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Capítulo 3: Bajo cero, sobre brasas

18:01, 8 July 2025

Escena: San Petersburgo, tres días después.

El cielo gris plomo se derrama sobre la ciudad como una manta pesada. La nieve cae lenta, persistente, sobre las calles adoquinadas. El Palacio de Tavrichesky brilla bajo los reflectores, preparado para una conferencia diplomática... pero no es esa la razón por la que Alejandro ha venido.

Interior: Una sala privada del ala este. Paredes altas, lámparas de cristal, una chimenea encendida.

Alejandro entra, abrigado, tenso. Lleva el sobre rojo aún guardado en su abrigo. Nadie lo ha visto llegar. Nadie debe saber que está aquí, al menos no con él.

Ivan ya lo espera junto al fuego, sin abrigo, con una copa de coñac en la mano. Su mirada, como siempre, lo desarma sin pedir permiso.

Ivan (sin moverse, pero con voz cálida): —Llegaste.

Alejandro (cerrando la puerta tras él, sin quitarse el abrigo aún): —No sabía si venir era la peor decisión... o la única posible.

Ivan: —A veces son la misma cosa.

(Un momento de silencio. Solo el crepitar del fuego y el peso de lo no dicho entre ellos.)

Alejandro (acercándose lentamente): —Dijiste que aquí no habría cámaras.

Ivan (asiente): —No las hay. Solo tú, yo... y todo lo que evitamos decir en Viena.

(Alejandro finalmente se quita el abrigo, lo deja sobre una silla. Se acerca. No hay mesa entre ellos esta vez. Solo espacio cargado.)

Alejandro (con la voz tensa): —¿Qué es esto para ti, Ivan? ¿Un juego geopolítico con beneficios colaterales?

Ivan (dejando la copa sobre la repisa, firme): —Si fuera un juego, ya habría ganado. Pero no se trata de victoria. Se trata de ti. (se acerca más) —Se trata de lo que pasa cuando estás cerca y el mundo se vuelve ruido.

Alejandro (casi temblando): —Y aun así... seguimos siendo enemigos estratégicos en más de un informe de inteligencia.

Ivan (rozando su mano, apenas): —Entonces que nuestros informes se contradigan con los hechos.

(Alejandro lo mira. Lento. Ardiente. Esta vez no retrocede.)

Alejandro (en voz baja, sin apartar los ojos): —Una parte de mí quiere detener esto aquí. Antes de que perdamos el control.

Ivan (con voz suave, firme): —Y la otra parte...

Alejandro (cortando la distancia, murmurando contra su boca): —...ya no puede.

(Y lo besa. Lento. Inevitable. Como si el invierno entero hubiera estado esperando por ese momento para derretirse por dentro.)

Corte: Exterior del palacio. La nieve cae con más fuerza. Nadie afuera lo sabe, pero adentro, dos banderas enemigas han dejado de ondear por un instante... solo para entrelazarse.

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