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Parte 1

03:38, 7 July 2025

Escena: Una cumbre diplomática secreta en Viena. Iván (Rusia) y Alejandro (México) están solos en una sala mientras esperan que empiece la reunión.

Alejandro: (cruzado de brazos, mirando por la ventana) —Siempre llegas tarde. Como si el mundo tuviera que esperar por ti.

Iván: (sonríe, acercándose con pasos lentos) —No llego tarde, solo espero el momento adecuado para aparecer... especialmente si tú estás aquí.

Alejandro: (se voltea bruscamente) —Tienes una forma muy rara de hacer diplomacia, ¿sabes?

Iván: (más cerca ahora, bajando la voz) —Y tú tienes una forma muy peligrosa de mirar... como si pudieras derretir el hielo de Siberia con solo parpadear.

Alejandro: (con una risita nerviosa) —¿Y si te dijera que no estoy jugando?

Iván: (susurra) —Entonces te diría que tampoco vine a jugar...

Se miran por unos segundos. Tensión. Silencio.

Alejandro: (apartando la mirada, pero sin alejarse) —Esto es una mala idea...

Iván: (con voz suave) —Las mejores historias empiezan con malas ideas. Iván (acercándose aún más, casi susurrando): —Dime la verdad, Alejandro... ¿Qué haces realmente aquí? No vine solo por política. Vine por ti. Alejandro (intentando mantener la compostura, pero el sonrojo lo traiciona): —N-no digas tonterías, Iván Yo solo vine porque... porque tengo una responsabilidad con mi país. Eso es todo.

(da un paso hacia atrás, pero Iván lo sigue con la mirada, sin moverse)

Iván (con una media sonrisa, voz baja y grave): —Y sin embargo, tus mejillas dicen otra cosa... ¿Te molesta que lo note? ¿O te molesta que lo diga en voz alta? Alejandro (con voz baja y seria, sin mirarlo directamente): —Lo que me molesta... es que no estamos solos.

(Levanta la vista por un segundo, directo a los ojos de Iván. Una chispa de atrevimiento se asoma en su expresión.)

—¿O acaso no te das cuenta de que hay cámaras, micrófonos... y gente esperando que cometamos un error?

Iván (cruza los brazos, sin dejar de observarlo con intensidad): —¿Y si te dijera que me gusta el peligro? (Se acerca otro paso, ya casi no hay distancia entre ellos.) —O mejor aún... que tú eres el peligro que quiero correr.

Alejandro (con la respiración contenida, apenas un susurro): —Entonces... ¿Qué esperas?

Iván (una sonrisa apenas curvando sus labios, la mirada fija en la suya): —A que me des permiso de cruzar esa última línea.

Alejandro (ladeando la cabeza, voz firme aunque baja): —¿Y si cruzarla significara un conflicto internacional?

Iván (encogiéndose de hombros, sus dedos rozando apenas el borde de la mesa entre ellos): —Entonces, que tiemblen las fronteras.

Alejandro (traga saliva, tenso, pero sin apartarse): —Eres un idiota...

Iván (murmurando, inclinándose solo un poco más cerca): —Pero soy tu idiota, ¿no?

(Silencio. Una pausa cargada. Alejandro finalmente cierra los ojos un segundo... luego los abre, decididamente.)

Alejandro (en voz baja, desafiante): —Cinco minutos. No más. Antes de que entre alguien y esto deje de ser secreto.

Iván (con una risa suave, victoriosa): —Cinco minutos pueden cambiar el mundo.

(Se miran. Ya no hay distancia. Afuera, los delegados siguen sin llegar. Adentro, el hielo y el fuego se encuentran al borde del desastre... o del inicio de algo imposible.)

(Los primeros segundos pasan como siglos. Ninguno dice nada. Solo están ahí, tan cerca que el aire parece chispear entre ellos.)

Iván (habla apenas, su aliento rozando la piel de Alejandro): —Cinco minutos no es mucho tiempo para una guerra... pero sí para una rendición.

Alejandro (con una media sonrisa, aún firme): —¿Te estás rindiendo tú... o esperas que lo haga yo?

Iván (negando lentamente, sin apartar la mirada): —Yo nunca me rindo. Pero por ti... tal vez cambiaría de táctica.

(Alejandro baja la mirada por un segundo. Sus dedos juegan con el borde de su chaqueta. Está nervioso, pero no se aleja.)

