, intentando procesar lo que oye, sin saber si odiarlo o creerle.

⸺Entonces... ¿todo esto fue una coincidencia? ¿Una maldita casualidad?

Moon Baek la observa en silencio unos segundos. Luego, con un tono cargado de remordimiento, murmura:

⸺Fue destino, Soo Ah. Un destino podrido que nos unió... y que nos está destruyendo a los dos.

Soo Ah lo mira con odio puro, los ojos hinchados y la voz quebrada por el llanto.

⸺Te odio...⸺susurra, con un temblor en los labios⸺, te odio con cada parte de mí.

Moon Baek la observa, sin moverse, sin apartar la mirada de ella. Da un paso al frente y, con una calma que la desespera aún más, responde:

⸺No. No lo haces. Y eso... eso es lo que más te duele.

Soo Ah aprieta los puños, intentando no derrumbarse, intentando mantener la rabia viva porque es lo único que la sostiene. Da un paso hacia la puerta, decidida a marcharse, pero Moon Baek se interpone en su camino.

⸺Quítate⸺le ordena, con la voz firme.

⸺No vas a irte⸺responde él con frialdad.⸺Ni ahora, ni nunca.

⸺¡Estás enfermo!⸺le grita, empujándolo con fuerza.⸺¡Eres un maldito enfermo!

Él no reacciona, solo la mira, con una mezcla de ternura y obsesión que la asusta. Lentamente, lleva sus manos a su rostro y la obliga a mirarlo.

⸺No estoy enfermo, Soo Ah⸺dice en voz baja, casi con dulzura.⸺Simplemente te amo. Y no pienso dejar que vuelvas a sufrir nunca más.

Ella intenta apartarlo, sus lágrimas cayendo sin control, pero sus fuerzas parecen agotadas. Su respiración se entrecorta, el pecho sube y baja con desesperación, hasta que finalmente cierra los ojos, intentando calmarse.

El silencio se apodera del lugar por unos segundos. Moon Baek la observa en silencio, su mano todavía sobre su mejilla. Luego, con un suspiro pesado, rompe la tensión.

⸺Vete a cambiar⸺le dice con voz seria, apartándose lentamente.⸺El funeral de Eunbi está listo.

Soo Ah se queda quieta, mirándolo con una mezcla de odio, dolor y resignación. Luego baja la mirada, traga saliva y, sin decir una palabra más, se aleja hacia la habitación.

La sala está llena de flores blancas, coronas apiladas en cada rincón y el olor del incienso impregnando el aire. Soo Ah está ahí, inmóvil frente al altar, vestida completamente de negro. Su cabello cae suelto, cubriendo parte de su rostro mientras observa la foto de Eunbi en el marco dorado. La sonrisa de su hija en esa imagen parece ajena, tan lejana a la realidad que ahora la consume.

Personas se acercan una a una, le ofrecen el pésame con palabras vacías y miradas tristes. Ella apenas asiente, no responde, no puede. Sus ojos permanecen fijos en la foto, en las flores, en la urna que descansa frente a ella.

De pronto, una mano se posa sobre su hombro. Soo Ah levanta la mirada y ve a su hermano, Lee Do, con el rostro cansado y los ojos rojos. Él no dice nada al principio, solo la abraza con fuerza, como si quisiera sostenerla antes de que vuelva a romperse.

⸺Moon Baek...⸺susurra él, bajando la voz.⸺...ha estado ayudando con todo esto. Dice que—

Soo Ah traga saliva, sus manos tiemblan. Ella ya sabe la verdad. Sabe lo que hay detrás de ese hombre y de sus palabras, pero no quiere hablar, no quiere decirlo. Simplemente asiente, sin mirarlo.

En ese momento, Jungwook aparece al otro lado del salón. La mira en silencio, el rostro endurecido por el cansancio y el arrepentimiento. Soo Ah da un paso atrás y murmura con voz ronca:

⸺No puedo quedarme más tiempo aquí.

Lee Do la observa, preocupado.

⸺Está bien⸺responde con suavidad⸺, ve a descansar. Yo me quedaré un poco más con ella.

Soo Ah asiente. Sus ojos se desvían una última vez hacia la foto de Eunbi. Una lágrima resbala por su mejilla y, con una sonrisa quebrada, lleva una mano a sus labios y lanza un beso al aire.

⸺Adiós, hija...⸺susurra, apenas audible.

Sale de la funeraria despacio, el aire frío de la noche golpeándole el rostro. Camina sin rumbo, sin pensar, solo dejando que sus pasos la guíen. Hasta que siente algo: un motor detrás de ella.

Se detiene. El auto también. Frunce el ceño y gira apenas el rostro. Un sedán negro permanece a unos metros, las luces encendidas. La puerta del copiloto se abre y un hombre vestido con traje oscuro baja, inclinando la cabeza respetuosamente.

⸺La señorita Soo Ah...⸺dice con tono formal.⸺El señor Moon Baek desea verla.

Soo Ah lo mira unos segundos, con los ojos vacíos, y suelta una risa irónica, casi amarga.

⸺Dígale a su jefe...⸺responde con frialdad, conteniendo las lágrimas⸺...que se vaya mucho al demonio.

El hombre no dice nada, solo la observa mientras ella da media vuelta y sigue caminando, dejando atrás el auto, las luces, y todo lo que alguna vez creyó conocer.

ღ⤻ Solo .... ʕ⁠´⁠•⁠ ⁠ᴥ⁠•̥⁠'⁠ʔ

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