ღ⤻ chapter five
09:29, 11 October 2025ღ⤻ my mom had sex
Soo Ah estaba en la sala, con la televisión encendida y un tazón de arroz en las manos, cuando la voz de su hija la hizo voltear.
—¡Mamá! —gritó Eunbi desde el pasillo—. Encontré esta chaqueta colgando de la lámpara.
Apareció frente a ella sosteniendo una chaqueta negra demasiado grande para sus pequeños brazos. Soo Ah se atragantó con lo que estaba comiendo, tosiendo con fuerza mientras la niña la observaba, divertida.
—¿Qué? —preguntó Eunbi, frunciendo el ceño.
Soo Ah se levantó de inmediato, arrebatándole la prenda con torpeza.
—Es mía —dijo con voz seca.
Eunbi soltó una carcajada.
—¿Tuya? Mamá, eso te queda como vestido. ¡Ni siquiera te entra en los hombros!
—Eunbi... —la miró con una ceja levantada, amenazante.
Pero la niña ignoró la advertencia y, con una sonrisa traviesa, la tomó del brazo.
—¡Volviste con papá! —exclamó con emoción.
—¿Qué? ¡No! —Soo Ah casi gritó—. ¡Deja de decir tonterías y vete con tus amigos, anda!
Eunbi comenzó a reír, dando saltitos alrededor de la sala.
—Anda, dime con quién sales. ¿Es alguien del trabajo? ¿O acaso... ommo, no me digas que tuviste...?
—¡Ahn Eunbi! —bramó Soo Ah, roja como un tomate.
La niña soltó una carcajada y salió corriendo hacia su habitación, gritando a todo pulmón:
—¡Mi mamá tuvo sexo!
—¡EUNBI! —le gritó Soo Ah desde la sala, tapándose la cara con ambas manos mientras el eco de la risa de su hija se perdía por el pasillo.
El timbre sonó justo cuando Soo Ah terminaba de recoger los platos. Frunció el ceño, mirando hacia la puerta. No esperaba a nadie.
—Eunbi, ve a abrir —dijo mientras se secaba las manos con una toalla.
—¡Estoy en pijama! —respondió la niña desde su habitación.
Soo Ah rodó los ojos y caminó hacia la entrada. Al abrir la puerta, se encontró con Moon Baek de pie, sosteniendo una bolsa con dos cafés y una sonrisa algo tímida.
—Buenos días —saludó él—. Vine por... mi chaqueta.
El rostro de Soo Ah se contrajo en una expresión entre sorpresa y resignación.
—Claro que viniste —murmuró para sí misma.
Moon Baek sonrió con suavidad, notando su tono.
—También traje café. Por si... no dormiste.
Ella bufó, pero sus labios se curvaron apenas.
—Pasa.
Moon Baek entró, mirando alrededor. La casa olía a tostadas y jabón. Sobre la mesa estaba la chaqueta, perfectamente doblada. Antes de que pudiera decir algo, Eunbi apareció con el cabello desordenado, vistiendo una pijama rosa con dibujos de conejos.
—¿Mamá, quién—?
Se detuvo al ver al hombre en la sala. Lo miró de arriba abajo, luego volvió la vista a su madre con una sonrisa enorme.
—Ohhh... así que él es el dueño de la chaqueta.
Soo Ah palideció.
—Eunbi, no empieces.
Moon Baek arqueó una ceja, divertido.
—¿Chaqueta?
—Nada importante —dijo Soo Ah rápidamente, lanzándole una mirada asesina a su hija.
Eunbi cruzó los brazos.
—¿Nada importante? Estaba colgada de la lámpara, nada importante.
Moon Baek apretó los labios conteniendo la risa, mientras Soo Ah le daba la espalda para no mostrar su rostro encendido.
—Ve a tu cuarto, Eunbi.
—¿Es tu novio? —preguntó la niña sin moverse del lugar.
—¡Ahn Eunbi!
La pequeña rió, corriendo a su habitación mientras gritaba:
—¡Te dije que habías vuelto con papá, pero resulta que era otro!
Moon Baek soltó una carcajada suave, dejando la bolsa sobre la mesa. Soo Ah se llevó una mano al rostro, intentando no sonreír.
—No te rías —dijo entre dientes.
—Lo intento —respondió él, sonriendo con ternura—. Pero es igualita a ti.
Soo Ah lo miró de reojo.
—No empieces con eso.
Él dio un paso hacia ella, ofreciendo el café.
—Entonces... ¿puedo al menos invitarte a no dormir otro rato conmigo?
