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𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 𝟑𝟎: 𝐔𝐧 𝐟𝐮𝐭𝐮𝐫𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐝𝐨

20:45, 15 February 2025

El aire fresco de Mónaco entraba por las ventanas del lujoso apartamento de Lando, mezclándose con el aroma a café recién hecho. El Gran Premio había terminado hace unos días, y después de toda la locura de la victoria, las celebraciones y los compromisos con la prensa, por fin podían tener un momento de calma solo para ellos.

Alexie, con una sudadera de Lando puesta y el cabello recogido en un moño desordenado, estaba sentada en la terraza con una taza de café entre las manos. Lando, aún en pijama, se acercó por detrás y rodeó su cintura con los brazos, apoyando la barbilla en su hombro.

—Buenos días, campeona de los madrugadores.

Ella sonrió y apoyó su cabeza contra la de él.

—Buenos días, campeón del mundo.

Lando dejó escapar una risa suave antes de sentarse en la silla de al lado. Durante unos minutos, ambos disfrutaron del silencio, de la tranquilidad de estar juntos sin prisas, sin aviones que tomar o entrevistas que dar.

Finalmente, fue Alexie quien rompió el silencio.

—¿Sabes qué es gracioso? Hace un año, ni siquiera nos conocíamos, y ahora estamos aquí... hablando de todo lo que ha pasado, de todo lo que hemos vivido juntos.

Lando asintió, observándola con atención.

—Ha sido un año increíble. Difícil a veces, pero... no lo cambiaría por nada.

Ella dejó la taza sobre la mesa y lo miró fijamente.

—¿Y ahora qué?

La pregunta flotó en el aire, cargada de significado. No era solo sobre la próxima carrera o el siguiente álbum, sino sobre ellos. Sobre su futuro.

Lando suspiró y pasó una mano por su cabello despeinado.

—He estado pensando en eso... mucho.

Alexie levantó una ceja, expectante.

—¿Y?

Él se inclinó hacia adelante, entrelazando sus dedos con los de ella.

—Quiero que encontremos un lugar juntos. No solo un apartamento donde nos veamos de vez en cuando, sino un hogar de verdad.

Alexie sintió un nudo en la garganta.

—¿Hablas en serio?

Lando sonrió.

—Por supuesto. Sé que nuestras vidas son una locura, que siempre estamos viajando y que a veces es difícil coincidir, pero quiero que tengamos un lugar al que podamos llamar nuestro, sin importar en qué parte del mundo estemos.

Ella mordió su labio inferior, procesando la idea.

—¿Dónde? ¿Londres? ¿Los Ángeles? ¿Aquí en Mónaco?

Lando se encogió de hombros.

—Podemos decidirlo juntos. Pero quiero que sea un lugar donde los dos nos sintamos en casa.

Alexie se quedó en silencio por un momento, imaginando cómo sería compartir un espacio con Lando, despertarse juntos sin la preocupación de que uno de los dos tenga que irse al día siguiente.

—Me gusta la idea. —Finalmente dijo, con una sonrisa suave en los labios.

Lando apretó su mano con cariño.

—Eso me alegra.

Alexie suspiró, apoyando la cabeza en su brazo.

—Sabes... nunca pensé que estaría aquí, teniendo esta conversación. Siempre tuve miedo de comprometerme otra vez, de repetir los mismos errores. Pero contigo... —Se detuvo, buscando las palabras correctas—. Contigo todo se siente diferente.

Lando le acarició la mejilla con ternura.

—Porque lo es. Y nunca voy a hacerte dudar de eso.

Se quedaron así por un momento, disfrutando de la paz de estar juntos.

—¿Y qué hay del futuro? —preguntó Lando después de un rato—. ¿Cómo te imaginas en unos años?

Alexie sonrió con nostalgia.

—No lo sé exactamente. Quiero seguir haciendo música, pero también quiero tiempo para disfrutar de la vida, para estar contigo sin la presión de estar siempre en movimiento.

Lando asintió.

—Yo igual. Sé que quiero seguir corriendo, pero también quiero más momentos como este. Quiero estabilidad, quiero tener algo más que carreras y aeropuertos.

Alexie lo miró con ternura.

—¿Te imaginas formando una familia algún día?

La pregunta lo tomó por sorpresa, pero no de una manera incómoda.

—Nunca había pensado en ello seriamente... pero si es contigo, me gusta la idea.

Alexie sintió su corazón acelerarse.

—No digo ahora, pero algún día.

Lando sonrió y besó su mano.

—Algún día.

Se quedaron así, hablando sobre todo y nada, imaginando juntos un futuro donde no tuvieran que elegir entre el amor y sus sueños. Donde pudieran tenerlo todo.

Y en ese momento, en una tranquila mañana en Mónaco, supieron que ese futuro estaba mucho más cerca de lo que jamás habían imaginado.

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