CORDERO
02:00, 17 March 2025Los meses pasaron y las cosas con Marc empezaron a volverse más serias. Salíamos cada vez más seguido, y aunque no lo decía en voz alta, sentía que me estaba enamorando de él.
Marc era atento, divertido y encantador. Me hacía sentir tranquila, segura, sin el drama constante que había rodeado mi relación con Pedro. Con Marc todo era fácil.
Mis redes sociales empezaron a llenarse de fotos nuestras. Salidas a restaurantes, escapadas de fin de semana, incluso algún comentario que dejaba Marc en mis fotos que hacía que mis seguidoras se volvieran locas. Todo parecía estar bien. Finalmente.
Hasta que Pedro sacó "Still Luvin".
Lo supe desde el primer verso. Desde la primera nota.
"No consigo odiarte, no tengo motivos..."
El corazón me dio un vuelco. Me quedé paralizada en mi habitación, con el teléfono en la mano, mientras la canción seguía sonando.
"Duermo en tu lado de la cama cuando estoy con otras, pa' que no se sientan especiales..."
"No" susurré, sintiendo el pecho apretado.
"Pero no sé de qué les vale, de qué les vale..."
Lo apagué de golpe, dejando el teléfono sobre la cama. Me llevé las manos al rostro, sintiendo cómo me ardían los ojos. ¿Pedro había escrito esa canción sobre mí? ¿Sobre nosotros?
No tuve tiempo de procesarlo antes de que las redes sociales explotaran. Twitter estaba lleno de teorías. TikTok se llenó de edits de nosotros dos, con fotos antiguas, fragmentos de entrevistas y videos de la canción de fondo. En Instagram, las páginas de cotilleo ya daban por hecho que "Still Luvin" era sobre mí.
Y entonces llegó el en vivo.
Estaba en casa de Marc cuando vi que Pedro había empezado un directo en Instagram. Estaba en su estudio, con una sudadera gris y el pelo despeinado. Miles de personas se conectaron en segundos. Los comentarios volaban a una velocidad que no podía ni seguir.
"¿Es verdad que Still Luvin es para Ale?""¿Volverías con Ale?""¿Sigues enamorado de ella?"
Pedro leía los comentarios, apoyado contra el borde del sillón, con una cerveza en la mano.
"¿Que si "Still Luvin" es para Ale?" Se rio por lo bajo, negando con la cabeza. "A ver, tampoco hace falta ser un genio pa' entenderlo, ¿no?"
Los comentarios explotaron.
"Sí, es pa' ella" dijo finalmente, con una sonrisa apagada. "Es para ti, Ale."
Me quedé helada. Sentí que Marc me miraba desde el otro lado de la sala, pero yo no podía apartar la mirada de la pantalla.
Pedro se pasó una mano por el pelo y miró directamente a la cámara.
"No la escribí pa' que volviéramos, eh" dijo. "La escribí porque... porque la extraño. Y porque... bueno, porque sigo queriéndola."
Apagué el teléfono de golpe.
"Ale..." dijo Marc.
Lo miré. Tenía una expresión tensa, con las manos entrelazadas sobre las rodillas.
"Voy a llamarlo" dije, levantándome.
"¿Ale?" Marc me siguió con la mirada.
"Solo... solo necesito hablar con él."
Salí al balcón, con las manos temblando mientras marcaba su número. Respondió al segundo tono.
"Ale" su voz sonaba tensa.
"Pedro, ¿qué coño fue eso?" solté, sintiendo cómo la rabia se mezclaba con el dolor.
"¿Qué fue eso?" repitió él, con una risa seca. "Fue la verdad. ¿O qué? ¿Querías que me quedara callado mientras todos especulaban?"
"¡No hacía falta confirmarlo!"
"¿Por qué no? ¿Te avergüenza que aún te quiera?"
"No es eso, Pedro. Es que..." Me pasé una mano por el pelo, desesperada. "¡No puedes hacer esto ahora! Estoy con Marc, las cosas están bien."
"¿De verdad están bien?" Pedro bajó la voz. Su acento canario se hizo más marcado. "¿Estás con él porque lo quieres o porque es más fácil?"
Cerré los ojos, sintiendo cómo la respiración se me entrecortaba.
"Da igual" dije en voz baja. "Lo que hiciste fue egoísta."
"Egoísta es fingir que puedes seguir adelante cuando sabes que sigues pensando en mí" dijo él, su voz cargada de frustración. "¿Te ha hecho sentir algo esa canción, Ale?"
Me mordí el labio, sin responder.
"Ya" susurró Pedro. "Sabía que sí."
"No puedes hacerme esto" dije, sintiendo cómo las lágrimas me ardían en los ojos.
"No te estoy haciendo nada" contestó él. "Solo te dije la verdad. Y tú... ahora tienes que decidir qué hacer con ella."
Colgó.
Me quedé mirando el teléfono, respirando con dificultad. Sentí la puerta del balcón abrirse detrás de mí y a Marc aparecer a mi lado.
"¿Estás bien?" preguntó él, con suavidad.
Negué con la cabeza.
"No lo sé. El es tan complicado."
Los días siguientes fueron una tormenta.
Las redes sociales no dejaban de hablar de la canción, del en vivo, de nosotros. Los edits de TikTok no paraban: vídeos de Pedro mirándome en entrevistas antiguas, imágenes nuestras caminando por Madrid de la mano, fragmentos de conciertos donde él parecía cantarme directamente. Todo acompañado por "Still Luvin" de fondo.
Marc intentaba mantenerse al margen, pero sabía que le molestaba. Cada vez que estábamos juntos y alguien mencionaba la canción, él tensaba la mandíbula y apretaba los labios. Yo también lo sentía. Pedro había vuelto a invadir mi vida, incluso cuando estaba tratando de dejarlo atrás.
