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HABLA

21:52, 18 March 2025

La tarde estaba fresca, con el aire de Madrid soplando suavemente entre las terrazas del centro.

Alana y yo estábamos sentadas en una mesita de una cafetería elegante en Salamanca. El lugar era completamente chic, con sillas de terciopelo rosa y pequeñas lámparas doradas colgando del techo.

Alana, con su cabello castaño suelto y sus gafas de sol sobre la cabeza, estaba revolviendo un café con leche mientras yo terminaba mi té helado de maracuyá.

Llevaba un mono beige ajustado y unas sandalias de tiras finas que combinaban perfectamente con el bolso de Bottega que había dejado sobre la mesa. Parecía sacada de una revista de moda.

"Entonces..." dijo Alana, mirándome con los ojos entrecerrados. "¿Qué coño pasa con Martina?"

Suspiré, dejando el vaso sobre la mesa. "La vi con Marc."

Alana levantó una ceja. "¿Cómo que con Marc?"

"Martina y Marc. Juntos. En la U."

"¿Juntos cómo?"

"Pues, hablando muy cerca. Demasiado cerca. Y cuando me acerqué, Martina se puso súper rara. Como si... como si me estuviera ocultando algo."

Alana apretó los labios y se quedó en silencio unos segundos. Luego se inclinó hacia mí, bajando la voz. "Vale... te voy a decir algo, pero no quiero que te rayes, ¿vale?"

"Dímelo."

"Hace dos semanas vi a Martina y a Marc cenando en el centro."

Sentí cómo se me tensaba el estómago. "¿Cenando?"

Alana asintió. "Sí. Y no parecían solo dos amigos poniéndose al día, ¿sabes?"

Me llevé las manos a la cabeza. "¿Por qué no me dijiste nada?"

Alana encogió los hombros. "No quería hacer una montaña de algo que a lo mejor no era nada. Pero ahora que dices que están raros... Tiene sentido."

Me dejé caer contra el respaldo de la silla, mirando hacia el suelo de baldosas blancas y negras. Mi cabeza iba a explotar. Martina y Marc. Martina y Marc. ¿Desde cuándo? ¿Desde que él y yo terminamos? ¿Desde antes?

Alana me miraba con expresión preocupada. "Ale... ¿Estás bien?"

"Es que... ¿por qué no me lo dijo? Es mi mejor amiga."

"Bueno..." Alana giró la cucharilla en su taza de café. "Tal vez por eso mismo no te lo dijo."

Negué con la cabeza, sintiendo el peso en el pecho. "Esto lo explica todo. Por eso Martina estaba tan cortante conmigo esta mañana. Y por eso siempre defendía tanto a Marc cuando las cosas iban mal entre nosotros."

"Y por eso ahora te está soltando comentarios pasivo-agresivos sobre Pedro."

Me llevé las manos a la cara. "Joder."

Alana me miró fijamente. "¿Y Pedro? ¿Qué pasa con él?"

Suspiré. "Salieron las fotos."

"Sí, las he visto." Alana apoyó el codo en la mesa y me miró con una sonrisa divertida. "Bastante intensas, ¿eh?"

"Muy intensas."

"¿Pero entonces qué pasa? ¿Estás con él o no?"

Negué con la cabeza. "No sé."

Alana me miró con las cejas levantadas. "No sabes."

"Nos vimos en Fitz, nos besamos, nos toqueteamos en el VIP y... luego explotó todo."

Alana se rió, inclinándose hacia atrás en la silla. "Vaya drama. Estaba yo muy liada esa noche."

"Eso es lo peor. Que siempre es drama."

"Ya, bueno, también es Pedro. ¿Qué esperabas?"

"Que las cosas fueran diferentes esta vez."

Alana me miró con expresión seria. "Ale... ¿De verdad crees que las cosas con Pedro van a ser diferentes?"

Me quedé callada, mordiéndome el labio. Una parte de mí quería creer que sí. Que Pedro y yo habíamos cambiado. Que esta vez podríamos manejarlo. Pero la otra parte, la parte racional sabía que Pedro era caos. Y a mí me gustaba.

"Lo que creo es que no puedo dejarlo," murmuré.

Alana me miró con una mezcla de lástima y comprensión. "Sois como una droga el uno para el otro."

"Lo sé."

Alana suspiró y se terminó el café. "¿Y qué vas a hacer?"

"Ni idea."

Ella me miró fijamente. "Bueno, lo que sí sé es que no puedes quedarte en esta mierda para siempre. Tarde o temprano, algo va a explotar."

La miré y sentí un nudo en la garganta. Porque sabía que tenía razón. Esto no podía durar. No así. Pero dejar a Pedro era como arrancarme un pedazo de piel.

Y descubrir que Martina y Marc habían estado detrás de mí todo este tiempo...

"Ya no sé en quién confiar," susurré.

Alana se inclinó hacia adelante y me tomó la mano. "Siempre puedes confiar en mí."

Sonreí levemente. Al menos aún tenía a Alana.

"Por cierto," dijo de repente, con una sonrisa traviesa. "He conocido a alguien."

"¿En serio?"

Alana asintió. "Un chico italiano. Guapísimo. Lo conocí en una fiesta la semana pasada."

"¿Y cómo se llama?"

"Niccolò."

Me reí suavemente. "Suena peligroso."

"Lo es." Alana me guiñó un ojo.

Me reí, aunque la sensación de vacío seguía en mi pecho. Alana estaba avanzando con su vida. Martina aparentemente también.

Y yo... yo seguía en el mismo punto de siempre, enredada en el caos de Pedro, atrapada en una relación que parecía condenada a destruirme.

Pero todavía no podía dejarlo. Y esa era la parte que más me aterraba.

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