Fanfics

27

00:07, 17 March 2025

Después de salir de la discoteca, Pedro y yo caminamos por las calles de Madrid. La ciudad estaba en su punto más vivo, con las luces de los bares y restaurantes iluminando las aceras, y la gente riendo y fumando afuera de los locales.

El aire estaba fresco, pero mi piel seguía ardiendo por todo el alcohol y la discusión en la fiesta. Pedro iba caminando a mi lado, con las manos en los bolsillos y esa media sonrisa suya que nunca desaparecía del todo.

"¿Dónde vamos?" pregunté, cruzándome de brazos.

Pedro sonrió de lado. "Tengo hambre. ¿Te apetece un kebab?"

Fruncí el ceño. "¿Un kebab? ¿En serio?"

"¿Por qué no?"

Me mordí el labio, dudando. Lo último que quería era seguir pasando tiempo con él después de todo lo que había pasado, pero una parte de mí, una parte muy débil y estúpida, no quería despedirse todavía.

Pedro me miró con esa expresión confiada que siempre conseguía desarmarme. "Venga, tía. No te hagas la difícil."

Rodé los ojos. "Vale, pero solo porque tengo hambre."

Pedro sonrió y pasó un brazo por mis hombros, guiándome hacia una calle más estrecha donde se alineaban los típicos locales de comida rápida abiertos hasta tarde. Encontramos un camión pequeño, con una ventanilla iluminada y un hombre turco que nos miró con expresión cansada desde detrás del mostrador.

Pedro pidió dos kebabs con todo, y nos sentamos en una mesa alta de metal afuera del local. Pedro se quitó la chaqueta y la puso sobre el respaldo de la silla, recargándose con una comodidad irritante.

Yo me crucé de brazos, mirándolo mientras él desenvolvía el kebab con una sonrisa satisfecha.

"¿Vas a comer o solo vas a mirarme?" dijo Pedro, con la boca medio llena.

Lo miré con irritación y cogí mi kebab, dándole un mordisco. Pedro sonrió, satisfecho.

Pero entonces, la paz terminó en menos de dos minutos.

Un grupo de chicos pasó por la calle, y uno de ellos giró la cabeza hacia nosotros. Lo vi fruncir el ceño, y después sus ojos se abrieron como platos.

"¡Tío, es Quevedo!"

Pedro levantó la mirada y le dio una sonrisa cansada. "¿Qué pasa, bro?"

Los chicos se acercaron rápidamente, emocionados. Uno sacó el móvil y empezó a grabar.

"¿Nos podemos sacar una foto contigo?"

Pedro miró hacia mí con una expresión de disculpa. Yo rodé los ojos.

"Claro, hermano" dijo Pedro, levantándose y posando con los chicos mientras ellos le pasaban el móvil a otro para que tomara la foto.

Empezaron a aparecer más personas. Primero, un par de chicas. Luego, un grupo de chicos. Todo el mundo reconocía a Pedro, algunos incluso a mí.

El pequeño local de kebabs empezó a llenarse de gente curiosa que sacaba el móvil y murmuraba mientras miraba hacia nuestra mesa.

Pedro regresó a sentarse, pero entonces una chica rubia se acercó directamente a nuestra mesa.

"Pedro, ¿me puedo sacar una foto contigo?"

Pedro miró hacia mí y yo le lancé una mirada fulminante.

"Venga, rápido" dijo Pedro, levantándose otra vez para posar con la chica.

Ya estaba harta. Dejé mi kebab en la mesa y me crucé de brazos. Cuando Pedro volvió a sentarse, lo miré con una expresión glacial.

"¿Podemos hablar o vas a seguir firmando autógrafos?"

Pedro soltó una risa baja y pasó una mano por su cabello desordenado. "Relájate, Gordi. Ya está."

"No me pidas que me relaje cuando todo el mundo está viéndonos" le dije, levantando las manos. "¿Te das cuenta de que todo esto va a estar en todos lados mañana?"