Ella tomó el vaso, fingiendo pensar.
—Depende. ¿Vas a colgar otra chaqueta en mis lámparas?
Moon Baek soltó una risa suave, mirándola con esa calma que la desarmaba.
—Prometo que la próxima vez la dejaré en el sillón.
—La próxima vez... —repitió ella, bajando la mirada con una sonrisa apenas visible—. Qué confianza.
Moon Baek bebió un sorbo de su café.
—No confianza. Esperanza.
—Ahí tienes tu chaqueta —dijo Soo Ah, señalando la prenda doblada sobre el sofá. Su voz sonaba neutra, aunque en sus ojos aún brillaba un dejo de nervios.
Moon Baek la tomó con calma, pasando los dedos por la tela. —No vine solo por esto —admitió, levantando la mirada hacia ella—. Me llamó Lee Do. Quiere que vaya a verlo.
Soo Ah arqueó una ceja. —¿Mi hermano te llamó?
—Sí. Dijo que quiere hablar conmigo... sobre el caso, supongo —respondió él, encogiéndose de hombros.
Ella suspiró, dejando su taza de café sobre la mesa. —Bien, iremos.
—¿Iremos? —repitió Moon Baek, sorprendido—. No creo que sea buena idea, todavía estás suspendida y—
—No pregunté si era buena idea —interrumpió ella, girándose para tomar sus llaves—. Dije que iremos.
Él iba a replicar, pero una voz lo detuvo.
—¡Mamá! —gritó Eunbi saliendo de su habitación, ya vestida con jeans y una sudadera clara, el cabello perfectamente peinado y una mochila colgando del hombro.
Soo Ah la miró con sospecha. —¿A dónde vas tan temprano?
—Saldré con mis amigos —respondió con una sonrisa—. Pero quería despedirme.
Se volvió hacia Moon Baek con una pequeña reverencia juguetona. —Adiós, señor chaqueta.
Soo Ah soltó un bufido, casi atragantándose con su propio aliento.—¡Eunbi!
—¿Qué? —preguntó la niña inocentemente—. ¿No se llama así?
Moon Baek se aguantó la risa, mirando hacia otro lado mientras Soo Ah fruncía el ceño con las manos en la cintura.—Ve, y no regreses tan tarde a casa.
—¡Sí, mamá! —respondió la joven riendo, saliendo por la puerta.
El silencio volvió a llenar el departamento. Soo Ah se giró, dispuesta a recoger la chaqueta de la mesa, pero antes de que pudiera hacerlo, Moon Baek ya estaba frente a ella.
Sus manos la tomaron suavemente por la cintura, acercándola con un movimiento firme pero tierno. Soo Ah apenas alcanzó a decir un:
—¿Qué haces—?
Cuando los labios de Moon Baek se posaron sobre los suyos.
El beso fue repentino, cálido, como si él hubiera estado conteniéndolo desde hacía días. Soo Ah se quedó quieta unos segundos, su respiración atrapada entre sorpresa y deseo; pero poco a poco sus manos subieron hasta el cuello de él, respondiendo al beso sin palabras.
Cuando se separaron, apenas unos milímetros, Moon Baek murmuró con una sonrisa apenas visible:
—Ahora sí... puedo irme tranquilo.
Soo Ah lo miró con el pulso acelerado, intentando fingir que no le temblaban los labios. —Llevas tu chaqueta. No tienes excusa para volver.
Él la miró con esa media sonrisa que la desarmaba. —Siempre puedo inventar una.
La cafetería olía a café recién molido y a tensión contenida. Soo Ah bebía en silencio, con la vista fija en el ventanal, mientras Moon Baek revisaba algo en su celular. Frente a ellos, Lee Do hojeaba un cuaderno lleno de notas y fotografías de los últimos días.
—Así que estos tipos traficaban armas desde el puerto viejo —murmuró Soo Ah, apoyando el codo en la mesa.—No solo eso —respondió Moon Baek—, también usaban los contenedores para mover algo más.
Lee Do lo miró con el ceño fruncido. —¿Algo más?Moon Baek asintió y sacó un papel del bolsillo de su chaqueta. —Direcciones, puntos de entrega. Uno de mis contactos me las pasó anoche.
Desplegó la hoja sobre la mesa. Lee Do la tomó y comenzó a leer, su expresión se endureció de inmediato.
—¿Qué pasa? —preguntó Soo Ah, inclinándose un poco.
Pero su hermano no respondió. De repente se levantó de la mesa, empujando la silla hacia atrás.—Lee Do, ¿qué carajos haces? —exclamó ella, siguiéndolo con la mirada.
