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21:58, 10 March 2025No fue inmediato, pero pasó rápido.
Primero fueron las notificaciones. Al principio pensé que solo sería cosa de unos días, que la gente perdería el interés y todo volvería a la normalidad. Pero no fue así. Me bastó abrir TikTok para entender que todo se había salido de control.
@fanquevedo"Ella es Ale, la chica que tiene loco a Quevedo 🥰"
2.3M de likes 500K comentarios
@ale.quevedofan"Si Ale y Quevedo no terminan juntos, yo me retiro de esta vida."1.9M de likes 800K comentarios
@alehateclub
"¿Y esta quién se cree para hacerle un escenón a Quevedo? Seguro solo está con él por la fama." 500K likes 200K comentarios
Martina estaba fascinada. "Tía, estás en todas partes." Me mostró la pantalla de su móvil mientras desayunábamos en la cocina. Alana estaba sentada al otro lado de la mesa, levantando una ceja mientras tomaba su café.
"Lo que yo no entiendo es por qué no lo aprovechas."
"¿Aprovechar qué?" Alana se encogió de hombros. "Ya te ven como influencer. Podrías hacer colaboraciones. Contactos. Ganar dinero."
Martina asintió con entusiasmo. "Sí, tía, podrías capitalizarlo. Todo el mundo quiere saber quién eres. Las marcas seguro están locas por ti." Me pasé una mano por el cabello, sintiendo la presión acumulándose en mi pecho.
"Pero yo no quiero ser influencer."
"Ya lo eres." dijo Alana, con una sonrisa ladeada. "Te guste o no." Me levanté de la mesa y me dirigí hacia el salón, pero Martina me siguió. "¿Has hablado con él?"
Me tensé. "No."
¿Te ha escrito?"
Negué. "¿Nada?"
"Nada."
Martina suspiró. "Tía, estuvo semanas sin escribirte cuando se fue a Puerto Rico, pero ahora es distinto. Está aquí en Madrid, seguro está esperando a que tú le busques."
"Pues que espere sentado." Martina soltó una risa. "Estás orgullosa."
"No es orgullo. Es dignidad." Martina me miró con cara de "claro que sí", pero no dijo nada más.Volví al sofá y abrí Instagram. Mi cuenta había explotado. Tenía más de 800K seguidores, y cada publicación estaba inundada de comentarios.
Algunas personas eran amables:
"Eres preciosa, Ale."
"¡Dios mío, no puedo creer que Quevedo esté contigo!"
"Ídola, enséñanos a atrapar a un español 😍."
Pero otras no tanto:
"Se nota que solo está con él por la fama."
"Otra interesada."
"Seguro le puso el cuerno y por eso él explotó."
Había chicas que supuestamente eran mis "amigas" en México dando entrevistas:
"Ale siempre fue un poco intensa."
"Nosotras ya sabíamos que algo así iba a pasar. Tiene un historial complicado."
"Me sorprende que Quevedo la aguante."
Y lo peor era que Pedro no aparecía por ninguna parte. Ni un mensaje. Ni una reacción. Nada. Martina se dejó caer en el sofá a mi lado, con el móvil en la mano. "¿Y qué vas a hacer?"
"¿Sobre qué?"
"Sobre Pedro."
"Nada."
"Tía..."
"¿Qué?"
"Le importas." Rodé los ojos. "Si le importara, ya habría dado señales de vida." Martina me miró como si estuviera a punto de soltar una bomba.
"¿Y si está esperando que tú le hables primero?"
"¿Por qué tendría que hablarle primero?"
"Porque..." Martina hizo una pausa"...es Quevedo."
"Ese es precisamente el problema." Martina me miró con confusión. "¿Cómo que el problema?" Suspiré. "No quiero ser la chica de Quevedo."
"Pero lo eres."
"No debería serlo." Martina se rió suavemente. "Ale... ¿le quieres?" Abrí la boca para responder, pero nada salió. Me quedé en silencio, con el móvil vibrando en mi mano por otra notificación.Martina sonrió. "Ya veo."
Pasaron dos días más. Dos días en los que cada notificación me hacía saltar, cada vibración de mi móvil me hacía pensar que era él. Pero nunca era Pedro.
Martina y Alana insistían en que le hablara primero. "Tía, de verdad, le importas. Pero es orgulloso."
"Claro que le importas," añadió Alana. "Si no, no habría hecho semejante escenón en el club."
"¿Y por qué tengo que hablarle yo primero?" Alana levantó una ceja. "¿Quieres que esto se quede así?" No. No quería que se quedara así.
Después de otra noche sin dormir, con mi móvil ardiendo entre las manos, decidí armarme de valor.
Ale: "¿Podemos hablar?"
