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VUELVE

23:16, 18 March 2025

Vivía sola desde hacía casi un mes, y aunque al principio la idea me había parecido atractiva, más silencio, más paz, más independencia la realidad era que el piso se sentía vacío. Frío.

Alana venía a verme de vez en cuando, y me escribía casi todos los días, pero la rutina de compartir mi vida con alguien se había desvanecido.

Me estaba acostumbrando, o al menos eso intentaba creer, hasta que un día, mientras doblaba la ropa en mi habitación, sonó mi teléfono.

"Pedro"

Mi corazón dio un vuelco al ver su nombre en la pantalla. Me quedé mirándolo unos segundos, con el pulso acelerado. ¿De verdad estaba llamando después de casi un mes de silencio?

Deslicé el dedo y me llevé el móvil a la oreja.

"¿Hola?" dije, manteniendo el tono frío.

"Ey..." Su voz ronca y suave sonó al otro lado de la línea. Su acento canario arrastrando las palabras, familiar y peligroso al mismo tiempo. "¿Cómo estás?"

Me quedé en silencio unos segundos. "¿De verdad me estás preguntando eso después de todo este tiempo?"

Pedro suspiró. "Ya, lo sé. He estado liado."

"Claro, muy liado, ¿no?" sentí cómo la rabia me subía por el pecho. "Tan liado que ni siquiera pudiste mandar un mensaje. Ni una puta llamada."

"Ale..."

"No." Me levanté de la cama y empecé a caminar por la habitación. "Las fotos salieron en todas partes. ¿Sabes lo humillante que fue para mí ver todos esos titulares? ¿Todo el mundo hablando de nosotros y tú sin dar la cara?"

"Tenía que dejar que se calmara la cosa."

"¿Que se calmara? ¿Crees que fue fácil ver cómo todo el mundo opinaba sobre mi vida otra vez, mientras tú desaparecías como si nada hubiera pasado?"

Pedro guardó silencio unos segundos. "Tienes razón."

"¿Eso es todo lo que tienes que decir?"

"No." Hizo una pausa. "Te estoy llamando porque... no quiero que te enteres por otro lado."

Me detuve. El tono de su voz cambió. Más serio, más tenso.

"¿Enterarme de qué?"

Escuché cómo inhalaba por la boca antes de responder.

"Estoy viendo a alguien."

El estómago se me encogió de golpe. Sentí una presión en el pecho, como si me faltara el aire.

"¿Qué?"

Pedro tragó saliva. "Se llama María. Es la modelo del video de Still Lovin."

Parpadeé. Mi respiración se volvió errática. La imagen de ella vino de inmediato a mi mente: alta, perfecta, con esos ojos verdes y esa actitud de modelo internacional.

"¿Desde cuándo?" pregunté, con la voz cortante.

Pedro tardó un segundo en responder. "Unas semanas."

Me llevé la mano al pelo y me giré hacia la ventana. Afuera, las luces de Salamanca titilaban en la distancia. Mi reflejo en el cristal me devolvía la mirada, pálida y tensa.

"¿Así que por eso no me llamaste?"

"No es eso."

"Claro que es eso," dije, sintiendo cómo la rabia hervía dentro de mí. "No querías decirme que ya habías pasado página, ¿verdad? Porque eso es lo que hiciste, ¿no? Pasar página."

Pedro soltó un suspiro. "No es tan simple."

"Pues parece bastante simple desde aquí."

"Joder, Ale, ¿qué querías que hiciera? ¿Que me quedara parado esperando a que decidieras qué querías conmigo? ¿Que me arrastrara detrás de ti mientras tú decidías si sí o si no?"

"¡Eso no es justo!"

"¿No es justo? ¿Y qué es justo entonces? ¿Que te aparezcas y desaparezcas de mi vida cuando te da la gana? ¿Que juguemos a este tira y afloja eternamente?"

"No te atrevas a poner esto en mí."

"¿Ah, no?" Pedro sonaba irritado ahora, su voz subiendo un poco. "Ale, no podíamos seguir así. Todo era un puto desastre."

"¿Así que la solución fue buscarte a otra?"

"No la busqué."

Me reí con amargura. "No, claro que no. Porque ella estaba ahí, perfecta, lista para reemplazarme en cuanto yo me volví un problema."

"Deja de hacer esto más difícil."

"¿Difícil para quién?"

Pedro se quedó en silencio.

"¿Sabes qué?" dije, sintiendo cómo las lágrimas ardían detrás de mis ojos. "No me importa. De verdad. Si te funciona con ella, perfecto. Espero que sean muy felices."

"Ale..."

"No." Me limpié las lágrimas con la manga. "No quiero escuchar nada más. Me alegro de que hayas encontrado a alguien más."

"¡No lo entiendes!"

"¡No quiero entenderlo!" grité.

El silencio al otro lado de la línea se sintió como un golpe en el pecho.

"Adiós, Pedro."

Y colgué.

Me dejé caer sobre la cama, con la respiración acelerada y las manos temblando. El corazón me latía tan fuerte que me dolía el pecho. Las lágrimas rodaron por mis mejillas sin control.

Pedro tenía a otra.

Pedro me había dejado atrás.

No podía dormir. No sabía por qué estaba haciendo esto. Mi cabeza me decía que me quedara en casa, que no fuera a buscarlo. Pero mis pies no me obedecían. Antes de darme cuenta, estaba afuera de su edificio en el centro, temblando de frío y con el corazón latiéndome en la garganta.

