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21:10, 20 March 2025

Llevaba un mes sin Alana.

Todavía me costaba acostumbrarme a la idea de que ya no estaba a dos calles de distancia, que ya no podía llamarla para tomar un café o para llorar sobre el caos que era mi vida.

La despedida fue rápida y dolorosa, y aunque prometimos que nos mantendríamos en contacto, ya sabía cómo terminaban esas promesas. La vida seguía. A veces juntas, a veces separadas.

Pero mi vida también había cambiado en otros aspectos. Conseguí un trabajo en una empresa de un amigo de mi papá, en un puesto tan alto que me costaba creer que de verdad lo tenía.

Sabía que era buena en lo que hacía, aunque todavía estaba acostumbrándome a la rutina, a las reuniones interminables, a la presión de tomar decisiones importantes sin que me temblara la voz.

También me había mudado a un piso más pequeño, igual en Salamanca. El piso estaba todavía lleno de cajas sin abrir, y esa noche Pedro estaba ayudándome a desempacar.

"¿Y esto para dónde lo queréis?" preguntó desde la otra habitación.

"¿El qué?" grité desde la cocina, donde estaba guardando los platos.

Pedro apareció en la puerta, sosteniendo una caja con la etiqueta "ropa". Llevaba una camiseta negra que le quedaba demasiado bien y un pantalón deportivo que colgaba de su cadera como si hubiera sido diseñado para él.

Apoyó la caja en el suelo y me miró con esa expresión medio seria, medio divertida que siempre me desconcentraba.

"Tía, o te aclaras o lo dejo aquí mismo, ¿eh?"

Sonreí. "Déjalo en mi cuarto."

Pedro levantó una ceja. "¿Segura? Porque si luego me haces moverla otra vez, te cobro, eh."

"Claro, porque necesitas el dinero," respondí, rodando los ojos.

Pedro sonrió, dejando la caja en el pasillo, y volvió a la cocina, apoyándose en el marco de la puerta. Me miraba mientras guardaba los platos, y sentí el peso de su atención en mi espalda.

"¿Y dices que vas a salir con los del curro esta noche?" preguntó.

"Sí."

Pedro frunció el ceño. "¿Y qué vais a hacer?"

"Tomar algo." Cerré el último cajón y me giré hacia él. "Relájate."

Pedro se cruzó de brazos. "Estoy relajado."

"Claro."

Pedro sonrió de lado. "¿Vas a beber mucho?"

Negué con la cabeza. "No lo sé. ¿Por qué?"

Pedro se encogió de hombros. "No sé, Gordi. Es que no sé quiénes son esos tíos. Que igual te intentan meter algo raro en la copa, ¿sabes?"

Reí. "Pedro..."

"Que no estoy diciendo nada, eh, pero tú cuidado."

"¿Estás celoso?"

Pedro me miró con una sonrisa torcida. "No."

"Suena como si lo estuvieras."

Pedro se acercó, apoyando las manos en el borde de la encimera, lo suficientemente cerca como para que sintiera su calor. "No estoy celoso. Solo estoy diciéndote que tengas cuidado."

Sonreí. "Claro."

Pedro bajó la cabeza, pero seguía sonriendo.

"¿Y tú qué vas a hacer esta noche?" pregunté.

Pedro levantó la cabeza. "Nada. Quedarme en casa, supongo. O igual salgo con los chavales."

"¿Con Kiddo y Edu?"

Pedro asintió. "Sí. Si es que se deciden a salir y no se quedan jugando a la Play como críos."

Sonreí y me acerqué a él, colocando las manos en su pecho. "Bueno, igual te lo pasas mejor sin mí."

Pedro bajó la cabeza, sus labios rozando mi frente. "No."

Me quedé ahí, con las manos sobre su pecho y su respiración contra mi piel. Era fácil sentirse segura con él. Fácil olvidar que todavía había muchas cosas que no estaban resueltas entre nosotros.

"¿A qué hora vas a volver?" preguntó.

"¿Por qué?"

Pedro me miró. "Pa' saber."

"Pedro..."

Pedro sonrió. "¿Qué?"

Sacudí la cabeza, alejándome de él. "No lo sé. Cuando termine."

Pedro se quedó mirándome mientras cogía mi bolso y las llaves. "Pues avísame, ¿vale?"

"¿Para qué?"

Pedro sonrió de lado. "Para quedarme tranquilo."

Rodé los ojos, pero sonreí. "Vale."

Pedro se quedó apoyado en el marco de la puerta mientras salía del piso, y cuando cerré la puerta detrás de mí, todavía podía sentir su mirada en mi espalda.

El bar estaba abarrotado, pero la mesa que nos habían reservado en la esquina tenía suficiente espacio para que todos pudiéramos acomodarnos sin sentirnos asfixiados.

La música era alta, pero no lo suficiente como para que no pudiéramos hablar entre nosotros. La luz tenue y las paredes de ladrillo le daban al sitio un aire cálido y acogedor.

Estaba sentada entre Luca y Emily, dos de mis compañeros de trabajo que ya se habían convertido en mis favoritos.

Luca era italiano, con una sonrisa encantadora y un sentido del humor ácido que siempre me hacía reír. Emily era británica, de esas chicas que podían beber pintas de cerveza como si fuera agua y aún así mantener una conversación perfectamente coherente.

