Fanfics

ღ⤻ chapter four

09:26, 11 October 2025

ღ⤻ more things in common than you think

El amanecer apenas se filtraba por las ventanas de la comisaría, un tono gris que no alcanzaba a iluminar del todo la fatiga en el rostro de Soo Ah.No había dormido.Ni un segundo.Solo café.Demasiado café.Una hilera de tazas vacías descansaba frente a ella, algunas aún con restos fríos en el fondo.

Sentada en la sala de interrogatorios, el aire olía a papel, sudor y desconfianza. Dos detectives la observaban desde el otro lado de la mesa.

—Oficial Lee Soo Ah —dijo uno de ellos con voz cansada—, ¿puede decirnos de dónde obtuvo las balas que usó anoche?Silencio.—El señor Moon Baek declaró que usted las tomó sin autorización y entró a la escena... —continuó el otro.

Nada.Soo Ah seguía mirando el punto fijo de la mesa, el pulgar rozando distraídamente la cerámica de su taza vacía.

—¿Cuál es su relación con el señor Moon Baek? —preguntó el primero, inclinándose hacia ella.

Ni un parpadeo.Solo el zumbido del fluorescente sobre sus cabezas.

Uno de los policías soltó un suspiro, frustrado, y dejó caer una carpeta sobre la mesa.El golpe seco resonó entre las paredes.

—Lee Soo Ah, exmilitar de la Escuela Oficial de Corea. Desertó tras un embarazo a temprana edad con uno de sus compañeros de unidad —leyó en voz alta, con tono de reproche—. Expulsada sin derecho a reincorporación, registro disciplinario suspendido... ¿quiere que siga?

Soo Ah bajó la mirada por un segundo.Y luego, rió.Una risa baja, seca, casi sin sonido.

Alzó la vista, mirándolos directamente a los ojos.—La próxima vez que pongan el nombre de mi hija en su boca —dijo con calma helada—, les daré verdaderas razones para despedirme.

El silencio fue inmediato.Nadie se movió.

La puerta se abrió de golpe.El jefe Kim entró con rostro endurecido.—Ya basta —dijo—. Sáquenla de aquí. No tiene nada que hacer en esta sala.

—Con todo respeto, jefe Kim, necesitamos respuestas —protestó uno de los detectives.

—Lo que necesitan es no volver a hablar de asuntos personales en una investigación interna —respondió el jefe, elevando la voz.

Soo Ah, sin mirar a ninguno, se puso de pie lentamente.—No pueden despedirme —interrumpió, su voz firme, casi ronca por el cansancio.

Todos la miraron.Ella sostuvo la mirada.—Porque anoche... salvé a su nación. De nuevo.

Tomó la pluma sobre la mesa, abrió el cajón inferior, sacó una hoja de suspensión y la colocó frente a ellos.—En ese caso, acepto mi suspensión.

Firmó sin dudar, dejó la hoja sobre el escritorio y caminó hacia la salida.Sus pasos resonaban fríos, decididos, aunque por dentro apenas podía sostenerse.

El jefe Kim la alcanzó en el pasillo.—Soo Ah —llamó, bajando la voz—, ¿estás bien?Ella se detuvo un segundo, sin girar del todo.—Solo necesito descansar, jefe. Eso es todo.

Él asintió, sabiendo que no serviría de nada insistir.Ella continuó hacia la salida.

Pero al abrir la puerta principal, la luz de los flashes la cegó.Periodistas.Cámaras.Micrófonos.Preguntas que se mezclaban entre sí.

—¡Oficial Park, es cierto que abrió fuego dentro de la comisaría!—¿Qué relación tiene con el exconvicto Moon Baek!—¿Fue un acto personal o de servicio!

Soo Ah apretó los dientes.El aire se volvió insoportable.

Y entonces escuchó su nombre entre el caos.—¡Soo Ah!

Giró.Moon Baek estaba entre los agentes de seguridad, haciéndole una seña para que lo siguiera.

Sin pensarlo, se abrió paso entre la multitud y lo alcanzó.Él la tomó del brazo con suavidad, guiándola hacia una salida lateral del edificio, por donde los periodistas no podían entrar.

Afuera, el ruido quedó atrás.El aire frío golpeó su rostro, despejando por un momento la presión que llevaba encima.

Moon Baek abrió la puerta del auto.—Sube —dijo simplemente.

Ella no protestó.Entró y esta vez se sentó en el asiento del copiloto.Moon Baek tomó el volante.—Dime tu dirección —pidió, sin mirarla.

Soo Ah bajó la mirada, los dedos temblorosos sobre la pantalla del coche.Tecleó su dirección, la marcó en silencio y la pantalla mostró el camino.

Moon Baek asintió.Encendió el motor.El auto avanzó, alejándolos de los flashes, de las preguntas, y del ruido.

Dentro, solo el sonido del motor.Y la respiración de ella, aún buscando estabilidad.

