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AHORA QUE 2

20:48, 19 March 2025

La música retumbaba contra las paredes, el ritmo palpitante llenando cada espacio con esa vibración que solo un club en Madrid podía tener.

La noche antes de mi graduación. El club estaba lleno, la pista de baile abarrotada de cuerpos moviéndose al compás de la música electrónica que el DJ soltaba con precisión calculada. Las luces parpadeaban en un ritmo frenético, iluminando brevemente las caras de la multitud.

Estaba apoyada en la barra, un vaso de gin tonic en la mano, mirando cómo el hielo flotaba y se derretía lentamente.

Sentía el calor de la habitación en mi piel, el leve mareo del alcohol deslizándose por mis venas. Alana bailaba con unas chicas que habíamos conocido hace un rato, perdiéndose entre la multitud, y yo me quedé ahí, sintiéndome extrañamente tranquila en medio del caos.

Entonces lo sentí.

Esa electricidad recorriéndome la columna. Ese cosquilleo en la nuca, esa presión en el pecho. Como si mi cuerpo hubiera reaccionado antes de que mi cerebro pudiera procesarlo. Levanté la vista y lo vi.

Pedro.

Estaba en el VIP, justo detrás del DJ, apoyado contra la barandilla de cristal con una botella de cerveza en la mano. Las luces lo bañaban en flashes de azul y rojo, y aunque estaba lejos, pude ver cómo sus ojos se fijaban en mí.

Intensos, oscuros. La camiseta negra ajustada sobre su pecho, los rizos despeinados cayéndole sobre la frente.

Esa misma mirada que había sentido la primera noche que nos vimos. Solo que ahora, cargada con el peso de todo lo que habíamos pasado.

No lo había visto desde la noche de los kebabs, ya 3 semanas de eso. Si que lo extrañaba, pero me sentía mejor.

Sus labios se curvaron apenas en una sonrisa torcida. Sabía lo que estaba haciendo. Lo sabía porque lo había hecho antes. Y porque él sabía que yo iba a responder.

Me obligué a apartar la mirada, tomando un sorbo largo de mi copa. Pero la sensación de su mirada en mí era como fuego directo a la piel. Cuando volví a mirarlo, Pedro ya no estaba en el VIP.

"¿Estáis sola?" sentí su voz detrás de mí, ronca, grave, tan cerca que casi pude sentir el calor de su aliento contra mi cuello.

Me giré lentamente, encontrándome con su cara a centímetros de la mía. Los ojos claros brillando con esa chispa que solo Pedro y yo teníamos.

"¿Tú qué crees?" dije, mi voz más segura de lo que realmente me sentía.

Pedro sonrió, ladeando la cabeza. "Te vi mirándome."

"Y yo te vi desaparecer," respondí, bajando la vista a sus labios.

Pedro rió suavemente, ese sonido bajo que siempre hacía que me temblaran las rodillas. "¿Y qué vas a hacer al respecto?"

Antes de que pudiera responder, su mano rozó mi cintura, y me estremecí. Me acerqué un poco más, respirando el olor a colonia y tabaco que siempre me recordaba a él.

"¿Qué haces aquí?" pregunté en un susurro.

Pedro bajó la mirada a mis labios y después a mis ojos. "No lo sé. A lo mejor vine a despedirme."

Sentí que el aire se me atascaba en la garganta. "¿Despedirte?"

Pedro no respondió. En cambio, su mano subió hasta mi mejilla, su pulgar acariciando el hueso de mi mandíbula con una delicadeza que contrastaba con el caos que nos rodeaba.

"No te he visto desde los kebabs" dije, mi voz temblando levemente.

Pedro se inclinó un poco más hacia mí, su boca rozando mi oído. "Lo sé."

Mis manos fueron a parar a su pecho sin pensarlo. Él no se apartó. Al contrario, se inclinó más cerca, y por un segundo me sentí transportada a esa primera noche.

La misma intensidad, el mismo latido acelerado, la misma sensación de que nada más existía. Solo él. Solo nosotros.

"Sabes que esto es mala idea, ¿no?" dije, pero mi voz sonaba rota.

Pedro sonrió contra mi piel. "Siempre lo ha sido."

Entonces me besó.