"Entonces, ¿te vas a quedar mucho tiempo en Madrid o estás pensando en volver a México?" preguntó Emily, inclinándose hacia mí con una copa de vino en la mano.

"Ni idea," respondí, girando el vaso de gin tonic entre las manos. "A veces siento que debería volver, pero otras veces..."

"Pero otras veces te sientes como en casa aquí," completó Luca con una sonrisa ladeada.

Asentí. "Sí."

Luca me miró con esa expresión que hacía que cualquiera se sintiera vista. "Madrid tiene esa forma de atraparte. Es el clima, la gente... o el hecho de que las copas son mucho más baratas."

Emily soltó una carcajada. "Definitivamente las copas."

"¿Y tú, Luca?" pregunté. "¿Te vas a quedar mucho tiempo?"

Luca se encogió de hombros. "De momento sí. Pero si me ofrecen algo interesante en Milán, quizás me lo piense."

"Pero entonces nos dejarías solos," protestó Emily, fingiendo indignación.

"Bueno, aún tienes a Ale," respondió Luca, mirándome con una sonrisa traviesa.

"Sí, claro, como si Ale no fuera a abandonarnos también," dijo Emily.

"Ey," protesté, levantando las manos. "Aún estoy aquí."

"Por ahora," murmuró Luca, pero seguía sonriendo.

"¿Otra ronda?" preguntó Emily, levantándose.

"Sí," respondimos Luca y yo al mismo tiempo.

Emily desapareció entre la multitud, dejándome a solas con Luca. Él se inclinó hacia mí, apoyando el codo en la mesa.

"Así que..." dijo, mirándome con esa sonrisa ladeada. "¿Cómo va lo tuyo con el chico misterioso?"

Sentí que el estómago se me encogía. "¿Qué chico misterioso?"

Luca arqueó una ceja. "Vamos, Ale. Todo el mundo sabe que hay alguien."

Sacudí la cabeza. "No hay nadie."

Luca sonrió como si no me creyera. "Claro."

Emily volvió con las copas y la conversación cambió de rumbo.

Hablamos de todo y de nada: de los últimos chismes de la oficina, de las vacaciones que Emily estaba planeando en Grecia, de la nueva exposición de arte en el centro. Luca y Emily tenían esa facilidad para hacerme sentir cómoda, como si hubiera formado parte de ese grupo desde siempre.

Después de un par de horas, el bar empezó a vaciarse. Emily decidió irse en taxi y Luca se levantó, estirándose.

"¿Te vas?" le pregunté.

"Sí," respondió él. "Pero si tu casa está cerca, te acompaño."

"¿Seguro?"

Luca sonrió. "¿Por qué no?"

Cogí mi abrigo y mi bolso, y salimos a la calle. El aire frío de Madrid golpeó mi piel, despejándome un poco de las copas que había tomado.

Caminamos por las calles iluminadas por las farolas, Luca con las manos en los bolsillos y yo abrazando mi abrigo.

"Ha sido una buena noche," dijo él.

"Asombrosa," respondí.

Luca me miró de reojo. "¿Te divertisteis?"

"Sí," respondí.

Cuando llegamos a mi edificio, Luca se detuvo frente a la puerta.

"¿Llegamos no?" preguntó.

"Sí," respondí. "Gracias por acompañarme."

Luca sonrió. "Para eso están los amigos."

Le di un beso en la mejilla y subí las escaleras. Cuando cerré la puerta detrás de mí, vi que Pedro estaba sentado en el sofá del salón, con el móvil en la mano.

"¿Qué haces despierto?" pregunté, quitándome el abrigo.

Pedro levantó la mirada. Su expresión era seria, aunque intentaba fingir que no pasaba nada. "¿Estabas con él?"

Fruncí el ceño. "¿Con quién?"

Pedro dejó el móvil en la mesa. "Con el tío ese."

Suspiré. "Se llama Luca. Y solo me acompañó a casa."

Pedro se levantó, pasándose una mano por el pelo. "Claro, porque es normal que un tío te acompañe a casa después de estar toda la noche juntos."

"Pedro."

Pedro se acercó, con esa tensión en los hombros que siempre aparecía cuando estaba celoso. "¿Te gusta?"

"¿Luca?" Reí. "No."

Pedro se cruzó de brazos. "No me hace gracia, Ale."

"Pedro, no tienes por qué ponerte así."

"¿Ah, no?"

Me acerqué a él, colocando las manos en su pecho. "No pasa nada con Luca."

Pedro me miró, sus ojos oscuros llenos de algo que no sabía descifrar. "Más te vale."

"¿Más me vale?"

Pedro sonrió de lado, aunque no llegaba a sus ojos. "Sí."

Sacudí la cabeza, pero él me atrapó por la cintura y me acercó a él, hasta que nuestras respiraciones se mezclaron.

"No hay nada con Luca," repetí en voz baja.

Pedro me miró, sus labios a centímetros de los míos. "Espero que no."

Me besó, rápido pero intenso, y cuando se separó, su sonrisa volvió a ser la de siempre.

"¿Te vas a dormir?" preguntó.

Asentí. "Sí."

Pedro me soltó, pero cuando me giré para ir a mi cuarto, lo escuché decir:

"Si ese tío se vuelve a ofrecer para acompañarte a casa, no me hago responsable de lo que pase."

Reí mientras entraba a mi cuarto, pero una parte de mí sabía que hablaba en serio.

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