El mensaje quedó ahí, sin respuesta durante una hora. Me arrepentí inmediatamente de haberlo enviado. Pero entonces... Pedro: "¿Dónde estás?"
Respiré hondo.
Ale: "En casa."
Pedro: "Voy."
En menos de veinte minutos, alguien tocaba el timbre de mi piso. Martina y Alana se miraron con sorpresa cuando me levanté de la cama y fui hacia la puerta.
Cuando la abrí, ahí estaba él. Pedro. Con un gorro negro y unas gafas de sol que apenas le disimulaban el rostro.
"Hola."
"Hola."
Se quitó las gafas, y cuando sus ojos se encontraron con los míos, sentí que algo se me rompía por dentro.
"¿Quieres entrar?" le pregunté. "Nah, mejor vamos a dar una vuelta."
Salimos a la calle. Caminamos en silencio por Salamanca, con las manos en los bolsillos y el eco de nuestros pasos sobre las calles de adoquines. La brisa fría de marzo me erizaba la piel.
"¿Qué está pasando, Pedro?" dije finalmente. Él miró hacia el suelo.
"No lo sé."
"¿Cómo que no lo sabes?"
"Yo... no quería que esto explotara así. Sabía que era complicado, pero nunca pensé que sería tan..."
"Público."
Asintió.
"Y ahora no sabes qué hacer."
"Es que..." Pedro soltó un suspiro "...no sé si estás lista para esto."
"¿Para qué?"
Se detuvo y me miró a los ojos.
"Para estar conmigo."
Sentí que el aire se me atascaba en la garganta.
"¿Por qué dices eso?"
"Porque te afecta demasiado lo que digan de ti. Porque cuando las cosas se pusieron difíciles, decidiste irte con otro."
Me tensé.
"No me fui con él."
"Le besaste. Ni siquiera nosotros hemos llegado ahí"
"¿Y tú qué hiciste en Puerto Rico?"
Pedro se quedó en silencio. "Eso pensé."
"Ale..."
"¿Qué pasó, Pedro?" Mi voz salió más temblorosa de lo que esperaba. Pedro pasó una mano por su cabello y miró hacia el suelo.
"Conocí a alguien."
Mi estómago se hundió.
"¿Conociste a alguien?"
"Sí."
"¿Y qué pasó?"
Pedro cerró los ojos por un momento.
"Estaba solo. Tú no me contestabas. Habían pasado días y..."
"Pedro."
"Follamos."
Fue como si el suelo desapareciera bajo mis pies.
"¿Te acostaste con ella?"
"No significó nada."
Me reí sin humor.
"¿Y eso qué importa?"
"Importa porque..." Pedro me miró con desesperación "...porque a quien quiero es a ti."
Sentí las lágrimas quemándome los ojos. "¿Y eso qué cambia?"
"Cambia que... no he dejado de pensar en ti desde que pasó."
"¿Desde que pasó qué?"
"Desde que te besó ese cabrón en el club."
"¿Tú tienes derecho a hacer lo que quieras pero yo no?"
"No es eso."
"¿Entonces qué es?"
Pedro se acercó, poniendo una mano en mi rostro. Sentí su pulgar rozar mi mejilla.
"Es que te quiero para mí."
"Pues así no funciona."
Pedro apretó los labios y respiró hondo.
"Entonces explícame cómo funciona."
Me aparté de él.
"Si quieres que confíe en ti, no puedes hacer esto cada vez que las cosas se compliquen."
"¿Y tú sí puedes?"
Me mordí el labio.
"Esto no va a funcionar si seguimos midiéndonos así."
Pedro me miró como si estuviera a punto de decir algo más, pero se quedó callado.
"Tengo que pensarlo."
"¿Pensar qué?"
"Si esto vale la pena."
Pedro hizo una mueca.
"¿Crees que no vale la pena?"
"Yo no dije eso."
"Entonces dime qué quieres."
Me quedé en silencio. Pedro me miró con esa mezcla de desesperación y rabia que solo él sabía transmitir.
"Ale..."
"Necesito tiempo."
Pedro frunció el ceño.
"¿Tiempo para qué?"
"Para ver si puedo confiar en ti."
Pedro soltó una risa amarga y pasó las manos por su rostro.
"Vale. Te doy tiempo."
Se giró para irse, pero antes de que pudiera alejarse demasiado, le llamé:
"Pedro."
Se giró, con los ojos oscuros y cargados de emociones.
"¿Sí?"
"No te acuestes con otra mientras piensas en mí."
Pedro soltó una sonrisa torcida.
"No pienso hacerlo."
Se quedó mirándome por un momento más, luego se dio la vuelta y se alejó calle abajo.
Me quedé ahí, sintiendo el frío de Madrid calándome los huesos, preguntándome qué demonios estaba haciendo con él... y conmigo misma.
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