INTRO
08:25, 17 March 2025Ese jueves empezó como cualquier otro. Mis clases de economía estaban en su punto más pesado, y yo ya estaba pensando en que esa noche saldría con Marc. Era nuestro plan desde hacía días: una cena tranquila, solo nosotros dos, sin ruido, sin distracciones. Lo necesitábamos. Después de todo lo que había pasado, después de todas las señales rojas que yo estaba ignorando voluntariamente, sabía que lo mínimo que podía hacer era darle esa noche.
Pero entonces mi móvil vibró a la mitad de la clase. Miré la pantalla, y cuando vi el nombre de Pedro iluminándose en el cristal, el corazón me dio un vuelco.
Deslicé el dedo para responder, intentando no llamar la atención de la profesora.
"¿Pedro?" susurré, cubriéndome la boca con la mano.
"Gordi..." La voz de Pedro era grave y calmada, con ese acento canario que me hacía hervir la sangre. "Te quiero ver."
Me mordí el labio, cerrando los ojos con fuerza.
"Estoy en clase, Pedro."
"Sal."
"No puedo."
"Venga, Ale, que no es para tanto."
"Sí lo es."
"Estoy en el restaurante ese que está cerca de tu uni. Ya sabes cuál."
Abrí los ojos.
"¿Ahora mismo?"
"Sí."
"Pedro..."
"Solo quiero verte."
Suspiré, cerrando los ojos con fuerza.
"No puedo, Pedro. Tengo planes con Marc esta noche."
Hubo una pausa al otro lado de la línea.
"Ah, ¿sí?" La voz de Pedro se volvió afilada, con ese tono cínico que tanto me conocía. "¿Desde cuándo me comparas con Marc?"
Sentí un escalofrío en la nuca.
"No te estoy comparando."
"Entonces ven."
"Pedro..."
"Solo una hora, Gordi. No seas aburrida."
Un susurro cargado de tensión. Y yo sabía que no tenía escapatoria. Porque Pedro tenía ese poder sobre mí. Esa capacidad para decir exactamente lo que necesitaba escuchar para que mis barreras se derrumbaran.
"Está bien."
"Te espero."
Colgué y me apoyé contra el respaldo de la silla, sintiendo el pecho subir y bajar rápidamente.
Marc.
Joder.
Cogí el móvil otra vez y le escribí:
Ale: "Amor, no me siento muy bien. ¿Podemos posponer lo de esta noche?"
Su respuesta llegó enseguida:
Marc 😍: "Claro, cariño. ¿Estás bien?"
Ale: "Sí. Solo necesito descansar un poco."
Mentira. Y una muy mala.
Salí de clase antes de que terminara la hora y caminé hacia el restaurante. Lo encontré en una mesa apartada en una esquina, con las gafas de sol puestas y una gorra negra que le tapaba casi todo el rostro.
Pero no importaba lo que llevara. Siempre destacaba. Siempre había algo en Pedro que atraía todas las miradas.
"Parece que intentas pasar desapercibido." —Me senté frente a él, quitándome el abrigo.
Pedro sonrió de lado y se quitó las gafas de sol, dejándolas sobre la mesa.
"Si quisiera que no me reconocieran, no habría venido aquí."
"¿Entonces qué haces aquí?"
"Te lo dije." Se inclinó hacia mí, sus ojos oscuros atrapándome. "Quería verte."
El camarero llegó para tomar nuestro pedido, pero se sorprendió al ver a QUEVEDO.
Pedro pidió una cerveza y una tapa. Yo solo pedí agua, porque el nudo en mi estómago no me dejaba pensar en comida.
Pedro me miraba con esa intensidad que me hacía sentir desnuda. Como si pudiera verme por dentro.
"¿Qué quieres, Pedro?"
Él apoyó los codos sobre la mesa y me miró fijamente.
"Te echo de menos."
"Pedro..."
"No me interrumpas."
Me quedé callada.
"Te echo de menos cuando despierto y no estás. Te echo de menos cuando veo una canción en la emisora que me recuerda a ti. Te echo de menos incluso cuando intento no pensarte."
Tragué saliva, sintiendo el peso de sus palabras hundirse en mi pecho.
"Tú tienes a Marc," dijo Pedro, con una sonrisa cínica. "¿Y eso qué? Yo te sigo teniendo aquí."
Me tocó el centro del pecho con un dedo.
"Pedro..."
"No puedes huir de mí para siempre, Gordi."
Y entonces, las cámaras aparecieron.
Un par de flashes. Un golpe seco contra el cristal de la ventana. Miré hacia un lado y vi a dos tipos con cámaras enormes.
"Joder."
Pedro se rió, pero yo sentí cómo la sangre me abandonaba el rostro.
