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𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 𝟐𝟓: 𝐂𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐲𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐠𝐚𝐫 𝐣𝐮𝐧𝐭𝐨𝐬

20:44, 15 February 2025

El sol de la tarde iluminaba la costa de Mónaco mientras Alexie y Lando paseaban por una de las zonas residenciales más exclusivas. Las calles estrechas, los balcones con vistas al Mediterráneo y la tranquilidad del lugar hacían que pareciera el sitio ideal para vivir. O al menos, eso pensaba Lando.

—Mira esto —dijo, señalando una de las entradas a un edificio moderno con ventanales de suelo a techo—. Tiene una vista increíble del puerto y está cerca de la fábrica.

Alexie se detuvo a su lado, observando el elegante diseño del edificio.

—Es bonito, pero... —hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—. No sé si quiero estar en Mónaco todo el tiempo.

Lando arqueó una ceja.

—Pero te encanta el clima, y cuando has estado aquí, siempre dices que te relaja.

—Sí, pero también me encanta Los Ángeles —respondió ella—. Y Londres tiene su encanto, aunque siempre está nublado.

Ahí estaba el dilema. ¿Dónde construirían su hogar?

Desde que habían decidido dar el paso de vivir juntos, Alexie y Lando se habían dado cuenta de que la logística no era tan simple como habían imaginado.

Para Lando, Mónaco tenía más sentido. Era donde vivían la mayoría de los pilotos, donde podía entrenar sin problemas y donde se sentía más cómodo. Para Alexie, en cambio, Los Ángeles representaba su carrera, sus contactos musicales y la ciudad en la que había construido su independencia.

Y luego estaba Londres, la ciudad en la que ambos habían pasado muchos momentos juntos, pero también la más lluviosa y caótica de las opciones.

—¿Qué tal si tenemos dos casas? —sugirió Alexie mientras tomaban un café en una terraza con vista al puerto.

Lando se rió.

—¿Y qué hacemos? ¿Nos mudamos cada semana?

—Bueno, podríamos dividir el tiempo según nuestras carreras —respondió ella, encogiéndose de hombros—. Cuando tú estés más centrado en la temporada, pasamos más tiempo en Mónaco, y cuando yo tenga más compromisos en la música, podríamos estar en Los Ángeles.

Lando se quedó pensativo.

—No suena tan loco, pero... siento que si hacemos eso, nunca tendremos un verdadero hogar juntos.

Alexie mordió su labio inferior.

—¿Y qué propones?

—Elegir un lugar que se sienta como nuestro, sin importar dónde estemos.

El problema era que ninguno de los dos estaba listo para ceder por completo.

Buscar casa también trajo consigo algunas diferencias en la manera en que cada uno veía su hogar ideal.

—No necesitamos una casa tan grande —dijo Alexie mientras recorrían una mansión con varias habitaciones en las colinas de Los Ángeles.

Lando la miró con incredulidad.

—¿Por qué no? Imagínate tener un cine privado, una sala de juegos...

—¿Para qué queremos una sala de juegos? —preguntó ella, cruzándose de brazos.

Lando puso cara de ofendido.

—¿Cómo que para qué? Imagínate jugar Mario Kart en una pantalla gigante.

Alexie soltó una carcajada.

—Eres un niño grande.

—Y tú no aprecias lo esencial de la vida.

Discusiones como esta se volvieron comunes:

📌 Alexie quería algo más acogedor, con un estudio de música y espacios llenos de luz natural.📌 Lando buscaba lo práctico y moderno, con tecnología de última generación y un gimnasio en casa.

A pesar de estos desacuerdos, había algo que los unía: querían un lugar donde ambos se sintieran en casa.

Entre visitas a diferentes casas y departamentos, también encontraron momentos especiales.

Una tarde en Londres, mientras recorrían un vecindario tranquilo, encontraron una librería pequeña en la esquina de una calle empedrada.

—Mira esto —dijo Alexie, señalando una vieja edición de un libro de viajes—. ¿Recuerdas cuando dijimos que haríamos una lista de lugares a los que queríamos ir juntos?

Lando tomó el libro y lo hojeó con una sonrisa.

—Deberíamos empezar a planearlo.

Ese tipo de momentos les recordaban que, más allá de las diferencias, lo más importante era estar juntos.

Después de semanas de indecisión, finalmente llegó el momento de tomar una decisión.

Estaban en la cocina del departamento de Lando en Mónaco cuando Alexie dejó su taza de café en la encimera y lo miró con seriedad.

—Ya sé lo que quiero.

Lando levantó la vista.

—¿Sí?

Ella asintió.

—No quiero que nuestra casa sea solo un lugar donde dejamos nuestras cosas entre viajes. Quiero que sea nuestro refugio.

Lando sonrió.

—Entonces, ¿qué propones?

Alexie tomó aire y habló con firmeza.

—Mónaco tiene sentido para ti. Los Ángeles tiene sentido para mí. Pero si queremos un hogar juntos... creo que debería ser en Londres.

Lando la miró sorprendido.

—¿Londres?

Ella asintió.

—Es donde pasamos nuestros primeros momentos juntos, donde tenemos más recuerdos. No será perfecto, pero es un punto medio entre nuestras vidas.

Lando sonrió, dándose cuenta de que ella tenía razón.

—Londres, entonces.

Y así, con una sonrisa y un beso sellaron su decisión.

Porque al final del día, un hogar no era un lugar, sino el espacio que construían juntos.

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