ღ⤻ chapter three
10:02, 11 October 2025ღ⤻ If we die, we will do it together.
La persecución continuó a toda velocidad. Soo Ah se inclinó hacia el volante, concentrada, mientras la voz femenina del sistema resonaba en los altavoces del auto:
⸻En trescientos metros, gire a la derecha...
Lee Do, con el teléfono aún en la mano, daba órdenes entrecortadas.
⸻¡Más rápido, Soo Ah! Va hacia el este, no lo pierdas.
Ella apretó la mandíbula y giró con precisión quirúrgica, esquivando un taxi que casi les bloquea el paso. El neumático chirrió sobre el pavimento, y Moon Baek se sujetó con ambas manos al asiento delantero.
⸻Cien metros... curva cerrada a la izquierda.
⸻Lo tengo⸻murmuró Soo Ah, girando el volante con destreza.
El auto se deslizó entre los carriles como si ella lo hubiera hecho mil veces antes. La ciudad pasaba a su alrededor en un parpadeo de luces y neón, el sonido del motor rugiendo al unísono con su respiración contenida.
⸻¿De verdad no fuiste piloto antes?⸻gritó Moon Baek desde atrás.
Soo Ah no respondió. Solo una ligera sonrisa curvó sus labios mientras tomaba otra curva cerrada.
Después de varios minutos, la voz del GPS anunció el destino con un tono mecánicamente tranquilo:
⸻Ha llegado a su destino.
Soo Ah frenó en seco frente a una plaza comercial. Los tres bajaron del auto casi al mismo tiempo.
El lugar estaba lleno de gente, luces, y ruido. Era imposible distinguir a alguien entre la multitud. Lee Do observaba a un lado, Moon Baek al otro. Soo Ah, en cambio, se quedó quieta en medio de todo, girando lentamente mientras su mirada analizaba cada esquina, cada movimiento sospechoso.
Y entonces lo vio. No al hombre, sino al letrero.
Un cartel azul con letras blancas brillando a la distancia: "Comisaría".
⸻Maldición⸻susurró.
Sin perder tiempo, corrió de vuelta hacia el auto.
⸻¡Vamos! ¡Suban!⸻gritó.
Moon Baek y Lee Do corrieron tras ella, subiendo sin hacer preguntas.
Mientras Soo Ah encendía el motor, Moon Baek la miró desde el asiento trasero.
⸻¿A dónde vas?
⸻A la comisaría⸻respondió sin dudar.
Lee Do levantó la mirada al escuchar eso, comprendiendo de inmediato. Tomó el teléfono y marcó un número conocido.
⸻Soy Lee Do⸻dijo apenas respondieron⸻. Está yendo hacia ustedes. Prepárense.
Soo Ah aceleró, el rugido del motor llenando el silencio que siguió.La comisaría se alzaba a lo lejos, iluminada y rodeada de patrullas.
Llegaron a la comisaría con las sirenas apagadas, solo el olor a aceite y la tensión en el aire. Afuera, el jefe de Lee Do los esperaba con el ceño marcado. Cuando los tres se bajaron del auto, el hombre no perdió tiempo.
⸻Parece que vino por venganza⸻dijo el jefe sin rodeos.
⸻¿Venganza?⸻repitieron Lee Do y Soo Ah al unísono.
⸻Yo lo arresté en su día⸻confirmó el jefe.⸻Se le giró todo y ahora quiere ajustar cuentas.
Soo Ah dejó escapar un suspiro largo y pesado. Vaya forma de arruinar un día libre: se suponía que iba a recoger a Eunbi en la escuela, hacerle la merienda y quizá llevarla al karaoke con las amigas. Ahora todo esto.
Lee Do se acercó a Moon Baek y, sin ceremonias, le puso las esposas apoyándolo contra el capó del auto. Moon Baek protestó con quejas, pero no ofreció resistencia. En ese instante se oyó un disparo dentro de la comisaría: seco, metálico. El aire se congeló.
Todos se alarmaron. El jefe y Lee Do intercambiaron una mirada rápida; él estuvo a punto de entrar cuando Soo Ah intentó seguirlos.
⸻¡Voy contigo!⸻quiso decir, abalanzándose hacia la puerta.
Lee Do la detuvo con fuerza en el brazo.
⸻No te muevas, Soo Ah. No te pongas a esposarte junto a Moon Baek. -su voz fue firme, protectora-. Quédate aquí.