Él ya salía corriendo de la cafetería. Soo Ah se levantó de golpe, tirando la servilleta.—¡Lee Do! ¡Oye!
Moon Baek ya estaba de pie, mirando hacia afuera. —Va hacia su moto.
—Perfecto —gruñó ella—, otra vez con sus ideas brillantes.
El rugido del motor se escuchó desde la calle. Soo Ah giró hacia Moon Baek.—¡Vamos!
En segundos estaban subiendo al auto. Moon Baek giró la llave, las llantas chirriaron y el coche salió disparado detrás de la motocicleta que se perdía entre el tráfico.
Pasaron varios minutos siguiendo el sonido del motor hasta llegar a un callejón estrecho, oscuro, donde una vieja casa de madera se mantenía en pie de puro milagro.La moto de Lee Do estaba tirada frente a la entrada.
—Genial —murmuró Soo Ah, soltando el cinturón.
—Soo Ah, espera —intentó detenerla Moon Baek, pero ella ya había abierto la puerta.
—No empieces. —Lo miró por encima del hombro—. Si hay tiros, cúbreme la espalda.
Caminó hacia la casa con paso firme, el aire se sentía denso, y el sonido de golpes y gritos llegaba desde dentro.Empujó la puerta y se encontró con la escena: Lee Do peleaba contra un grupo de hombres vestidos... de colores.
Soo Ah parpadeó un par de veces.—¿Qué... son los Power Rangers ahora? —bufó, incrédula.
Uno de los hombres giró hacia ella. Soo Ah soltó un suspiro, se quitó la chaqueta con calma y la lanzó sobre una silla.—Bueno... vamos a divertirnos.
El primer tipo corrió hacia ella con un cuchillo, pero en dos movimientos rápidos, Soo Ah lo desarmó y lo usó contra su compañero. En segundos, los golpes, los gritos y el sonido del metal chocando llenaron la casa.Soo Ah se movía como una sombra, ágil, implacable.Cuando el último cayó al suelo, ella respiró hondo, el cuchillo aún en su mano, y avanzó hacia el interior.
En el pasillo, vio a Lee Do forcejeando con otro hombre. Este lo superaba en tamaño, y parecía tener la ventaja, hasta que Soo Ah lo vio sacar una hoja brillante.—¡Atrás! —gritó.
Antes de que el agresor pudiera reaccionar, Soo Ah lanzó el cuchillo con precisión quirúrgica. El metal se clavó en su espalda. El tipo cayó al instante.
Lee Do se giró, jadeando, con la mirada incrédula.Soo Ah se encogió de hombros. —¿Qué? No podía dejarte la diversión.
—Sigues igual de loca... —murmuró él, limpiándose la sangre del labio.
—Y tú igual de descuidado. —Le dio una palmada en el hombro—. Ve a buscar a la señora Oh. Yo la saco.
Lee Do asintió y se alejó. Soo Ah encontró a la anciana en una esquina, temblando, con la ropa rasgada.—Tranquila, señora Oh, ya está bien. —Se inclinó y la cargó con cuidado en brazos.
Salió al exterior y se detuvo.Frente a ella, varios hombres yacían inconscientes alrededor de una camioneta negra.Moon Baek estaba sentado en el borde del cofre, limpiándose un corte en la ceja con una servilleta.
Soo Ah lo miró, exhausta, y sin decir palabra pasó junto a él para abrir la puerta trasera.—Suba, señora Oh.
Moon Baek se enderezó. —¿Dónde está Lee Do?
—Ahí viene. —Lo señaló con la cabeza. Su hermano corría hacia ellos, sosteniendo su costado herido.
—¡Vámonos! —gritó ella, metiéndose al volante.
Lee Do se subió al asiento del copiloto, y Moon Baek entró atrás junto a la anciana.El motor rugió y Soo Ah pisó el acelerador, saliendo del callejón.
Las luces de la ciudad pasaban como destellos a través del parabrisas. Soo Ah miraba por el retrovisor, viendo a la señora Oh respirar con dificultad.
—Aguante, señora. Ya casi llegamos —dijo con el ceño fruncido, sin apartar los ojos del camino.
Moon Baek, desde atrás, observaba a Soo Ah concentrada al volante.Y por primera vez en mucho tiempo, sonrió.Porque, a pesar del caos, ella seguía siendo la misma: valiente, impulsiva... y completamente impredecible.
ღ⤻ Y que les está pareciendo hastaahora?. Eunbi les cae bien?.
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