"Nos han pillado," dijo Pedro.
"No, no, no..." Me llevé las manos a la cara. "Pedro, esto es un puto desastre."
"Tranquila."
Pero entonces...
"¿Ale?"
La voz de Marc.
Sentí que mi corazón se detenía.
Marc estaba parado en la entrada del restaurante, con el rostro completamente desencajado. Llevaba el pelo despeinado, las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero.
"Marc..." Me puse de pie inmediatamente.
Él miró a Pedro. Luego a mí. Luego de nuevo a Pedro.
"¿Qué cojones está pasando aquí?"
"No es lo que parece," dije, pero la frase sonó ridícula incluso para mí.
"No es lo que parece." La risa de Marc fue seca y dura. "¿Estás de broma?"
Pedro se levantó lentamente, con una sonrisa peligrosa en los labios.
"Tranquilo, tío. No es para tanto."
Marc dio un paso adelante.
"¿Tú te crees gracioso, cabrón?"
"¡Marc!" Me puse entre ellos antes de que la cosa escalara.
Marc me miró con los ojos llenos de rabia y decepción.
"¿Me cancelaste a mí para venir aquí con él?"
"Yo... no fue así."
"¿No fue así?" Marc soltó una risa amarga. "¿Y qué fue entonces, Ale?"
No supe qué decir.
"Joder." Marc dio un paso atrás, pasándose una mano por el pelo. "Soy un puto imbécil."
"Marc..."
"Se acabó, Ale."
"No, espera—"
"No." Marc levantó la mano para callarme. "Si esto es lo que quieres... Que te vaya bien con él."
Dio media vuelta y salió del restaurante, dejándome congelada en mi sitio.
Pedro soltó un suspiro.
"Bueno... eso salió mejor de lo que esperaba."
Me giré hacia él, con las lágrimas a punto de desbordarse.
"¿Te parece gracioso?"
"No." Pedro me miró fijamente, con esa intensidad oscura en sus ojos. "Pero ahora ya no tienes excusas."
Me llevé las manos a la cara, sintiendo cómo todo dentro de mí se derrumbaba.
Esa noche, después de que Marc se fue, todo se desmoronó aún más.
Primero fueron las fotos. Unas horas después, los vídeos empezaron a aparecer en TikTok. No solo las fotos de los paparazzi que habían capturado el momento exacto en el que Marc nos pilló a Pedro y a mí en el restaurante, sino también los vídeos de los fans que estaban sentados en las mesas cercanas.
Se grabaron las miradas intensas entre Pedro y yo, las sonrisas, el momento en el que Marc entró en el restaurante, las palabras cargadas de tensión, la manera en la que Marc me miraba como si hubiera sido apuñalado por la espalda.
Uno de los vídeos en particular se hizo viral en cuestión de minutos.
"Ale cancelándole a su novio para salir con QUEVEDO. Marc la pilla. ¿Se avecina reconciliación con Pedro?"
El clip tenía subtítulos en colores chillones, música dramática de fondo y más de tres millones de vistas en una hora.
Y después, los titulares:
"¿QUEVEDO y Ale otra vez juntos? Marc los pilla in fraganti.""La historia de Ale, QUEVEDO y un chico misterioso: un triángulo amoroso que nos tiene enganchados.""Chico misterioso termina con Ale después de que la pillara con QUEVEDO."
Me tiré en la cama, viendo cómo los vídeos se acumulaban en mi feed. Había hilos en Twitter con miles de comentarios analizando cada gesto, cada mirada. La gente sacaba capturas de pantalla de mi expresión cuando Marc entró en el restaurante, de la sonrisa torcida de Pedro cuando Marc le llamó cabrón.
Martina y Alana me escribieron de inmediato.
Alana: "Tía, ¿qué cojones ha pasado?"
Martina: "Llama ahora mismo."
No respondí. No sabía qué decir. Al menos no me había pillado en la caja con Pedro.
Me senté en la cama, con la espalda apoyada en la pared y las rodillas dobladas contra el pecho. El móvil vibraba en mi mano cada pocos segundos con nuevas notificaciones. Más vídeos. Más comentarios. Más titulares.
Y entonces, Pedro me llamó.
Lo miré parpadear en la pantalla.Pedro
Deslicé el dedo para responder, aunque sabía que no debería hacerlo.
—"Gordi." Su voz sonaba tranquila. Demasiado tranquila para el caos que acababa de estallar.
"¿Pedro?"
"¿Estás bien?"
"¿Tú crees que estoy bien?" Mi voz salió temblorosa.
Pedro soltó un suspiro al otro lado de la línea.
"La gente está hablando, ya sabes cómo es esto."
"Sí, lo sé." Me tapé la cara con la mano. "Pero esto es demasiado. Es... demasiado."
