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Capítulo 6: Respirar bajo el hielo

05:02, 11 July 2025

Escena: Búnker subterráneo. Habitación segura. 2:13 a.m.

Las luces tenues apenas dibujan los contornos de la habitación reforzada. No hay ventanas, solo una chimenea artificial que lanza un calor programado y silencioso. Las paredes son grises, frías... pero algo en el aire es cálido. Íntimo.

Alejandro está sentado en la cama, sin camisa, con el torso aún húmedo por una ducha rápida. Lleva el cabello mojado y los ojos entrecerrados, agotado. No solo por la tensión, sino por la certeza de que el mundo, allá afuera, está decidido a tragárselos vivos.

Ivan entra con una toalla en la mano. Se detiene al verlo así, sin la armadura del lenguaje diplomático ni la dureza de sus gestos públicos.

Ivan (con voz baja): —Pareces un soldado herido. Pero hermoso.

Alejandro (con una sonrisa leve, sin abrir del todo los ojos): —Y tú pareces alguien que se acostumbró a dormir con el enemigo.

Ivan (acercándose lentamente): —Eso es porque nunca supe si eras enemigo... o prueba divina de que tengo alma.

(Silencio. Ivan se arrodilla frente a él, sin solemnidad, solo con entrega. Le pasa la toalla por los hombros con movimientos lentos, cuidadosos. Alejandro se deja hacer.)

Alejandro (casi un susurro): —¿Qué estamos haciendo, Ivan?

Ivan (sin detenerse): —Estamos sobreviviendo.

(Se miran. Esta vez sin juegos, sin doble fondo. Solo dos hombres, dos países, dos corazones tensos que encontraron una grieta en el muro y se colaron por ella.)

Alejandro: —Esto no puede durar. Lo sabes, ¿no?

Ivan (apoyando su frente contra la de él): —Entonces dejemos que dure esta noche. Solo esta. Y mañana... que venga el invierno.

(Se besan. Lento. Como si el tiempo no fuera enemigo. Como si no importara que allá afuera hay órdenes de captura, titulares encendidos, y agentes buscando pistas. En ese instante, solo existe la piel. El suspiro contenido. El roce de los dedos.)

Las manos de Ivan bajan por la espalda de Alejandro como si memorizaran un mapa nuevo. Alejandro lo empuja suavemente sobre la cama, con una determinación callada. No hay urgencia, hay fuego sostenido. El tipo de calor que derrite glaciares milenarios.

Alejandro (junto a su oído): —No soy de rendirme fácil. Pero contigo... me cuesta pelear.

Ivan (sonriendo, jadeando levemente): —Entonces no pelees. Solo quédate. Aquí. Esta noche.

Y lo hace. Se quedan. Respirando juntos. En un mundo que ya los condenó, ellos deciden perdonarse entre sábanas, sudor y silencio.

Corte final: Un reloj digital marca las 3:07 a.m. Una notificación aparece en una pantalla olvidada: 🔴 Se detectó actividad en el perímetro.

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