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ღ⤻ chapter twelve

10:03, 11 October 2025

ღ⤻ you don't really know anything about me

Un nuevo día había llegado.Después de lo que ocurrió entre ellos bajo la ducha, el mundo ya no se veía igual para Soo Ah. La suavidad del agua había borrado algo más que el dolor: también su antigua versión.

Ahora, su reflejo en el ventanal era el de una mujer distinta.El conjunto negro que cubría su figura delineaba la elegancia que siempre tuvo, pero que nunca se permitió mostrar. La chaqueta sin mangas, ajustada en la cintura, y los pantalones de caída perfecta, la hacían parecer una sombra refinada entre el oro del atardecer y el acero de la ciudad.Su mano sostenía un vaso de whisky; el líquido ámbar se mecía despacio, reflejando el fuego del sol que caía mientras la luna ascendía con lentitud.

Detrás de ella, los pasos suaves rompieron el silencio.Moon Baek apareció desde una de las habitaciones, vestido de blanco como si quisiera desafiar la oscuridad misma. Soo Ah lo miró y esbozó una leve sonrisa antes de rozar sus labios con los de él. No dijo nada. No hacía falta. Él le ofreció su mano, y juntos abandonaron el departamento.

En el sótano, entre el eco del concreto y el brillo metálico de los autos, Moon Baek le abrió la puerta. Soo Ah subió al vehículo con la misma calma con la que observaba su nueva vida comenzar.Durante el trayecto, él revisaba una tableta en silencio mientras ella contemplaba las luces de Corea reflejadas en las ventanas. El mundo se movía igual que siempre, pero a sus ojos, nada era igual.

Minutos después, el auto se detuvo frente a una zona iluminada por neones y ruido adolescente. Soo Ah arqueó una ceja, confundida. Moon Baek bajó del auto con un gesto breve.

—Espera aquí —fue lo único que dijo.

Ella lo observó sacar dos armas del cinturón y avanzar hacia el tumulto. Un mal presentimiento la atravesó. Intentó abrir la puerta, pero el chofer la detuvo. Soo Ah lo miró con frialdad, tomó el arma del asiento trasero y apuntó directo a su cabeza.

—Ábrela.

El hombre obedeció. Soo Ah salió disparada del auto, corriendo entre gritos y luces. Entonces, un sonido seco, un disparo, y su corazón se congeló.Moon Baek apuntaba un arma hacia alguien... y esa voz...

—¡Lee Do!

Su hermano estaba ahí, con las manos en alto. Todo se detuvo. Sin pensar, Soo Ah corrió. Y cuando el disparo resonó, se interpuso sin dudarlo. El impacto la lanzó hacia adelante, cayendo en los brazos de Lee Do.

—Soo Ah... —murmuró su nombre, con desesperación.

Ella sonrió débilmente, sus labios temblando.—Lo siento, oppa...

Su cuerpo perdió fuerza. Moon Baek, con el rostro endurecido, apuntó de nuevo. El segundo disparo obligó a Lee Do a soltarla.

—¡Llévenla al auto, ahora! —ordenó con voz grave.

Uno de sus hombres obedeció, cargándola con cuidado. Moon Baek miró una de las cámaras de seguridad que lo grababan, dijo algo en voz baja... y desapareció entre la multitud antes de subir al vehículo.

Dos días habían pasado desde aquel disparo.El dolor en su cuerpo aún latía, pero el cansancio era mayor. Soo Ah se incorporó con lentitud, los cables y vendajes recordándole que seguía viva, aunque no estaba segura de por qué.

El silencio del departamento la envolvía. Al abrir la puerta, vio el resplandor del televisor dominando la sala. Moon Baek estaba allí, sentado en el gran sofá gris, los ojos fijos en las noticias que mostraban imágenes del caos en las calles. A su alrededor, varios de sus hombres tecleaban sin descanso frente a las computadoras. El ambiente olía a humo y café frío.

Soo Ah no dijo nada. Caminó despacio hasta la cocina, llenó un vaso con agua y lo sostuvo entre las manos como si fuera lo único que podía mantenerla de pie. Estaba a punto de volver a la habitación cuando escuchó su voz:

—Soo Ah.

Su cuerpo se tensó por reflejo. Giró despacio, encontrándose con su mirada. Él no se movió, solo le indicó con la mano que se acercara. Ella obedeció.

—¿Cómo te sientes? —preguntó, sin apartar la vista de la pantalla.