Pedro me miró con esa expresión que tanto me irritaba, mezcla de confianza y fastidio.

"¿Y qué importa?"

"¡Me importa a mí!"

Pedro apoyó los codos en la mesa y me miró directamente a los ojos. "No debería."

Fruncí el ceño, pero Pedro se inclinó más hacia mí.

"Ale" dijo, en voz baja. "¿Te crees que me importa toda esa mierda? Lo único que me importa eres tú."

Solté una risa amarga. "Pues no lo parece."

Pedro soltó un suspiro y pasó una mano por su cabello. "Mira, en Argentina... no pasó nada. De verdad. Sí, bailé con esa tía, pero en cuanto me tocó el cuello y vi su intención, me largué. No quería hacerte daño."

Lo miré con desconfianza. "¿De verdad?"

Pedro asintió. "Lo juro."

Suspiré y aparté la mirada. Quería creerle, pero había demasiadas heridas abiertas entre nosotros.

"¿Por qué me sigues buscando, Pedro?" pregunté, con voz cansada.

Pedro se inclinó más hacia mí, y su voz bajó a un tono casi vulnerable. "Porque te quiero, Ale. Porque me haces falta. Y porque odio verte con otros tíos."

"¿Y tú qué?" dije, mirándolo con furia. "¿Te crees que me encanta verte con otras chicas?"

Pedro sonrió con ironía. "Ya, pero no es lo mismo."

"Claro que es lo mismo" dije, levantando la voz. "Es exactamente lo mismo."

Pedro se pasó la lengua por los labios y me miró fijamente. "Mira, no voy a seguir jugando a esto. Te quiero de vuelta."

"Pedro..."

"Lo digo en serio" insistió él. "Te quiero de vuelta."

Lo miré a los ojos, sintiendo cómo el pecho me dolía de la tensión.

"No puedo" dije finalmente.

Pedro frunció el ceño. "¿Por qué no?"

"Porque no me fío de ti" dije, con la voz rota.

Pedro apretó la mandíbula y miró hacia la calle.

"Pero podemos ser amigos" dije, después de un largo silencio.

Pedro me miró de nuevo, sus ojos claros brillando bajo la luz tenue de la calle.

"¿Amigos?" dijo, con una sonrisa sarcástica.

"Amigos" repetí, segura de mis palabras.

Pedro soltó una risa baja y amarga. "Vale. Amigos, entonces."

Me levanté y él hizo lo mismo. Nos quedamos mirándonos por un segundo, en silencio.

Pedro me miró una última vez antes de meter las manos en los bolsillos.

"¿Te llevo a casa?"

Negué con la cabeza. "Mejor no."

Pedro asintió lentamente. "Vale."

Empecé a alejarme, sintiendo su mirada en mi espalda mientras me perdía entre las calles de Madrid. Sabía que esto no había terminado.

No realmente. Pero, por ahora, ser amigos tendría que ser suficiente.

————————————————————————-

Las semanas pasaron en una especie de limbo extraño. Pedro y yo seguíamos viéndonos, pasando tiempo juntos, pero con esa tensión incómoda flotando siempre en el aire. A veces salíamos con Alana y Martina, íbamos a fiestas o simplemente nos quedábamos en el piso viendo películas. Todo el mundo nos veía juntos, y claro, las redes no tardaron en volverse locas con las especulaciones.

Pedro y yo éramos cuidadosos... hasta cierto punto. No había besos, ni caricias demasiado evidentes, pero la manera en que él me miraba o cómo se inclinaba hacia mí cuando hablábamos hacía que cualquiera que nos viera pensara que había algo más. Y había algo más. Claro que lo había.

Una noche, estábamos en un club en Malasaña. La música retumbaba en las paredes y las luces parpadeaban en tonos rojos y azules. Yo llevaba un vestido negro corto y unas botas hasta la rodilla; Pedro estaba con una camiseta blanca ajustada y una cazadora de cuero. Estaba irresistible y lo sabía.

