SUPERNOVA
20:42, 20 March 2025El sol se filtraba a través de las persianas entreabiertas, iluminando suavemente el cuarto. La luz acariciaba la piel desnuda de Pedro, que respiraba profundamente a mi lado, dormido. Su brazo estaba sobre mi cintura, y sentí el calor de su cuerpo pegado al mío. Me quedé unos segundos ahí, observando cómo su pecho subía y bajaba con cada respiración, con esa calma que siempre parecía tener, aunque por dentro supiera que estaba hecho un caos.
Me levanté con cuidado, deslizando su brazo con delicadeza para no despertarlo. Busqué mi ropa en el suelo y me puse la camisa de Pedro, que me quedaba enorme y me cubría apenas lo suficiente. Caminé descalza hacia el baño, sintiendo el frío de la madera bajo mis pies.
Encendí la luz y me miré en el espejo. Mi cabello estaba revuelto, la marca de sus labios todavía en mi cuello. Abrí el grifo y me mojé la cara para despejarme un poco. Cuando busqué un cepillo de dientes en el cajón del lavabo, lo que encontré hizo que mi respiración se detuviera.
Había una bolsita transparente con un polvo blanco dentro. También encontré una pequeña cuchara y una tarjeta negra con rastros de lo que claramente había sido una línea.
Sentí un vacío en el estómago, una presión en el pecho que casi me hizo vomitar.
"¿Qué haces?" La voz de Pedro me sobresaltó.
Me giré, y ahí estaba él, apoyado en el marco de la puerta, solo con sus bóxers, el pelo alborotado y los ojos entrecerrados por el sueño. Pero cuando vio lo que tenía en la mano, su expresión cambió.
"¿Qué es esto, Pedro?" Mi voz salió fría, dura. Lo levanté con dos dedos para que lo viera bien.
Pedro se pasó una mano por el pelo, su mandíbula se tensó. "Ale... no es lo que parece."
"¿No es lo que parece?" Me reí con amargura, pero me temblaban las manos. "¿Entonces qué es? ¿Crees que soy idiota?"
Pedro dio un paso hacia mí, pero retrocedí. Sentí el filo de la encimera del lavabo contra mi espalda.
"No lo uso mucho, solo... alguna vez. Para aguantar en las giras, para desconectar un poco cuando todo se vuelve una mierda." Su voz era baja, casi avergonzada.
"¿Y desde cuándo haces esto?"
Pedro cerró los ojos un segundo. "Hace un tiempo. Pero no es nada grave, lo controlo."
"¿Lo controlas?" Me reí, pero la risa me salió entrecortada porque me estaba empezando a temblar el cuerpo. "Pedro, encontré esto en TU baño. Esto no es controlarlo."
Él se acercó, esta vez no retrocedí. Su mano fue a mi cara, su pulgar acarició mi mejilla, pero yo aparté la cara.
"¿Por qué no me lo dijiste?" Susurré. Mi voz sonaba rota.
Pedro bajó la cabeza, respiró hondo. "Porque no quería que me vieras así. No quería que pensaras que... joder, Ale, no quería que me dejaras otra vez."
"¿Crees que esto me va a hacer quedarme?" Mis ojos se llenaron de lágrimas. "¿Crees que puedo verte destruirte y hacerme la ciega? ¿Que puedo ignorarlo solo porque te quiero?"
Pedro levantó la cabeza y me miró directamente a los ojos. "Pero no me voy a destruir, Ale. Te lo prometo."
"¿Cómo sé que no me estás mintiendo?" Mi voz apenas salió.
Pedro se acercó más, sus manos fueron a mis mejillas y apoyó su frente contra la mía. "Porque tú me conoces mejor que nadie."
Sentí su respiración contra mi piel, el calor de su cuerpo tan cerca que casi me hizo perder el control. Pero no era suficiente.
"¿Por qué estamos aquí otra vez, Pedro?" Susurré. "¿Por qué después de todo lo que ha pasado, seguimos en este puto círculo vicioso?"
Pedro respiró hondo. "Porque no sabemos cómo parar."
Nos miramos por un momento largo, el aire entre nosotros cargado de algo demasiado grande para ignorar.
Pedro deslizó su nariz por mi mejilla, bajó hasta mi cuello. Su respiración se aceleró. "Ale..."
"Esto no puede seguir así." Mi voz salió quebrada. "No puedo seguir con esto si tú no cambias."
"¿Y si quiero cambiar?" Pedro me miró, sus ojos oscuros y serios. "¿Y si quiero que esto funcione de verdad esta vez?"
"¿Y si te creo y me vuelves a fallar?" Susurré.
Pedro deslizó su pulgar por mi labio inferior. "No te voy a fallar."
"Eso dijiste antes." Lo miré directo a los ojos. "¿Recuerdas lo que pasó la última vez que te creí?"
"Sí." Pedro se acercó más. "Y me arrepiento cada puto día de haberlo jodido contigo."
Me temblaban las manos, pero las apoyé en su pecho. Podía sentir su corazón latiendo con fuerza bajo mi palma.