Toqué el interfono y esperé. Nada. Lo volví a intentar.

"¿Quién es?" La voz de Pedro sonó ronca, como si acabara de despertar.

"Soy yo."

Hubo un silencio largo, tan largo que pensé que tal vez no abriría. Pero entonces la puerta emitió un leve clic y se desbloqueó.

Empujé la puerta y subí por las escaleras casi corriendo, mis botas resonando en el mármol. Mi respiración estaba agitada cuando llegué a la puerta de su piso.

Él ya estaba ahí, con el cabello despeinado, una camiseta negra colgándole del cuerpo y sus ojos oscuros mirándome con sorpresa y algo de... miedo.

"¿Ale?"

Lo empujé hacia adentro y cerré la puerta tras de mí. Pedro retrocedió, todavía mirándome con esa mezcla de confusión y preocupación.

"¿Qué coño haces aquí a estas horas?" preguntó, pero su tono no era hostil.

"¿De verdad?" solté una risa amarga, cruzándome de brazos. "¿Qué coño hago aquí? ¿De verdad me preguntas eso después de que me entero de que estás saliendo con esa tal María?"

Pedro tensó la mandíbula y se pasó la mano por el cabello. "No quería que te enteraras por otra persona. Por eso te llamé."

"¿Ah, qué considerado de tu parte?" Mi voz salió cargada de veneno. Me acerqué hasta que estuvimos cara a cara, tan cerca que podía oler el aroma a tabaco y su perfume en su piel. "¿Qué no fue suficiente de mí, Pedro? ¿Eh? ¿Qué le falta a Ale para que te quedes?"

"Joder, Ale..." murmuró, cerrando los ojos como si quisiera huir de mis palabras.

"María es como yo, ¿no? Pero mejor. Más guapa, más tranquila, menos... problemática."

"No digas eso." Pedro abrió los ojos y me miró fijamente. "Tú sabes que te quiero. Tú lo sabes."

"¿Entonces por qué?" Mis palabras salieron casi en un susurro, pero mi voz tembló. Sentía las lágrimas acumulándose detrás de mis ojos, pero me negaba a llorar. No delante de él.

Pedro se acercó más, su mano fue directa a mi cintura, tirando suavemente de mí hacia él. "Porque estamos en un puto círculo vicioso, Ale. Porque te quiero tanto que me vuelvo loco, pero cada vez que estamos juntos, nos destruimos. ¿Cuánto tiempo crees que podríamos seguir así antes de acabar matándonos?"

"Entonces, ¿estás con ella porque es fácil? Porque no te vuelve loco como yo."

Pedro me miró a los ojos, sus labios se entreabrieron y vi ese destello de vulnerabilidad que rara vez mostraba. "María no es tú."

Mis rodillas temblaron. Me odiaba por eso. Me odiaba por seguir queriendo caer en este mismo infierno una y otra vez.

"Pero estás con ella," susurré.

"No significa nada," dijo él.

"¿Ah, no?" Di un paso atrás, sintiendo un vacío en el pecho. "Si no significa nada, entonces ¿qué coño haces con ella?"

Pedro cerró los ojos y soltó un suspiro pesado. "Porque necesito dejarte ir. Y no puedo."

Mi respiración se volvió entrecortada. Me odiaba por lo que estaba a punto de hacer, pero no podía detenerme.

"Entonces bésame"

Pedro abrió los ojos lentamente y me miró como si acabara de decir algo imposible.

"No hagas esto..." murmuró.

"¿Por qué no? Si no significa nada."

Su respiración se volvió pesada. Su mano se deslizó de mi cintura hasta mi cadera y luego hasta mi mejilla. "No me hagas esto, Ale."

"¿Por qué? ¿Porque no podrás parar?"

Pedro dejó escapar una maldición y, antes de que pudiera decir algo más, me besó.

El beso fue feroz, urgente, como si intentara arrancarme de su sistema a través de ese contacto. Su lengua se deslizó contra la mía, y mis manos se aferraron a su cabello. Me levantó por las caderas y me presionó contra la pared, su respiración mezclándose con la mía mientras el calor se expandía entre nosotros.

"Joder..." murmuró contra mi boca mientras sus manos recorrían mi cuerpo con esa familiaridad peligrosa.

Mis labios se separaron cuando nuestras respiraciones se volvieron erráticas. "¿Esto no significa nada?"

Pedro me miró con esos ojos oscuros que me atravesaban hasta el alma. "Esto lo significa todo. Pero eso es lo jodido."

Me bajó lentamente y se quedó mirándome como si intentara memorizar cada centímetro de mi cara.

"Vete, Ale," dijo en voz baja. "Antes de que vuelva a cometer el error de quedarme contigo."

Me quedé en el sitio, con el corazón latiéndome tan rápido que sentía que iba a explotar.

"¿Esto es todo?" pregunté, mi voz rota.

Pedro asintió lentamente. "No podemos seguir con esto."

"¿Pero sí puedes seguir con ella?"

Pedro no contestó.

Di un paso atrás, sintiendo que el aire en mis pulmones era insuficiente. Me giré hacia la puerta, pero antes de abrirla, dije:

"Espero que valga la pena."

Y salí de ahí, con las piernas temblorosas y el corazón destrozado.

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