PACIENCIA
21:54, 20 March 2025Esa semana había sido particularmente larga, pero también una de las mejores desde que empecé a trabajar.
Emily, Luca y yo habíamos formado un equipo sólido en la oficina, y a los tres nos estaba yendo increíblemente bien. La empresa estaba expandiéndose, lo que significaba más responsabilidad, pero también más oportunidades.
Emily tenía un talento natural para manejar clientes complicados, mientras que Luca tenía una habilidad impresionante para la negociación. Yo me había acostumbrado rápidamente al ritmo de la empresa, y aunque al principio me costó encontrar mi sitio, ahora sentía que encajaba.
"¿Entonces vamos a celebrarlo o qué?" dijo Luca mientras nos dirigíamos al ascensor después de una jornada interminable.
Emily soltó una risa y se apoyó en la pared del ascensor. "Por favor, que Ale necesita despejarse. Llevas días encerrada en el despacho."
"No estoy encerrada, solo... concentrada," dije, cruzándome de brazos.
"Lo que tú digas, pero hoy no tienes excusa. Vamos a ese bar nuevo que abrieron en Chueca. Dicen que tienen los mejores cócteles de Madrid," insistió Luca.
Sabía que iba a ser imposible decir que no. Un par de horas después, estábamos en el bar, una terraza de luces bajas y música suave.
La noche estaba cálida, y el ambiente era relajado, gente hablando en pequeños grupos, risas que flotaban en el aire. Emily estaba en la barra eligiendo el siguiente cóctel, mientras Luca y yo nos apoyábamos en una mesa alta de madera, mirando el movimiento del lugar.
"¿Y cómo van las cosas con el chico misterioso?" preguntó Luca, con esa sonrisa traviesa que había perfeccionado desde que lo conocí.
Lo miré de reojo. "¿Qué chico misterioso?"
"No te hagas la tonta, Ale. Se nota cuando desapareces misteriosamente en medio del trabajo o cuando miras el móvil y sonríes como una idiota."
Emily regresó con tres copas de gin tonic y me pasó una. "¿Te está molestando Luca con el tema?"
"Siempre," respondí, rodando los ojos.
Luca levantó las manos en un gesto defensivo. "Solo quiero confirmar mis sospechas."
"No hay nada que confirmar," mentí.
Estuvimos ahí un rato, hablando de trabajo, de lo guapo que estaba el camarero, de las vacaciones que Emily estaba planeando y de la chica francesa que Luca estaba viendo. La conversación era ligera, fácil. Me di cuenta de que había pasado mucho tiempo desde que me había sentido así de tranquila.
"¿Te llevo a casa?" preguntó Luca cuando ya nos estábamos despidiendo.
"Estoy a dos calles," respondí.
"Entonces vamos, yo también voy en esa dirección."
Salimos del bar juntos, la brisa nocturna despejando el calor acumulado del día. Luca caminaba con las manos en los bolsillos, hablando sobre un cliente nuevo que le había costado cerrar, mientras yo lo escuchaba.
Pedro me llamó justo cuando estaba por llegar a mi edificio.
"¿Ya llegaste?" Su voz sonaba baja, ronca.
"Estoy en eso. Luca me acompañó porque vivía cerca."
Hubo una pausa. Pude escuchar el ruido de fondo, un leve murmullo que indicaba que Pedro seguía en su piso.
"Ah," fue todo lo que dijo.
"¿Pasa algo?" pregunté.
"No. Solo... bueno, que llegues bien." Colgó antes de que pudiera responder.
Sonreí un poco. Sabía exactamente qué estaba pasando por su cabeza. El Pedro celoso siempre salía en los momentos más inesperados.
A la mañana siguiente, cuando pasé a su piso antes de ir a la oficina, Pedro estaba en el sofá, con una camiseta blanca y el pelo alborotado.
"¿Quién es Luca?" preguntó sin rodeos.
Sonreí, acercándome a él y dándole un beso en la mejilla. "Solo un amigo del trabajo."
Pedro entrecerró los ojos, mirándome de esa forma que me hacía temblar por dentro. "Ajá."
"¿Te vas a poner así ahora?" Me senté a su lado, pasando una mano por su cabello.
Pedro suspiró. "Lo odio."
"¿A Luca?"
"No. A este rollo de tener que mantenerlo todo en secreto. A no poder aparecer contigo en público. A no poder besar a mi novia cuando me da la gana."
Me incliné hacia él, rozando sus labios con los míos. "Paciencia, Canario."
"Te odio cuando me llamas así," dijo, sonriendo.
"Mentira," respondí, y lo besé hasta que dejó de quejarse.
"Alana viene esta semana," dije, pasando una mano por su cabello.
Pedro abrió los ojos y me miró. "¿Ah, sí?"
"Asentí. "Sí. Nos vamos a ver casi todos los días, seguro acabaremos de fiesta cada noche."
Pedro frunció el ceño. "¿Y viene Luca?"
Me reí. "Pedro..."
"Es una pregunta válida," dijo, levantando una ceja.
"No, no viene Luca. Solo Alana y algunas amigas de ella que conoció en Italia."
Pedro me miró un segundo en silencio, con esa expresión de que no estaba muy convencido. "Ya. Y yo aquí, sin poder salir contigo."
"Bueno, si te disfrazas lo suficiente, quizá podríamos intentarlo," bromeé.
Pedro rodó los ojos. "Sí, claro. Porque nadie va a reconocerme, ¿no?"