"¿Te lo ha dicho directamente?" me preguntó Marc una noche, mientras cenábamos en mi piso.
"¿El qué?" respondí, aunque sabía exactamente a qué se refería.
"Que te quiere de vuelta." Marc dejó el tenedor sobre el plato. "Porque la canción lo dice todo, pero aún no sé qué piensas tú."
Lo miré, sintiendo una presión en el pecho. Marc era increíble. Era dulce, divertido, me trataba bien y hacía que las cosas fueran fáciles.
Pero Pedro... Pedro me hacía sentir como si estuviera al borde de un precipicio todo el tiempo. Y por mucho que quisiera negarlo, una parte de mí amaba esa sensación.
"No sé qué quiero" dije finalmente.
Marc asintió, pero su expresión se oscureció.
"Entonces tal vez deberías averiguarlo antes de seguir conmigo" contestó, su tono cortante pero sin levantar la voz.
Quise decir algo, pero mi teléfono vibró. Pedro.
Marc vio el nombre en la pantalla y soltó una risa sarcástica.
"Claro" murmuró.
Tomé el teléfono y me levanté de la mesa. Salí al balcón, con las manos temblando mientras contestaba.
"Pedro."
"Ale" su voz sonaba tranquila, pero había una tensión subyacente en su tono. "¿Podemos hablar?"
"¿Ahora?"
"Sí, ahora. Estoy abajo."
"¿Abajo de dónde?"
"De tu edificio."
Me asomé por el balcón de mi habitación y ahí estaba. De pie, con una chaqueta negra, gafas de sol y las manos en los bolsillos, mirando hacia arriba. Mi corazón dio un vuelco.
"Voy bajando" dije, colgando el teléfono. Entre de nuevo y Marc me miró decepcionado.
Cuando bajé, Pedro estaba apoyado contra una farola. Su cabello estaba despeinado y sus ojeras marcadas. No parecía que hubiera dormido mucho desde el en vivo.
"¿Qué haces aquí?" pregunté, cruzándome de brazos.
Pedro me miró con esos ojos claros que siempre conseguían desarmarme.
"Necesitaba verte" contestó él, encogiéndose de hombros. "¿Podemos caminar?"
"Pedro..."
"Por favor."
Suspiré y asentí. Caminamos en silencio por las calles de Madrid. La ciudad estaba tranquila, las luces de los bares todavía encendidas, la brisa nocturna fresca contra mi piel. Pedro caminaba con las manos en los bolsillos, la mirada fija en el suelo.
"Entonces..." dije finalmente. "¿La canción?"
Pedro levantó la vista.
"La escribí porque te extraño" dijo directamente, su acento canario marcando cada palabra. "Porque me duele verte con él, porque no sé cómo seguir adelante cuando cada vez que cierro los ojos te veo a ti."
"Pedro..."
"No he estado con nadie desde que nos separamos" añadió él, mirándome fijamente. "Bueno, sí que he salido de fiesta, sí que he bebido, pero nada de eso me ha hecho olvidarte. Y luego te veo con ese tío, y... joder, Ale, siento que me voy a volver loco."
"No es justo" dije, la voz temblorosa. "No es justo que me digas esto ahora, cuando estoy intentando rehacer mi vida."
Pedro dejó escapar una risa amarga.
"¿Rehacer tu vida? ¿Con él?" Su tono era cortante. "¿De verdad crees que eso va a funcionar?"
"¿Y si funciona?" desafié, mirándolo directamente a los ojos.
Pedro se acercó un paso.
"Entonces dímelo. Dime que estás enamorada de él y me iré."
Mi respiración se volvió errática. Pedro estaba tan cerca que podía oler su perfume, una mezcla de tabaco y madera que me devolvía a todas esas noches en su piso, en su cama, entre sus brazos.
"No puedo decirte eso" susurré.
Pedro cerró los ojos por un segundo, como si estuviera procesando mis palabras. Cuando los abrió, sus pupilas estaban dilatadas.
"Ale..."Su voz fue suave, como una súplica. "Dime qué tengo que hacer para que vuelvas conmigo."
Me quedé en silencio. Mi corazón latía con fuerza, mis pensamientos enredados entre lo que quería y lo que sabía que era lo correcto.
"No puedo volver contigo, Pedro" susurré finalmente.
Pedro asintió lentamente, como si ya esperara esa respuesta.
"¿Pero puedes dejar de quererme?" preguntó él.
No contesté. No podía mentirle.
Pedro soltó una risa suave, pero sus ojos estaban llenos de tristeza.
"Está bien" dijo finalmente. "Si no puedes volver conmigo... ¿Podemos al menos ser amigos?"
"¿Amigos?" repetí, incrédula.
"Sí. Amigos"
"¿Crees que eso va a funcionar esta vez?"
Pedro me dedicó una sonrisa torcida.
"No. Pero prefiero tenerte como amiga a no tenerte en absoluto."
Suspiré. Sabía que estaba cometiendo un error, pero también sabía que no podía alejarme de él. "Está bien" dije finalmente. Amigos.
Pedro me miró con esa sonrisa encantadora que siempre me había derretido.
"Pues eso. Amigos."
Nos quedamos en silencio por un momento, mirándonos a los ojos bajo las luces de la calle. Pedro dio un paso atrás, metió las manos en los bolsillos y me dedicó una última mirada.
"Buenas noches, Ale."
"Buenas noches, Pedro."
Se dio la vuelta y empezó a caminar por la calle, sus pasos resonando en el pavimento. Lo vi alejarse hasta que desapareció al doblar la esquina. Me quedé ahí, sola, preguntándome si acababa de tomar la mejor decisión de mi vida... o la peor.
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