Alejandro (con tono bajo, casi para sí): —Esto no debería estar pasando...

Iván (con suavidad, tocando apenas la manga del saco de Alejandro): —Pero está pasando.

(Silencio. Solo el leve zumbido de una cámara oculta, el sonido casi imperceptible de una calefacción vieja. Todo lo demás ha desaparecido.)

Alejandro (dando un paso más cerca, sus palabras un filo suave): —¿Y si todo esto explota? Si alguien entra ahora mismo... (Mira hacia la puerta, luego a Iván.) —Sería un escándalo.

Iván (encogiéndose apenas de hombros): —A veces hay que encender un fuego para sobrevivir al invierno.

(Un instante más. El espacio entre ellos desaparece por completo. Iván alza la mano, con cuidado, rozando el rostro de Alejandro con la yema de los dedos.)

Alejandro (susurrando, la voz temblando solo un poco): —Esto no es diplomacia.

Iván (con una leve sonrisa): —Entonces por primera vez... estamos siendo honestos.

(Y en ese segundo exacto, justo cuando parece que algo va a romperse o fundirse del todo...)

[SONIDO DE UNA PUERTA LEJANA ABRIÉNDOSE]

Voz desde fuera: —Delegados, la reunión comienza en cinco minutos.

(Ambos se separan bruscamente, como si un lazo invisible se hubiera cortado de golpe. Alejandro se aclara la garganta. Iván se alisa la chaqueta, aunque su mirada aún lo desnuda todo.)

Alejandro (mirando hacia la puerta, sin mirarlo directamente): —Cinco minutos... Se acabaron.

Iván (con una sonrisa suave, sin perder ese fuego en los ojos): —Pero no lo nuestro.

(Ambos caminan hacia la salida, uno junto al otro, pero sin tocarse. Diplomáticos otra vez. Hasta la próxima chispa.)

Escena: Sala principal de la cumbre diplomática.

Una enorme mesa ovalada, rodeada de representantes de distintas naciones. Micrófonos encendidos. Documentos, traductores, cámaras discretamente instaladas en esquinas. Un ambiente frío, formal... hasta que entran Iván y Alejandro.

Ambos entran con la compostura de diplomáticos veteranos, pero el aire entre ellos sigue cargado. Demasiado cargado.

Delegado de Francia (mirando de reojo, en voz baja a su asistente): —¿Siempre han tenido esta... tensión?

Asistente (murmurando): —¿Tensión política? Delegado: —No exactamente.

Alejandro toma asiento sin mirar a Iván. Iván, por su parte, se sienta con una sonrisa que nadie entiende... excepto Alejandro.

Entonces, en medio de la primera intervención de la reunión, sucede algo que no estaba en el guion.

Una pantalla se enciende por error —o eso parece— mostrando la transmisión de seguridad privada de una de las salas contiguas. Un eco de audio mal dirigido. Solo unos segundos.

Y ahí están.

La imagen congelada de Iván tocando el rostro de Alejandro. Demasiado cerca. Demasiado íntimo. Un silencio brutal se apodera de la sala. Todos miran la pantalla. Luego a ellos. Luego, otra vez, la pantalla.

Ministro de Canadá (tras carraspear): —¿Se trata de... un nuevo tratado bilateral?

Alejandro (frunciendo el ceño, su voz clara y cortante): —Eso fue una violación a la privacidad diplomática. Quiero saber quién autorizó el uso de esas cámaras.

Iván (tranquilo, cruzando los brazos): —Y yo quiero saber por qué solo se filtró ese fragmento... tan conveniente.

Presidente de la Comisión (nervioso): —¡Debe haber sido un error del equipo técnico! Vamos a investigar...

(La tensión se transforma. Ya no es solo romántica, es política. Alejandro y Iván ahora están bajo el escrutinio internacional. Y sin embargo...)

Alejandro (mirando por primera vez a Iván en público, con calma): —Parece que el mundo ya decidió que somos noticia.

Iván (sin perder esa media sonrisa): —Entonces hagamos que valga la pena.

Corte a los titulares internacionales al día siguiente:

🗞️ "¿Rusia y México más cerca que nunca?" 🗞️ "Filtración escandalosa en Viena: ¿relación secreta o estrategia de poder?" 🗞️ "Entre el hielo y el fuego: ¿nuevo eje diplomático... o algo más?"

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