Me acerqué y le di un beso en la mejilla. "Te prometo que me portaré bien."
Pedro soltó un suspiro, pero me rodeó con los brazos, enterrando su cara en mi cuello. "Ya. Pero si Luca aparece, me avisas."
"Pesado," murmuré, y él sonrió contra mi piel.
—————————————————————————La noche que Alana llegó, el plan de salir ya estaba cerrado desde hace días. Ella había aterrizado por la tarde y, en cuanto llegó a mi piso, me abrazó tan fuerte que casi me dejó sin aire.
"¡Te extrañé tanto!" dijo, apretándome contra ella.
"¡Yo más!" reí, alejándome un poco para verla mejor. Tenía el cabello más largo y un bronceado perfecto que hacía que sus ojos claros resaltaran aún más. "¿Estás lista para esta noche?"
"¿Lista?" Alana sonrió. "Bebé, nací lista."
Luca y Emily llegaron un par de horas después a mi piso para pregame. Yo llevaba un vestido negro de tirantes finos que me había puesto mil veces pero que nunca fallaba, y Alana estaba impresionante con un conjunto de dos piezas blanco que hacía que todos la miraran dos veces.
"¡Estáis que os salís!" dijo Luca, dejando una botella de ginebra sobre la mesa y abrazándome por detrás.
"Emily, ¿te has cortado el pelo?" preguntó Alana, fijándose en el flequillo nuevo de Emily.
"Sí, pero no digas nada, que aún no estoy convencida."
"Te queda increíble," dijo Alana, guiñándole un ojo.
Tomamos un par de tragos en mi piso antes de salir, riéndonos de tonterías y poniéndonos al día con todo lo que había pasado en los últimos meses.
Emily seguía con su racha de trabajo impecable, Luca estaba saliendo con una chica nuevo que nadie conocía aún,"no quiero gafarlo," dijo, haciéndose el misterioso y Alana nos contó sobre su vida en Italia, sobre los chicos guapos que conoció y sobre las fiestas que "no llegaban al nivel de Madrid."
"Eso va a cambiar esta noche," dijo Alana, levantando su copa.
"Eso espero," dijo Luca, chocando su vaso con el de ella.
Cuando llegamos al club, la noche ya estaba en marcha. La música vibraba en las paredes, el humo de las máquinas y las luces estroboscópicas creaban un ambiente perfecto. Entramos directos a la zona VIP gracias a Luca, que parecía conocer a medio Madrid.
Alana me tomó de la mano y nos acercamos a la barra para pedir unos shots. Pedí cuatro, y el bartender nos los sirvió en segundos.
"A la primera noche juntas en meses," dijo Alana, levantando su vaso.
"A la primera noche de muchas," respondí.
Los shots quemaron al bajar y casi de inmediato sentí la calidez del alcohol extendi.
No recuerdo muy bien cómo llegué al piso de Pedro esa noche. Lo último que tengo claro es a Alana riéndose mientras Luca intentaba conseguir otro taxi fuera del club y Emily insistía en que ya no necesitábamos más tragos.
La puerta del piso de Pedro se abrió casi sola, o al menos eso sentí, porque apenas me apoyé en ella y Pedro apareció al instante. Llevaba una camiseta gris y unos pantalones de chándal oscuros, el cabello despeinado como si acabara de levantarse.
"Ale," dijo, mirándome de arriba abajo. "Estás borracha."
Me reí, apoyándome en el marco de la puerta. "¿Eso es lo primero que vas a decirme? ¿No un 'hola, amor', o un 'qué guapa estás'?"
Pedro se cruzó de brazos, una sonrisa divertida asomando en las comisuras de sus labios. "Si apenas puedes mantenerte de pie, Ale."
"Eso no significa que no esté guapa," respondí, entrando en el piso y cerrando la puerta detrás de mí. Me quité los tacones y los dejé tirados en el suelo.
Pedro me miró en silencio mientras yo avanzaba hacia él, con una sonrisa que no podía controlar por el efecto del alcohol. Me acerqué tanto que tuve que apoyarme en su pecho para no caerme.
"Te extrañé esta noche," murmuré, levantando la mirada hacia él.
Pedro soltó una risa baja, sus manos fueron directas a mi cintura para estabilizarme. "¿Sí? No lo parecía cuando estabas rodeada de medio Madrid en ese club."
"¿Celoso?" Mis manos subieron a su cuello, mis dedos jugando con el borde de su camiseta.
Pedro me miró con esa intensidad que siempre me hacía perder el aire. "Tienes que dormir, Ale."
"No quiero dormir," dije, acercándome aún más. "Quiero que..."
"¿Sí?" Pedro sonrió.
"Que me beses."
Pedro dejó escapar una risa, sus dedos presionando suavemente mi cintura. "Estás muy borracha."
"Y tú estás muy guapo."
Pedro negó con la cabeza, pero no se apartó. Su mirada bajó a mis labios, y por un segundo creí que iba a ceder. Pero en vez de besarme, bajó las manos a mis caderas y me levantó como si no pesara nada.
"Vamos a la cama," dijo.
"Pedro..."
"Vamos." Me llevó a su habitación, y me dejó caer suavemente en la cama. Me quitó los pendientes y dejó un beso en mi frente. "Descansa."
"¿Dormirás conmigo?" pregunté, mirándolo mientras se quitaba la camiseta y se metía en la cama a mi lado.
Pedro sonrió y me abrazó por la cintura, pegándome a él. "Siempre."
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