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EXESO

06:53, 14 March 2025

Había pasado una semana desde que volvimos a Madrid, y todo parecía haber vuelto a la calma. La prensa ya no nos perseguía a todas partes y las redes sociales comenzaban a dejar de hablar de nuestra reconciliación en Las Palmas. Pero la tranquilidad duró poco.

Pedro estaba preparándose para el inicio de su tour en Latinoamérica, y el ritmo de trabajo que estaba llevando era... inhumano. Se levantaba temprano para ir al estudio, volvía a casa pasada la medianoche y, aun así, seguía componiendo, ensayando, respondiendo mensajes y llamadas de su equipo. Cada vez que intentaba hablar con él, estaba distraído o simplemente exhausto.

"¿Estás bien?" le pregunté una noche mientras estábamos en el sofá de su piso. Él tenía el portátil en las piernas y su celular en la mano.

"Sí, gordi," respondió sin mirarme.

"Pedro, no has parado en días," insistí, sentándome a su lado y quitándole el portátil de las manos.

"¡Joder, Ale! ¡Estoy trabajando!"

"¡No puedes seguir así!"

Pedro se pasó las manos por el rostro, respirando hondo.

"¿Y qué quieres que haga? ¡El tour empieza en dos semanas! ¡Tengo que tener todo listo!"

"Pero te estás matando."

"Estoy bien," insistió.

Pero no lo estaba. Lo veía en su mirada cansada, en las ojeras cada vez más marcadas bajo sus ojos. Incluso su piel se veía más pálida de lo normal.

Lo peor fue esa noche, cuando me desperté a las tres de la mañana y lo encontré en el estudio de su piso, con la música a todo volumen y escribiendo frenéticamente en un cuaderno.

"Pedro," dije, entrando al estudio.

Él levantó la mirada y supe inmediatamente que algo iba mal. Sus pupilas estaban dilatadas y su respiración era rápida.

"¿Qué haces despierta?" murmuró.

"¿Estás... drogado?" solté directamente.

Pedro cerró el cuaderno de golpe y se levantó rápidamente.

"¡¿Qué coño dices?!"

"Pedro, ¡mírate! Llevas días sin dormir, apenas comes y... ¡esto no es normal!"

"¡Estoy bien, Ale!" gritó.

"¡No, no lo estás! ¿Estás tomando algo?"

Pedro se llevó las manos a la cabeza, caminando en círculos por el estudio.

"¡Claro que no! ¡Joder! ¡¿Cómo puedes pensar eso de mí?!"

Me acerqué a él, mirándolo directamente a los ojos.

"Porque te amo y me doy cuenta cuando algo está mal," dije en voz baja.

Pedro se quedó inmóvil por un momento. Entonces su respiración comenzó a volverse errática y se dejó caer en el sofá del estudio, con las manos cubriendo su rostro.

"Pedro..."

"Es solo que... no puedo fallar, Ale," murmuró, sin mirarme. "No puedo permitir que esto salga mal. Todo el mundo espera que sea perfecto. Si me equivoco, todo se va a la mierda."

Me senté a su lado y le tomé las manos, obligándolo a mirarme.

"Pero te vas a destruir en el proceso."

Pedro cerró los ojos y dejó escapar un suspiro tembloroso.

"Si fallo, pierdo todo."

"¿De verdad crees que vas a perderlo todo por no hacer un concierto perfecto?"

Pedro me miró y una lágrima rodó por su mejilla.

"No entiendes cómo funciona este mundo, Ale."

"Claro que entiendo," dije. "Estoy empezando a vivirlo contigo. Y lo que estoy viendo es que te está consumiendo."

Pedro apoyó la cabeza en mi hombro y respiró hondo.

"Lo único que no quiero perder... eres tú."

"Entonces deja de tratar de complacer a todo el mundo. Solo... sé Pedro conmigo."

Pedro levantó la cabeza y me miró con una expresión rota.

"No sé cómo hacer eso."

Lo besé suavemente en los labios, pasando mis dedos por sus rizos.

"Te ayudaré a descubrirlo."

Pedro apoyó su frente contra la mía y respiró hondo.

"Pero necesito terminar de preparar el tour," murmuró.

"Lo sé. Pero lo harás bien, sin matarte en el proceso."

Pedro asintió lentamente, pero todavía veía la tensión en su rostro.