Su boca fue firme, segura, desesperada. Mi corazón explotó en el pecho cuando sus manos se cerraron alrededor de mi cintura, apretándome contra él.

La lengua de Pedro rozó la mía con una mezcla perfecta de hambre y ternura, y sentí que el suelo se deslizaba bajo mis pies. Mis manos subieron a su cuello, enredándose en su cabello mientras él profundizaba el beso.

Cuando nos separamos, su respiración era irregular contra mis labios. "Vente conmigo," dijo, sus ojos oscuros clavados en los míos.

"¿A dónde?"

Pedro sonrió levemente. "A donde siempre terminamos."

Me mordí el labio. "No sé si esto es buena idea."

Pedro bajó la cabeza hasta apoyar su frente contra la mía. "Ale..."

Y yo sabía que estaba perdida. Porque Pedro siempre había sido mi punto débil. Mi caída y mi salvación.

"Vale," susurré. "Vamos."

Pedro me tomó de la mano y me guió entre la multitud, sus dedos entrelazados con los míos. Las luces del club se volvían borrosas a nuestro alrededor mientras salíamos a la calle.

Un coche negro nos estaba esperando. Pedro abrió la puerta y me miró.

"¿Lista?"

No respondí. Solo subí al coche y él cerró la puerta detrás de mí.

Justo cuando Pedro iba a subir, Alana salió del club y nos vio. Su expresión fue de sorpresa al principio, pero luego sonrió con ese brillo travieso en los ojos.

"¡Pedro!" dijo, acercándose al coche. "Joder, cuánto tiempo. Ya te extrañaba."

Pedro sonrió levemente, con ese aire despreocupado que solo él tenía. "Igualmente, tía."

Alana se acercó a la puerta, apoyándose ligeramente en el borde mientras me miraba con una ceja levantada. "¿Y tú qué estáis haciendo?"

"Yo..." empecé a decir, pero Alana ya estaba riéndose.

"Madre mía." Se cruzó de brazos, mirándonos con diversión. "¿De verdad estamos volviendo a esto?"

Pedro soltó una risa suave. "Parece que sí."

Alana negó con la cabeza, pero la sonrisa seguía ahí. "Bueno, suerte con eso. O mejor dicho... que sobrevivan a la caída."

Antes de que pudiera responder, Pedro cerró la puerta y se deslizó en el asiento junto a mí. Tomó mi mano de nuevo, sus dedos entrelazándose con los míos de esa manera que siempre hacía que mi corazón latiera más rápido.

No sé hacia dónde íbamos. Solo sabía que, como siempre, Pedro y yo estábamos al borde de otra caída. Y esta vez... no estaba segura de si habría manera de salvarnos.

Pedro le indicó algo al conductor, y el coche arrancó suavemente por las calles de Madrid.

Me apoyé contra el asiento, sintiendo el calor de la mano de Pedro sobre mi muslo. Él no decía nada, solo miraba por la ventana con esa expresión tranquila, pero yo sentía la tensión en su cuerpo, en la forma en que sus dedos presionaban ligeramente mi pierna.

Cuando el coche se detuvo, miré por la ventana y sentí que mi pecho se encogía. Estábamos frente a su piso.

Pedro abrió la puerta y salió primero. Luego me miró desde fuera, la mano extendida hacia mí.

"Vamos."

Tomé su mano y bajé del coche. Pedro cerró la puerta detrás de mí y nos dirigimos hacia la entrada. Mi corazón latía con fuerza mientras subíamos en el ascensor. Pedro no soltaba mi mano.

Cuando llegamos a la puerta de su piso, Pedro la abrió con su llave y me dejó entrar primero. El aire dentro era fresco y oscuro, con ese aroma a él que reconocía al instante: colonia, madera y algo más, algo puramente Pedro.

La puerta se cerró detrás de nosotros con un clic. Pedro se acercó lentamente, su mano deslizándose por mi espalda hasta mi cintura.

"¿Segura de esto?" murmuró, sus labios a centímetros de los míos.

"Por una noche," dije en un susurro.

Pedro sonrió suavemente antes de besarme, y en ese momento, supe que nada entre nosotros podría ser solo por una noche.

—————————————————————————Nota: por favor decidme si quieren que continúe o ya creen que la historia terminó 🥹

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