—Mejor —respondió ella, con un hilo de voz.

Él asintió, cruzando una pierna sobre la otra. Luego, sin mirarla, añadió con calma:

—Quédate conmigo.

Soo Ah no respondió de inmediato. Su mente estaba en otra parte, entre los gritos, los disparos, la sangre... su hermano. Aun así, asintió con un leve movimiento. Moon Baek extendió el brazo y ella se dejó caer suavemente a su lado, en el sofá.

El la rodeó con el brazo y besó su cabeza, un gesto silencioso, casi mecánico. La televisión seguía mostrando imágenes del desorden, pero ninguno de los dos habló.

Soo Ah respiró hondo, cerrando los ojos. Por un momento, permitió que su cuerpo se relajara.Ya no podía seguir temblando, ya no podía preocuparse por todo. En ese instante, solo quedaban ella... y su hermano, en algún lugar de esa ciudad que ya no parecía la misma.

El sonido del televisor llenó el vacío entre ambos.Y en ese silencio, Soo Ah entendió que el miedo ya no era lo único que la mantenía junto a Moon Baek.

La noche había caído sobre Seúl con un brillo plateado que se filtraba entre los edificios.El aire olía a lujo y peligro.

Soo Ah, vestida con un conjunto negro de líneas elegantes —una camisa de rayas y pantalones amplios que realzaban su figura— caminaba junto a Moon Baek. Él, impecable, sostenía su mano con firmeza, marcando con ese gesto una mezcla de poder y posesión.

Los tacones de ella resonaban sobre el mármol cuando entraron al salón principal. Cientos de miradas se volvieron hacia ellos; el murmullo se expandió como una ola de desconfianza. Nadie entendía quién era esa mujer que entraba de la mano del hombre más temido del lugar.

—¿Quién se cree que es para entrar así? —soltó uno de los presentes, con una sonrisa burlona.

Moon Baek se detuvo. Lentamente, giró el rostro hacia Soo Ah y deslizó una pistola de su abrigo, colocándola en sus manos.Su mirada era firme.

—Hazlo.

El silencio cayó de golpe.Soo Ah sintió el peso del arma, el frío del metal, y el temblor casi imperceptible de sus dedos. El hombre rió con desprecio.

—¿Una mujer? ¿De verdad?

Un disparo lo interrumpió.La bala cruzó el aire con un rugido seco antes de hundirse en su pecho.El cuerpo cayó de inmediato, y la sangre comenzó a extenderse como una mancha oscura sobre el piso.

Moon Baek sonrió apenas.

—Ahora sí —dijo con voz tranquila, dirigiéndose a los demás—. Concéntrense, señores. Esto es serio.

Extendió la mano. Soo Ah le devolvió el arma y él la lanzó al centro de la mesa.

—El primero que dispare —añadió— será mi nuevo socio.

El caos estalló.Los hombres se abalanzaron sobre la pistola, gritos y maldiciones llenaron la sala. Uno logró tomarla, apuntó... pero el arma no respondió.Moon Baek soltó una carcajada baja y se sentó sobre la mesa, ajustándose las gafas con una calma inquietante.

Los disparos verdaderos vinieron de sus hombres, que irrumpieron sin piedad. En cuestión de segundos, el silencio volvió, manchado de pólvora y muerte.

Moon Baek tomó a Soo Ah por la cintura, acercándola a él.

—No pensé que lo harías —murmuró con media sonrisa.

Ella lo miró directo a los ojos.—En realidad, no sabes nada de mí.

Él soltó una risa corta, genuina, antes de besarle la sien. Luego caminó hacia uno de los sobrevivientes, un hombre tembloroso que intentaba no mirar los cuerpos en el suelo.

Moon Baek lo abofeteó con fuerza.—¿Eso te asustó? —preguntó con burla.

El hombre asintió en silencio, temblando.

—Cariño —dijo Moon Baek sin apartar la vista de su víctima—, en tu bolsa.

Soo Ah entendió. Sacó un teléfono y se lo entregó. Moon Baek lo lanzó sobre la mesa frente al hombre.

—Vas a contestar. Vas a limpiar esto. Y después... vas a rezar por seguir respirando.

El silencio volvió a ser absoluto.Moon Baek entrelazó los dedos con los de Soo Ah y la condujo fuera del salón, caminando entre los cuerpos con la misma tranquilidad con la que habían entrado.

ღ⤻ ¡Eso soo ah, loba loba!

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