Al día siguiente, Pedro se fue temprano al estudio y yo decidí quedarme en casa. Pero no pasó mucho tiempo antes de que mi teléfono comenzara a vibrar sin parar.

Abrí Instagram y me encontré con varias fotos nuevas de Pedro. Paparazzis lo habían captado entrando y saliendo del estudio con el mismo rostro cansado y la misma ropa de la noche anterior. Las publicaciones estaban llenas de comentarios preocupados y especulativos.

"Quevedo se ve fatal últimamente.""¿Pedro está usando drogas?""¿Pedro está enfermo?""¿Ale no lo está cuidando bien?"

Solté el teléfono, sintiéndome mareada.

Un mensaje entró de Alana.

Alana 🩷: "Tía, ¿has visto lo que dicen de Pedro? ¿Está bien?"

Ale: "No lo sé."

Estaba por contestarle cuando mi teléfono comenzó a sonar. Pedro.

"¿Hola?" respondí rápidamente.

"Gordi..."

Su voz sonaba extraña.

"Pedro, ¿estás bien?"

"No. Necesito que vengas al estudio."

"¿Qué pasó?"

"Solo ven. Por favor."

Colgó.

Sentí una presión en el pecho mientras me levantaba y tomaba mi bolso.

Cuando llegué al estudio, la puerta estaba entreabierta. Entré y lo encontré en el sofá, con las manos temblando y el rostro enterrado entre las rodillas.

"Pedro..."

Él levantó la cabeza y vi lágrimas en sus ojos.

"No puedo hacer esto," susurró.

Corrí hacia él y me arrodillé frente a él, tomándole las manos.

"Pedro, ¿qué pasó?"

Pedro cerró los ojos y respiró hondo.

"Estoy perdiendo el control, Ale. No puedo manejarlo."

"Entonces para."

"¡No puedo parar!" gritó. "¡Hay demasiado en juego!"

Le tomé el rostro entre mis manos, obligándolo a mirarme.

"Entonces déjame ayudarte. Pero no puedes seguir así. No puedes hacerlo solo."

Pedro se quedó mirándome por un largo momento.

"¿Te quedarás conmigo?"

"Siempre."

Pedro cerró los ojos y me abrazó con fuerza.

Decidimos que lo mejor era alejarnos de todo por unos días antes de que empezara el tour en Latinoamérica.

Él necesitaba desconectarse del trabajo y yo necesitaba aclarar mi mente. Barcelona parecía el lugar perfecto. Pedro tenía algunos contactos ahí, así que organizó todo para que pudiéramos quedarnos en un hotel privado con vista al mar.

Desde el momento en que aterrizamos, todo fue perfecto. El aire salado y el sonido de las olas nos recibieron al bajar del avión, y Pedro parecía mucho más relajado.

"Vamos a olvidarnos de todo por unos días, ¿vale, gordi?" dijo, tomando mi mano mientras subíamos al coche que nos llevaría al hotel.

"Vale," respondí, apoyando mi cabeza en su hombro.

El hotel era increíble. Nos habían dado una suite con terraza privada que daba directamente al mar. Las paredes eran de cristal, y desde la cama se veía el reflejo dorado del sol sobre el agua. Pedro no perdió tiempo y se quitó la camiseta nada más entrar.

"¿Te vas a quedar ahí parada o te vas a venir conmigo a la playa?" dijo, mirándome con una sonrisa traviesa.

Me reí y negué con la cabeza.

"Déjame cambiarme primero."

Pedro se acercó y deslizó las manos por mi cintura, pegándome a él.

"Te voy a esperar en el agua, gordi."

Se inclinó y me besó lentamente. Su lengua se deslizó sobre la mía con una suavidad que me hizo estremecer.

"Baja rápido," murmuró contra mis labios antes de soltarme y salir al balcón.

Lo seguí con la mirada mientras lo veía quitarse las chanclas y bajar por las escaleras que daban directamente a la playa. Su piel dorada brillaba bajo el sol, y sus rizos estaban despeinados por la brisa marina.

Sabía que cualquier persona que lo viera en ese momento probablemente estaba deseando estar en mi lugar.

Me puse un bikini negro y una camiseta blanca ancha por encima antes de bajar tras él. Pedro ya estaba en el agua, mirándome con una sonrisa de medio lado mientras las olas rompían a su alrededor.