El auto se detuvo frente a un edificio modesto, rodeado por árboles y luces débiles que parpadeaban entre el tráfico nocturno.Soo Ah bajó sin decir palabra, el cansancio marcado en sus pasos. Moon Baek la siguió unos metros detrás, sin saber si debía hablar o simplemente acompañarla.

Subieron por el elevador en silencio. El sonido del piso mecánico fue lo único que rompió la calma entre ambos.

Cuando la puerta del departamento se abrió, un leve aroma a lavanda y café frío los recibió.Era un lugar cálido, pero lleno de una melancolía suave, casi invisible: cortinas abiertas dejando ver la ciudad iluminada, libros apilados sobre una mesa, un abrigo colgado en el sofá, y dibujos de una niña pegados en la pared con cinta transparente.

—Pasa —dijo Soo Ah con voz baja, dejando las llaves sobre el mueble de la entrada.

Moon Baek entró con paso lento, observando todo con discreción.Sus ojos se detuvieron en las fotografías sobre una repisa:una niña con trenzas sonriendo frente a un pastel, otra donde la misma niña abrazaba a su madre, y una más...Esa última mostraba a Eunbi entre Soo Ah y un hombre de sonrisa tenue, el brazo de él rodeándolas a ambas.

Soo Ah notó hacia dónde miraba, pero no dijo nada.Solo caminó hasta el gran ventanal del salón, apoyando una mano sobre el cristal mientras observaba las luces de la ciudad extenderse hasta el horizonte.

—Te daré un poco de agua o algo —murmuró, sin mirarlo.

—Está bien —respondió Moon Baek.

La siguió hasta la cocina.El sonido del grifo llenó el pequeño espacio, mientras el reflejo de las luces urbanas se colaba por la ventana.

—¿Tu hija? —preguntó él, rompiendo el silencio—. ¿Dónde está ahora?

Soo Ah le entregó el vaso.—Debe estar en la escuela —respondió, con una leve sonrisa cansada—. Ojalá no haya leído las noticias todavía.

Él bebió un sorbo y la observó.Sus ojos tenían ojeras profundas, pero aún así conservaban esa firmeza que lo había desconcertado desde el principio.

—Gracias... —dijo ella de pronto, bajando la mirada hacia sus manos— por lo que hiciste ayer. Cuando... —respiró hondo— cuando me dio el ataque.

Moon Baek sonrió, apenas moviendo los labios.—No fue nada. Cualquiera lo habría hecho.

—No —replicó suavemente—. No cualquiera habría sabido cómo hacerlo.

Él no respondió, y el silencio se extendió de nuevo entre ellos, cómodo y pesado al mismo tiempo.

Después de unos segundos, Soo Ah se apoyó en el borde del mostrador y habló, con la voz apenas audible:

—Cuando era niña... hubo un incidente en mi casa. —Su mirada se perdió en algún punto lejano—. Mi familia... cada vez que cierro los ojos los recuerdo.El olor a pólvora. La sangre. El ruido del reloj que no dejaba de sonar.

Moon Baek no se movió. Solo escuchaba.

—Recuerdo a mi madre en el suelo, a mi padre tratando de alcanzarla... —su voz tembló por primera vez—. Yo estaba herida, tirada, llorando.Y ese hombre... se acercaba más y más.Si no hubiera sido por el señor Kim... no estaría viva. Él me sacó de ahí. Me llevó al hospital. Me dio un apellido que valiera la pena conservar.

Soo Ah tomó aire, intentando mantener la compostura, pero la rigidez de su postura se rompió un poco.

—Por eso entré a la escuela militarizada —continuó—. Quería borrar todo. Pensé que entrenar, obedecer, disparar... me haría olvidar.Pero no.Los recuerdos nunca se van. Solo aprendes a no mirarlos.

Sus ojos brillaron con una melancolía serena.—A los dieciséis me embaracé —dijo con una sonrisa leve, casi imperceptible—. Y desde entonces, solo he tenido una razón para seguir de pie.Eunbi.

El nombre quedó suspendido en el aire, como si llenara todo el lugar.

Moon Baek bajó el vaso lentamente, dejándolo sobre la mesa sin apartar la vista de ella.Y por un segundo, entre el silencio y las luces de la ciudad reflejándose en sus rostros, pareció entenderla sin necesidad de palabras.

Moon Baek se levantó despacio, rodeó la barra y se detuvo a apenas un paso de ella.Soo Ah quedó acorralada entre el borde del mostrador y su presencia. No hubo palabras.Solo el sonido de las respiraciones compartidas, del reloj en la pared marcando segundos que parecían más lentos que el resto del tiempo.

Él levantó la mano, y con una delicadeza que contrastaba con todo lo que había vivido, rozó su mejilla.Soo Ah no retrocedió; algo en él le resultaba extraño, pero también... cómodo. Como si, por primera vez en mucho tiempo, no necesitara ponerse en guardia.

Moon Baek acercó la frente a la de ella, cerrando los ojos un instante.El silencio se volvió denso, casi vulnerable.Sus dedos se deslizaron hasta su brazo, hasta la zona donde había hablado de su antigua herida.Ella se tensó, sorprendida, pero él no hizo nada más; solo dejó que su mano descansara allí, como si reconociera el dolor en lugar de tocarlo.