Estábamos en el área VIP con Alana y Martina. Pedro estaba sentado a mi lado, con el brazo apoyado en el respaldo del sillón, tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo. Mi copa estaba medio vacía y el vodka ya empezaba a subir a mi cabeza.

Pedro se inclinó hacia mí, su aliento rozando mi oído. "¿Estás bien?"

Asentí, aunque no estaba segura de si era por el alcohol o por lo cerca que estaba de él. Pedro me miró a los ojos, esa mirada oscura que siempre conseguía desarmarme.

Pero entonces una chica se acercó a él, una rubia de labios rojos y vestido ajustado. Le sonrió y le susurró algo al oído. Pedro sonrió de lado, esa sonrisa confiada y despreocupada que me hacía querer darle un golpe.

Sentí una punzada en el estómago cuando vi que la chica puso una mano en el brazo de Pedro. Él se dejó hacer, aunque no apartaba la mirada de mí.

Alana me miró, levantando una ceja. "¿Amigos, eh?"

Rodé los ojos y me levanté para ir a la barra. Sentí la mirada de Pedro siguiéndome mientras caminaba. Pedí otro vodka y me lo tomé de un trago. Cuando volví a la mesa, Pedro ya estaba de pie, con la chica aún pegada a él.

"¿Te importa?" le dije a la chica, con una sonrisa gélida.

Ella me miró con arrogancia, pero antes de que pudiera responder, Pedro dijo: "Tía, ya."

La chica puso los ojos en blanco y se fue. Pedro me miró con una mezcla de diversión y fastidio.

"¿Celosa?" preguntó, con una sonrisa burlona. "No" respondí, aunque mi tono me delataba.

Pedro se acercó, tan cerca que nuestras bocas casi se tocaban. Podía oler el alcohol en su aliento, sentir la tensión entre nosotros vibrando en el aire.

"Si estamos solo como amigos..." dijo Pedro, con voz baja. "¿por qué te molesta tanto?"

No respondí. No podía responder. Porque no tenía una buena respuesta.

Al día siguiente, las redes estallaron.

Fotos nuestras en la discoteca. Yo mirándolo con cara de odio. La chica rubia pegada a Pedro. Los comentarios no tardaron en llegar:

"¿Otra vez están juntos?""Pero, ¿no habían cortado?""Ella parece molesta...""Pedro está jugando con ella."

Pero el golpe final llegó cuando Pedro respondió un comentario en su última publicación de Instagram. Era una foto suya en el estudio, con un cigarro en la mano y esa expresión relajada y confiada que siempre tenía.

Un fan comentó: "¿Estás otra vez con Ale?"

Pedro respondió: "Na, solo colegas."

Lo vi sentada en mi cama, con el móvil en la mano. Mi corazón se hundió en el pecho.

Alana entró en el cuarto y me vio con el móvil en la mano. "¿Estás bien?"

"Sí" dije, pero no estaba bien. Porque dolía. Claro que dolía. Pero también sabía que era lo mejor.

Pedro y yo no podíamos volver a caer en lo mismo. Él me había hecho daño. Yo le había hecho daño. No podíamos simplemente volver como si nada. Y si ser solo amigos era lo único que podíamos ser, entonces tendría que aceptar eso.

Pero aceptar algo no significa que deje de doler.

Seguimos viéndonos. Salíamos juntos, íbamos a cenas, a eventos. La prensa seguía pendiente de nosotros, y las preguntas no cesaban. Al principio, Pedro y yo nos reíamos de eso, pero la tensión empezó a acumularse.

Una noche, estábamos en un rooftop en Madrid. Pedro estaba con su grupo de amigos, y yo estaba con Alana y Martina. Estábamos en mesas separadas, pero nuestras miradas se cruzaban constantemente. Pedro tenía una modelo sentada en su regazo, riendo por algo que él le había dicho.

Alana me miró con una sonrisa de lado. "Eso no te está gustando nada."

"Me da igual"

There are no comments yet. Log in to be the first to leave a review!

Similar stories