Ella forcejeó un segundo y soltó una queja, pero Lee Do ya estaba dentro con el jefe, corriendo hacia el origen del disparo.
Soo Ah maldijo entre dientes y miró a Moon Baek con odio; él negó con las manos en un gesto de inocencia.
En ese momento su teléfono vibró: en la pantalla apareció "Eunbi". Suspiró y contestó, conteniendo una calma que no sentía.
⸻Hola, cariño -dijo con voz dulce-. Perdón, prometí estar hoy. Hay un problema en la comisaría, mamá tiene que ayudar en esto, pero te prometo que te mando dinero para la cena y luego hablamos, ¿sí? Pásala bien con las amigas.
La niña protestó con gracia; Soo Ah le regaló un "te quiero" rápido, colgó, transfirió el dinero y guardó el móvil. Miró a un lado y al otro, mordiéndose el labio, intentando recomponer la rabia en estrategia.
Los disparos se oían cada vez con más frecuencia, ecos inconfundibles que crecían desde el interior del edificio. La desesperación empezó a apoderarse de ella. Recordó la frase del jefe: "no hay nadie armado ahora mismo". Eso no cuadraba.
Sin pensarlo, se acercó al auto y abrió la guantera donde, hacía rato, Moon Baek le había mostrado una caja metálica -la caja con las balas-. La sacó sin hacer ruido.
⸻¿A dónde vas?⸻preguntó él, alarmado.
⸻A buscar a mi hermano, no te quedes aquí⸻respondió ella y salió corriendo hacia la comisaría, la caja apretada contra su costado.
Entró por la puerta trasera que daba a pruebas y evidencia, buscando con la vista a Lee Do. Allí, entre estanterías y cajas selladas, lo encontró: su hermano arrodillado junto a una mesa donde restos de lo que habían sido armas y casquillos se mezclaban. Tenía la cara manchada de polvo y la mirada de quien ha visto demasiado.
⸻Te dije que no vinieras, Soo Ah⸻dijo él sin apartar la vista.
Ella dejó la caja sobre la mesa, cerró el puño, ató su cabello en una coleta desordenada como quien se prepara para pelear, abrió la caja metálica y sacó un arma. La tomó con manos firmes, la destapó, escuchó el clic al cargarla.
⸻Si morimos, lo haremos juntos⸻murmuró, con la voz dura pero pequeña, y accionó el seguro por última vez antes de mirar a Lee Do y a la puerta por donde se oían los pasos.
Los pasos de Soo Ah resonaban con firmeza sobre el suelo mientras sostenía el arma recargada sobre su hombro, el cañón brillando bajo las luces intermitentes del pasillo. Su respiración era contenida, cada sonido, cada crujido del edificio, parecía anunciar un movimiento. Mantuvo el dedo cerca del gatillo, girando la mira apenas un poco cada vez que doblaba una esquina.
Un disparo seco la hizo alzar la cabeza. El eco reverberó por los pasillos como una alarma instintiva. Giró hacia la derecha, moviéndose con pasos rápidos hasta una ventana interior. A través del vidrio agrietado, distinguió a Lee Do entrar desde el otro lado del pasillo. Sus miradas se cruzaron por un segundo, y sin hablar, asintieron al mismo tiempo.
-Ahora -murmuró él.
El estruendo del vidrio rompiéndose llenó el aire cuando Lee Do disparó primero, su bala impactando en la pierna de Jeon Won Seong, haciéndolo tambalear y soltar un gruñido de dolor. Soo Ah, sin perder el ritmo, alzó su arma y disparó con precisión quirúrgica: el proyectil perforó el brazo derecho del hombre, haciéndole soltar el arma que sostenía.
Ambos avanzaron casi sincronizados hacia la oficina, rompiendo las lámparas con disparos precisos. Las luces estallaban en destellos eléctricos, dejando la habitación sumida en una penumbra gris y parpadeante.
Solo los jadeos de Jeon Won Seong y el golpeteo metálico de los casquillos contra el suelo llenaban el silencio.
-¡Salgan, hijos de puta! -rugió él, apuntando al vacío y disparando al aire, desesperado, su voz rota por la furia y el miedo.
Lee Do emergió primero, rodando al suelo y disparando de nuevo, el proyectil impactando en su otro brazo. El hombre cayó de rodillas, maldiciendo entre dientes.