"Si esto no funciona otra vez..." No terminé la frase porque no quería decirlo en voz alta.
Pedro me tomó las manos y las apretó entre las suyas. "Esta vez va a funcionar."
No respondí. Porque todavía no sabía si quería creerle.
El aire estaba denso en el piso de Alana. Las maletas abiertas sobre la cama, la ropa doblada en montones organizados, el caos ordenado de una despedida inevitable.
Estaba sentada en el borde de la cama, doblando una camiseta, solo para hacer algo con las manos y no perder el control.
Alana estaba arrodillada frente a una maleta, metiendo cuidadosamente una pila de ropa, con la concentración tensa de alguien que intenta no pensar demasiado en lo que está pasando.
"¿Y qué vas a hacer?" preguntó de repente, sin mirarme.
Levanté la cabeza. "¿Sobre qué?"
Alana me lanzó una mirada incrédula. "Sobre Pedro."
Suspiré y dejé la camiseta a un lado. "No lo sé."
Alana cerró la maleta de golpe y se giró hacia mí, cruzando las piernas sobre la alfombra. "¿Me vas a contar qué pasó o tengo que sacártelo a la fuerza?"
Me mordí el labio. Me costaba incluso decirlo en voz alta porque todavía no me parecía real. Pero Alana me miraba con esa intensidad que solo ella sabía tener, como si pudiera ver a través de mí.
"Encontré drogas en su baño," dije finalmente.
Su expresión cambió en un segundo. De la curiosidad pasó al shock y después al enojo. "¿Drogas? Que me invite, ¡jo!"
Asentí. " Y cuando le pregunté, me dijo que no es habitual, que lo hace a veces para sobrellevar la gira... pero ¿cómo voy a creerle después de todo?"
Alana apoyó las manos en sus rodillas y me miró fijamente. "¿Y qué te dijo después?"
"Que quiere que funcione esta vez. Que quiere que volvamos a intentarlo de verdad, sin escándalos, sin dramas." Pasé las manos por mi cara, tratando de borrar la tensión. "Pero, ¿cómo puedo confiar en él después de todo lo que ha pasado?"
Alana frunció el ceño. "¿Y tú quieres intentarlo de nuevo?"
Suspiré. "Una parte de mí quiere. Pero otra parte... otra parte está aterrada de que vuelva a pasar lo mismo. Que me vuelva a romper."
Alana se levantó y se sentó a mi lado en la cama. Apoyó la cabeza en mi hombro y me tomó la mano.
"Si vas a volver con él, tiene que ser diferente esta vez," dijo en voz baja. "No puedes salvarlo, Ale. Él tiene que querer salvarse solo."
"Lo sé," susurré.
Nos quedamos en silencio por un momento, el peso de sus palabras asentándose en mi pecho. La cabeza de Alana seguía apoyada en mi hombro, y sentí su respiración tranquila y constante.
Después de un rato, levantó la cabeza y me miró con esos ojos verdes brillantes que siempre habían sido mi lugar seguro.
"¿Y qué vas a hacer cuando me vaya?" Su voz fue suave, pero directa.
El nudo en mi garganta se hizo más grande. Me encogí de hombros. "No lo sé."
Alana tomó mi mano y la apretó. "¿Por qué no vienes conmigo a Italia? Podrías empezar de cero. Dejar todo esto atrás."
Negué con la cabeza. "No puedo huir otra vez. Si me voy, Pedro va a pensar que lo estoy dejando porque no creo en él. Y aunque no sé si puedo confiar en él, tampoco quiero ser la razón por la que se pierda del todo."
"Entonces, ¿te vas a quedar en Madrid?" preguntó Alana.
"Creo que sí," dije, aunque todavía no estaba segura. "Pero cuando te vayas... va a ser raro. No sé cómo voy a hacer esto sin ti."
Alana sonrió con tristeza. "Lo vas a hacer bien. Siempre haces lo que tienes que hacer, Ale."
"Pero tú siempre has estado ahí," susurré. Sentí que las lágrimas querían salir, pero las contuve. "Desde el principio. ¿Cómo se supone que voy a seguir sin ti?"
Alana me tomó la cara entre las manos, sonriendo suavemente. "Tú eres más fuerte de lo que piensas. Y si Pedro es inteligente, hará lo que tenga que hacer para no perderte otra vez."
Cerré los ojos cuando sentí las lágrimas escapar. "Te voy a extrañar tanto."
"Lo sé," dijo Alana. "Yo también."
Nos abrazamos fuerte, sintiendo el peso de los últimos 5 años, de todo lo que habíamos pasado juntas. Y en ese momento, supe que cuando Alana se fuera, una parte de mi vida se iba a sentir vacía.
Cuando nos separamos, ella se limpió las lágrimas con la manga y sonrió. "Vamos a terminar de empacar. Me quedan como veinte pares de zapatos por meter en esa maleta."
Reí entre lágrimas. "No sé cómo vas a cerrar esa maleta."
"Con fe y presión física," respondió Alana, sonriendo. "Y si no cabe todo... bueno, ahí está la magia del exceso de equipaje."
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