"Venga, gordi. ¡El agua está buenísima!"

Metí los pies en el agua y caminé hacia él. Cuando llegué, Pedro me rodeó con sus brazos y me levantó, haciéndome gritar de sorpresa.

"¡Pedro!"

"Te tengo," dijo, riéndose.

Pasamos el resto de la tarde ahí, en el agua, entre risas y besos. Pedro parecía tranquilo por primera vez en semanas, pero yo todavía tenía una sensación extraña en el pecho.

Lo noté esa noche, cuando estábamos acostados en la cama después de cenar. Pedro estaba desnudo bajo las sábanas, con un brazo sobre mi cintura y su respiración pesada. Yo estaba acurrucada contra su pecho, sintiéndome casi completamente en paz.

Pero entonces él se levantó de repente.

"¿A dónde vas?" pregunté, entrecerrando los ojos.

"A por agua," dijo rápidamente.

Lo vi levantarse y dirigirse hacia el baño, pero tardó demasiado en volver. Después de unos minutos, me levanté y fui tras él.

La puerta del baño estaba entreabierta, y cuando la empujé, encontré a Pedro inclinado sobre el lavabo, con las manos apoyadas en el mármol y respirando de manera irregular.

"Pedro..."

Él levantó la mirada rápidamente, y cuando nuestros ojos se encontraron, supe que algo estaba mal. Su respiración estaba acelerada y sus pupilas, dilatadas.

"¿Estás bien?"

"Sí, gordi. Solo... estoy cansado."

"Pedro," dije, acercándome a él. "No me mientas."

"No te estoy mintiendo."

Tomé su rostro entre mis manos y lo obligué a mirarme a los ojos.

"¿Estás usando algo para aguantar el ritmo? ¿Estás tomando algo?"

Pedro apartó la mirada.

"No quiero hablar de esto ahora."

"¡Pues yo sí quiero!"

"¡Joder, Ale!" explotó él, apartándose de mí. "¡Te he dicho que estoy bien!"

"¡No estás bien! ¡Mírate!"

Pedro cerró los ojos y respiró hondo, pasando las manos por su cara.

"Te amo, Ale. Pero no necesito que me salves."

"¿Y si sí necesitas que te salve?"

Pedro me miró con una expresión herida.

"No voy a perderte por esto," dije en voz baja. "No voy a dejar que esto se te vaya de las manos. Yo ya he estado ahí Pedro."

Pedro se quedó callado por un largo momento, con las manos temblorosas y la respiración irregular.

"Si estoy tomando algo... solo es para aguantar. Nada grave," murmuró.

Sentí que el corazón se me rompía.

"Pedro..."

"No te preocupes por mí, gordi," dijo, inclinándose para besar mi frente.

Pero cuando intentó apartarse, lo detuve tomándole la muñeca.

"Necesitas parar antes de que esto te consuma."

Pedro cerró los ojos y suspiró.

"No puedo parar. El tour empieza en unos días."

"Entonces cuando termine el tour, tienes que prometerme que buscarás ayuda."

Pedro no respondió de inmediato. Finalmente, asintió levemente.

"Vale."

"Lo digo en serio, Pedro. No puedo verte destruirte así."

Pedro me abrazó fuerte, escondiendo el rostro en mi cuello.

"No voy a dejar que me destruya, gordi. Te lo prometo."

Pero algo dentro de mí me decía que esto no iba a ser tan fácil.

Pasamos el resto del viaje intentando aferrarnos a esa burbuja de calma. Pedro trataba de ocultar lo que estaba pasando, pero yo ya lo sabía. Lo veía en la manera en que a veces se quedaba despierto hasta tarde, o en cómo su respiración se aceleraba sin razón.

Una noche, mientras estábamos en una terraza en la playa, Pedro me miró con una sonrisa suave.

"¿En qué piensas?" le pregunté.

"En ti," respondió.

"¿Sí?"

Pedro deslizó su mano por mi mejilla y me miró con una intensidad que me hizo temblar.

"Te prometo que voy a arreglar esto, Ale."

Me incliné y lo besé suavemente en los labios.

"Ojalá pudiera creerte."

Pedro me tomó la cara entre sus manos.

"Créeme," susurró.

Y aunque quería creerle con todo mi corazón, una parte de mí sabía que la tormenta apenas estaba comenzando.

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