"Ya pasará."
"¿Ya pasará?" Me levanté de la cama, empezando a caminar de un lado al otro de la habitación. "¡Pedro, está en todas partes! ¿Te das cuenta de lo que acaba de pasar?"
"Claro que me doy cuenta."
"Marc me ha dejado. ¿Te das cuenta de eso también?"
Pedro guardó silencio por un momento.
"Bueno... sí."
"¿Y te da igual?"
Pedro soltó una risa seca.
"¿Que si me da igual? Ale, llevo meses esperando a que te des cuenta de que Marc no es para ti."
"Pedro..."
"Lo siento, pero es la verdad."
Me llevé la mano a la cara, sintiendo cómo la frustración y la culpa me quemaban por dentro.
"Pedro, esto es un desastre."
"Solo si tú lo haces un desastre."
"¿Tú crees que la gente no va a hablar? ¿Tú crees que Marc no va a salir en una entrevista contando su versión?"
"¿Y qué más da lo que piense la gente?"
"¡A mí me importa!"
Silencio.
"Ahí está el problema," dijo Pedro con calma. "Te importa demasiado lo que piensen los demás."
Me mordí el labio con fuerza, sintiendo cómo las lágrimas se acumulaban detrás de mis ojos.
"Pedro, ya no sé qué estamos haciendo."
"Yo sí lo sé."
"¿Ah, sí?"
"Sí. Tú y yo siempre hemos sido inevitables, Ale."
Cerré los ojos, sintiendo cómo mi respiración se volvía errática.
"No puedo más con esto," susurré.
"No tienes que hacer nada," dijo Pedro. "Déjame a mí."
"No."
Pedro se quedó en silencio al otro lado de la línea, pero su respiración era pesada, cargada de una tensión que podía sentir incluso a través del teléfono. Me pasé una mano por el cabello, intentando calmar el nudo que tenía en el estómago.
"¿Dejarlo en tus manos? ¿Pedro, te das cuenta de lo que estás diciendo?"
"Claro que me doy cuenta." Su voz era baja y grave. "Ale, todo esto es culpa mía. Si yo no te hubiera llamado para ir a ese restaurante... Si no te hubiera hecho cancelar con Marc..."
"¿Ahora lo entiendes?"
"Pero tampoco puedo evitarlo, ¿sabes?" Su tono se volvió más intenso. "No puedo estar cerca de ti y actuar como si no te quisiera."
Me senté en el borde de la cama, con las piernas temblando debajo de mí.
"Pedro..."
"Solo dime que no me quieres." Su voz bajó casi a un susurro. "Si de verdad no me queréis , si estás segura de que Marc es lo mejor para ti, lo dejo. Te lo juro, te dejo en paz."
Me tapé la boca con la mano. El corazón me latía con tanta fuerza que casi podía escucharlo.
No dije nada.
Porque no podía decir que no le quería. Porque mentirle sería una estupidez. Porque por mucho que quisiera seguir adelante con Marc, por mucho que intentara construir algo estable, Pedro siempre había estado ahí. Siempre.
"No puedo decirte eso," susurré.
Pedro soltó un suspiro cargado de alivio.
"Lo sabía."
"Pero eso no significa que esto esté bien."
"Lo sé."
Me mordí el labio, sintiendo el calor subir por mi cuerpo.
"Necesito tiempo."
"Te daré todo el tiempo que necesites."
"Pedro, esto está mal."
"Lo sé."
"Esto va a explotar en cualquier momento."
"Lo sé."
"¿Y aun así no te importa?"
"¿Te parece que me haya importado alguna vez lo que piense la gente?"
Me cubrí la cara con las manos.
No, a Pedro nunca le había importado el qué dirán. Él hacía lo que quería, cuando quería, y la gente se adaptaba a su ritmo. Pero yo no funcionaba así. Yo no podía simplemente desconectarme de todo el caos que nos rodeaba.
Y entonces, mientras él seguía esperando una respuesta al otro lado de la línea, vi mi móvil iluminarse con una nueva notificación.
TikTok"El triángulo Ale-QUEVEFO- Chico misterio explicado en cinco minutos."
Solté un suspiro largo.
"Pedro..."
"Dime."
"No puedo hacer esto ahora."
"¿Pero lo harás en algún momento?"
Cerré los ojos con fuerza.
"No lo sé."
"No voy a irme a ningún lado, Ale."
"Ese es el problema."
Colgué antes de que pudiera responder.
Me quedé ahí, sentada en el borde de la cama, mirando el móvil como si fuera a explotar. Pero Pedro no volvió a llamar. No me escribió. Ni una notificación más de él.
Y pensé que tal vez eso era lo mejor.
Pero claro que no lo fue.
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