Soo Ah lo observó, midiendo el momento. Su respiración era estable, sus ojos fríos, concentrados. Y cuando vio el mínimo movimiento -el intento torpe de Jeon Won Seong por levantarse- alzó el arma con decisión.
El último disparo resonó en toda la comisaría.
Los disparos seguían resonando dentro de la comisaría como truenos atrapados entre paredes.Soo Ah y Lee Do se movían con agilidad, cubriéndose entre los escritorios y muebles rotos. Jeon Won Seong respondía al fuego, escondiéndose detrás de un gran mueble metálico, las balas rebotando en los archivadores, levantando polvo y papeles por doquier.
-¡Suelta el arma! -gritó Lee Do, poniéndose de pie mientras Soo Ah lo cubría con el arma alzada, los ojos fríos, la respiración agitada.
El hombre no respondía, solo el clic metálico de su pistola advertía que seguía ahí.
-Es tu última oportunidad -repitió Lee Do, y sin dudar, disparó contra el mueble.El estruendo hizo eco en toda la oficina.
Un gemido al otro lado.-¡Está bien! ¡La suelto! -gruñó Jeon Won Seong, dejando caer el arma al suelo.
Soo Ah bajó el arma apenas unos centímetros.-¿Están bien, jefe? -preguntó, girando hacia donde el superior de Lee Do observaba la escena desde la entrada.
Pero cuando Lee Do se acercó al mueble... el aire se volvió pesado.Vacío.Jeon Won Seong ya no estaba.
-No... -susurró Lee Do, su rostro cambiando de inmediato.
Soo Ah lo entendió sin que él dijera nada.Corrió.
Sus botas resonaron en el suelo al mismo tiempo que un nuevo disparo partía el silencio.Llegó justo a tiempo para ver a Jeon Won Seong apuntando al jefe de su hermano y a los dos agentes que lo acompañaban. No pensó. No respiró. Solo accionó el arma.
El sonido del disparo fue seco, definitivo.La bala impactó en el pecho del hombre, lanzándolo hacia atrás.
Y el silencio volvió.Un silencio pesado.
La amenaza había terminado.
Lee Do se acercó lentamente a su hermana. Ella seguía sosteniendo el arma con fuerza, los ojos clavados en el cuerpo frente a ella.-Soo Ah... soy yo -dijo con voz calma, levantando las manos-. Todo está bien, ya terminó.
Pero cuando intentó tomarle el arma, ella retrocedió de golpe, apuntándole.Su respiración era errática, sus manos temblaban.
-¡Soo Ah! -repitió él, dando un paso-. Soy yo.
El arma cayó al suelo con un golpe seco.Ella miró al hombre tirado, el pecho inmóvil.Sus pupilas se dilataron.Su respiración se volvió un jadeo.
Retrocedió torpemente y, sin mirar atrás, corrió fuera de la oficina.El aire se le escapaba de los pulmones como si le quemara por dentro. Bajó las escaleras tambaleándose, sosteniéndose de la pared. Todo giraba.El eco de los disparos seguía sonando en su cabeza.
Y entonces...Fragmentos.El olor a pólvora.Los gritos.Su madre cayendo.La sangre escurriendo entre sus dedos.Aquel hombre acercándose...El tacto asqueroso en su hombro.
-No... no... -susurró, cubriéndose la cabeza.
Una voz detrás de ella rompió el eco.-¡Soo Ah!
Giró, perdida, los ojos inundados en lágrimas, el cuerpo temblando.Dio un paso atrás, a punto de caer por las escaleras.
Un brazo la sostuvo.-¡No me toques! -gritó ella, intentando soltarse-. ¡No me toques!
-Soy yo, Moon Baek -dijo él con voz firme pero suave-. Estoy aquí... ya está.
Ella intentó resistirse, pero él la sostuvo con cuidado, sin soltarla.Y entonces la abrazó.
Por un instante, el tiempo pareció detenerse.Soo Ah se quedó inmóvil, el temblor bajando poco a poco.Su respiración empezó a acompasarse con la de él.
-Prometí... -susurró con la voz rota-. Prometí jamás volver a usar un arma...
Moon Baek cerró los ojos, apoyando su mentón sobre el hombro de ella.El eco de los disparos, de los gritos, se fue desvaneciendo lentamente.Solo quedó el sonido de su respiración entrecortada... y el silencio que por fin, después de tanto, parecía seguro.
ღ⤻ Me esta dando curiosidad leermi propio fanfic muajaja.
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