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𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 𝟒: 𝐋𝐚 𝐜𝐚𝐫𝐫𝐞𝐫𝐚 𝐞𝐧 𝐋𝐚𝐬 𝐕𝐞𝐠𝐚𝐬

20:36, 10 February 2025

El ambiente en el circuito de Las Vegas era una mezcla de adrenalina y expectación. La noche había caído sobre la ciudad, y las luces neón de los casinos se reflejaban en la pista, dándole un brillo casi irreal. Para muchos, este era solo otro Gran Premio, pero para Alexie, se sentía diferente. Tal vez porque nunca había prestado tanta atención a la Fórmula 1 o porque, por primera vez, sentía una conexión especial con alguien que estaba a punto de correr en la pista.

Lando Norris.

No podía negar que, desde que lo conoció, algo en él despertó su interés. No solo por el hecho de que fuera un piloto famoso, sino por la forma en la que la había tratado. No había sido condescendiente ni superficial. Había algo genuino en su manera de hablar, en la forma en la que la había mirado cuando mencionó su música.

Pero ahora, en ese preciso momento, él no era solo Lando Norris, la persona con la que había compartido un par de conversaciones. Era Lando Norris, el piloto de McLaren, el que estaba a punto de enfrentarse a una de las carreras más desafiantes del calendario.

Alexie estaba en la zona VIP, justo al lado de su padre, quien hablaba animadamente con otros ingenieros del equipo. Ella, en cambio, tenía la mirada fija en la parrilla de salida, donde los monoplazas rugían, preparándose para la largada. El latido de su corazón se sincronizaba con el sonido de los motores, cada vez más fuerte, cada vez más intenso.

—Estás más nerviosa que yo —escuchó de repente.

Giró la cabeza y se encontró con Lando, quien se había acercado a la valla que separaba la zona de invitados del pit lane. Vestía su mono de carreras, el casco en una mano y los guantes en la otra. Su expresión era relajada, pero en sus ojos se notaba la concentración.

—¿Eso crees? —preguntó Alexie, arqueando una ceja.

—Definitivamente —respondió él con una media sonrisa—. ¿No me digas que de repente te importa la F1?

—Siempre me ha interesado... solo que esta vez estoy prestando más atención.

Lando ladeó la cabeza con curiosidad, pero no dijo nada. En cambio, apoyó los codos en la valla y la miró con un aire pensativo.

—¿Cómo te sentiste antes de tu primer show?

La pregunta la tomó por sorpresa.

—Eh... estaba aterrada —confesó, sin pensarlo demasiado—. Sentía que en cualquier momento me iba a olvidar la letra o que me iba a quedar sin voz.

Lando asintió lentamente.

—Es parecido a lo que siento ahora.

Alexie frunció el ceño.

—Pero tú llevas años haciendo esto.

—Y tú llevas años cantando —respondió él con una sonrisa ladeada—. No importa cuánto tiempo llevemos haciendo algo, siempre habrá presión. Siempre queremos hacerlo mejor que la última vez.

Alexie bajó la mirada. Tenía razón. La inseguridad nunca desaparecía del todo.

—¿Y cómo lo manejas? —preguntó en voz baja.

Lando suspiró y miró hacia la pista.

—Aceptándolo. Acepto que estoy nervioso, pero no dejo que me controle. En cuanto me pongo el casco y la carrera empieza, todo desaparece.

Alexie lo observó, analizando sus palabras.

—Eso suena más fácil de decir que de hacer.

—Sí, pero funciona. Al final del día, no podemos controlar todo. Solo podemos hacer nuestro mejor esfuerzo y confiar en lo que sabemos hacer.

Hubo un breve silencio, interrumpido solo por el sonido de los autos alineándose en la parrilla. Lando se colocó el casco y se preparó para regresar a su monoplaza, pero antes de irse, miró a Alexie una última vez.

—La próxima vez que subas al escenario, recuerda esto: no necesitas probarle nada a nadie. Solo haz lo que amas.

Alexie sintió un extraño calor en el pecho ante esas palabras. Asintió lentamente y, antes de que pudiera decir algo más, Lando ya se había alejado, caminando con paso decidido hacia su coche.

La cuenta regresiva en las pantallas comenzó.

Cinco.

Los motores rugieron con fuerza.

Cuatro.

El público contuvo la respiración.

Tres.

Las luces rojas se encendieron, una a una.

Dos.

Alexie sintió un nudo en el estómago.

Uno.

Las luces se apagaron.

Los monoplazas aceleraron a toda velocidad, y la carrera comenzó.

El Gran Premio de Las Vegas fue una locura desde el inicio. Entre adelantamientos arriesgados, estrategias de neumáticos y la constante tensión de los posibles accidentes, Alexie no podía apartar la vista de la pantalla gigante que mostraba las posiciones. Lando había comenzado bien, manteniéndose en la pelea con los líderes, pero cada vuelta traía nuevos desafíos.

—Está manejando agresivo —comentó su padre, con los ojos fijos en la pista—. Pero es su estilo. Sabe lo que hace.

Alexie asintió, aunque su corazón latía a mil por hora. Nunca había sentido tanta ansiedad viendo una carrera. Cada vez que alguien intentaba adelantar a Lando, contenía la respiración. Cada vez que él defendía su posición, apretaba los puños.

A mitad de carrera, hubo un momento crítico. Un coche perdió el control justo delante de Lando, obligándolo a esquivarlo en el último segundo. El público dejó escapar un grito de asombro, y Alexie sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Dios... —susurró, llevando una mano a su pecho.

Pero Lando reaccionó con la precisión de un experto. Se mantuvo en la pista, recuperó el ritmo y siguió adelante, como si nada hubiera pasado.

El final de la carrera fue aún más emocionante. Lando estaba luchando por un puesto en el podio, y en la última vuelta, hizo un adelantamiento increíble en la recta principal. La multitud rugió, y Alexie sintió un impulso de emoción tan fuerte que se levantó de su asiento sin darse cuenta.

Cuando cruzó la línea de meta en tercera posición, el grito de celebración en el box de McLaren fue ensordecedor. Alexie sintió una sonrisa extenderse en su rostro, sorprendida por lo mucho que le alegraba ver a Lando lograr un buen resultado.

Más tarde, en la zona de paddock, Alexie vio a Lando siendo rodeado por su equipo y periodistas. Estaba cubierto de sudor, con una gran sonrisa en el rostro, mientras respondía preguntas y celebraba con su equipo.

Cuando finalmente se desocupó, la vio y se acercó con la misma confianza de siempre.

—¿Viste eso? —preguntó con una sonrisa de satisfacción.

—Sí —respondió ella—. Fue increíble.

Lando se encogió de hombros con fingida modestia.

—Solo hice lo que sé hacer.

Alexie recordó sus palabras antes de la carrera.

—Y lo hiciste sin probarle nada a nadie.

Lando la miró fijamente por un momento y luego sonrió de lado.

—Exacto.

Por primera vez en mucho tiempo, Alexie sintió que alguien realmente la entendía. Y en ese momento, supo que su historia con Lando apenas estaba comenzando.

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