—Tal vez me acabas de conocer —murmuró con voz baja, casi un susurro—, pero tenemos más cosas en común de lo que crees.

Soo Ah lo miró, respirando con dificultad.Él sonrió apenas, con esa calma que siempre parecía esconder algo roto.

—Déjame ayudarte a cerrar los ojos —continuó—. Pero sin miedo... sin recuerdos. Solo por un momento.

Ella negó suavemente.—Eso es imposible —susurró.

Moon Baek la miró durante un largo segundo.Y, sin más palabras, acercó su rostro al de ella.No fue un movimiento calculado ni impulsivo; fue torpe, humano.El contacto de sus labios fue leve, tembloroso, lleno de la ternura que ambos habían olvidado cómo ofrecer.

Un beso breve, pero suficiente para que el ruido del mundo, por un instante, desapareciera.

El beso se detuvo apenas un instante, como si ambos necesitaran aire para entender lo que acababa de pasar.Soo Ah lo miró, sus ojos temblaban entre sorpresa y algo que no quería nombrar.Moon Baek también la observaba, respirando con dificultad, el pecho agitándose entre duda y deseo de no retroceder.

Entonces, sin pensarlo, fue ella quien lo volvió a besar.Esta vez no hubo cautela. Fue un impulso que los arrastró a los dos, un intento desesperado por llenar el silencio con algo que hiciera sentido.

El mundo fuera del departamento parecía desvanecerse: solo quedaban ellos, la respiración entrecortada, el eco de la lluvia golpeando los ventanales, la sensación de que algo dentro de ellos —algo que habían mantenido encerrado por años— por fin se rompía.

Las manos de Soo Ah temblaban, pero no de miedo.Moon Baek la sostuvo con firmeza, no para dominarla, sino como si temiera que el momento se deshiciera si la dejaba ir.

Cuando sus labios se separaron, quedaron así, cercanos, con las frentes unidas y el corazón retumbando en el mismo ritmo.

—No sé si pueda —susurró ella, casi sin voz.

Moon Baek la miró con una calma que dolía.—No tienes que poder —respondió—. Solo... déjalo ser.

El silencio volvió a envolverlos, pero ya no pesaba igual.

Moon baek la tomo por las piernas haciéndola sentar sobre la fría barra de la cocina, soo ah abrazo su cuello buscando más la cercanía entre los dos mientras que moon baek se aferraba a su cintura sin quererla dejar escapar. El momento se volvía de ellos sin importar nada, soo ah bajo sus manos tomando la chaqueta de él bajándola por sus hombros y tirándola al suelo. Moon baek la abrazo acercándola más a su cuerpo obligándola a enredar sus piernas sobre su cintura.

Salió de la cocina sin romper ese deseo con pisa de deseo y ternura, su cuerpo cayó sobre el sillón dejando que soo ah se siente encima del de él, sus respiraciones agitadas sonaron en cada rincón de la habitación, sus frentes chocaron de nuevo y no hacía falta de decir ninguna palabra. Moon baek tomo las orillas de la camiseta de soo ah despojándola de su cuerpo, Soo ah imito su acción aventando la grande camiseta a alguna parte.

Ahora ella es quien miraba su cuerpo con admiración perdiéndose entre todos los tatuajes que él tiene, las cicatrices que su cuerpo luce recorriendo sus dedos por ellas, soo ah dejo un beso sobre sus labios bajando de su regazo, sus labios besaron desde su cuello hasta su abdomen con delicadeza, dejando una marca en cada parte de las cicatrices, un toque simple pero que para moon baek era como sentir el cielo sin haber muerto.

El volvió a tomarla recostándola sobre el sillón, la ropa estorbo de inmediato y mientras la besaba la despojaba de sus prendas dejándola al natural frente a él, los dos se miraron sonriéndose con tanta ternura, soo ah dejo que el besara su cuello intentando marcar un territorio y sin previo aviso el cuerpo de soo ah se sintió complemente lleno, en un bucle de éxtasis, deseo y amor.

—M-moon baek...—Sus labios dejaban salir jadeos en cada embestida, en cada mordedura, en cada beso.

El ritmo de sus cuerpos chocando subía cada vez mas de nivel, las ventanas comenzaban a tomar un color pálido y la habitación se llenaba de una temperatura alta. Soo ah lo tomo por los hombros aventándolo hacia atrás haciéndolo sentar de nuevo, se sentó encima de él volviendo a unir sus cuerpos.

Moon baek tomaba su cintura, pero sus labios y sus ojos se perdían en los senos de la chica, Soo ah tomaba su cabello en un puño gimiendo cada vez más, el ritmo subió un nivel más y entonces sus cuerpos se relajaron entre sí, el recargando su cabeza sobre sus pechos y ella abrazándolo con delicadeza.

ღ⤻ ¡Ya las cachee golosas!(⁠~⁠ ̄⁠³⁠ ̄⁠)⁠~

There are no comments yet. Log in to be the first to leave a review!

Similar stories