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LOVIN YOU

06:35, 14 March 2025

Salí del hotel con las gafas de sol puestas, el cabello cayendo sobre mis hombros y el corazón martillando en mi pecho.

Apenas di unos pasos hacia la calle cuando lo vi: un enjambre de fotógrafos y periodistas agolpados en la entrada, las cámaras levantadas, los flashes disparando sin tregua. El ruido de las voces, las preguntas lanzadas al aire y los gritos de los fans formaban un murmullo ensordecedor.

"¡Ale! ¡Ale! ¿Terminaste con Pedro?"

"¡Ale, míranos! ¡Una foto, por favor!"

"¡¿Es cierto que estás embarazada?!"

Tragué saliva y traté de mantener la cabeza en alto mientras caminaba hacia el taxi que había pedido. El conductor, un hombre mayor con barba canosa, me miró por el retrovisor con una mezcla de lástima y curiosidad mientras me subía al asiento trasero.

"Al aeropuerto, por favor," dije con la voz tensa.

"Claro, señorita."

El taxi arrancó y sentí que podía finalmente respirar, pero el alivio duró solo unos segundos. Lo vi en el retrovisor: un coche negro de cristales tintados, siguiéndonos a una distancia prudente.

No hacía falta preguntarme quién era. Lo reconocería en cualquier parte. Pedro.

"¿Puedes girar en esa calle de la derecha?" le pedí al conductor.

"¿Está segura?"

"Sí. Por favor."

El taxi giró y frenó en una calle estrecha y poco transitada. Me bajé con el corazón desbocado y me quedé ahí, en medio de la acera, respirando hondo.

El coche negro también se detuvo. La puerta se abrió y Pedro salió rápidamente. Llevaba una sudadera negra con el gorro sobre la cabeza y unas gafas de sol, pero aún así era imposible que pasara desapercibido.

"¡Ale!" dijo, acercándose a mí con la respiración entrecortada.

"Pedro, ¿qué haces aquí?" dije, cruzándome de brazos.

"No te puedes ir," respondió él, deteniéndose justo frente a mí. Se quitó las gafas y me miró directamente a los ojos. Su expresión era una mezcla de angustia y determinación. "Por favor, no te vayas."

"¿Y qué esperabas? ¿Que después de lo que pasó anoche, me quedara a tu lado como si nada?"

Pedro dio un paso hacia mí.

"¡No fue nada!"

"¿Nada? ¿Gritarme delante de todo el mundo no fue nada? ¿Hacerme sentir como una cualquiera frente a tus amigos no fue nada?"

Pedro se llevó las manos a la cabeza y respiró hondo, frustrado.

"¡Joder, Ale! ¡Es que te miraba como si quisiera arrancarte de mí! ¿No lo entiendes?"

"¡No, Pedro! ¡Lo que entiendo es que no confías en mí!" le grité.

Pedro apretó la mandíbula, sus ojos oscuros brillando con rabia y desesperación.

"Claro que confío en ti. Pero es que... te quiero. Y cuando alguien se acerca a ti, siento que voy a perder la puta cabeza."

Me reí.

"¿Eso justifica todo?"

"No, no lo justifica. Pero no sé cómo parar de sentir esto."

"Entonces aprende. Porque no puedo vivir así."

Pedro bajó la cabeza, sus rizos cayendo sobre su frente.

"¿Y qué quieres que haga? ¿Que me aparte de ti? ¿Que te deje ir?"

"No lo sé, Pedro. No sé qué quiero."

Pedro levantó la cabeza y me miró con los ojos vidriosos.

"¿De verdad te vas a ir?"

"Necesito espacio," dije con la voz rota.

Pedro negó con la cabeza y se acercó otro paso.

"¿Y si no te dejo ir?" susurró.

"Pedro..."

"Si te subes a ese avión, me voy a volver loco. No puedo dejar que te vayas, gordi."

Mis labios temblaron. Sabía que debería ser fuerte, que debería alejarme, pero me quedé inmóvil cuando Pedro levantó las manos y las colocó sobre mi rostro con una suavidad desgarradora.

"Si no sientes nada por mí, dímelo ahora mismo," murmuró. "Si no me quieres, me subo a ese coche y me largo. Pero si aún me quieres... quédate."

Abrí la boca para responder, pero nada salió. Las lágrimas rodaban por mis mejillas y mi respiración era tan errática que apenas podía pensar.

Pedro deslizó el pulgar sobre mi mejilla, limpiando las lágrimas.

"¿Ale?"

"No puedo," susurré.

Pedro cerró los ojos, tragando con dificultad.

"¿No puedes quedarte o no puedes dejarme?"

"No puedo dejarte."

Pedro dejó escapar un suspiro y me abrazó con fuerza. Sentí su respiración agitada contra mi cuello, el latido de su corazón golpeando contra el mío.

"No te vayas," repitió en un susurro. "Por favor."

Mis manos subieron por su espalda y lo abracé con la misma intensidad, cerrando los ojos y dejándome caer en él.

Un coche pasó despacio a nuestro lado, y escuché el clic de una cámara. Entonces otro. Y otro. La prensa nos había encontrado.

"¡Ale y Pedro juntos otra vez!""¡Pedro le ruega a Ale que no se vaya!""¡Reconciliación en Las Palmas!"

Pedro me soltó solo lo suficiente para mirarme a los ojos.

"No me importa que nos vean," dijo.

"Pedro, los medios..."

"Que se jodan los medios."

Sonreí débilmente.

"Esto va a salir en todos lados."

Pedro me tomó del rostro y me besó en medio de la calle, sin importarle las cámaras, la gente que comenzaba a acercarse o el murmullo que crecía alrededor de nosotros.

Y en ese momento entendí que no importaba si los medios hacían de nuestra historia un espectáculo. Porque lo que había entre nosotros iba mucho más allá de eso.

Pedro me abrazó, pegándome a su pecho.

"Vámonos a casa," susurró.

"¿A Madrid?"

"A donde tú quieras, gordi."

Suspiré, hundiendo mi rostro en su cuello.

"Solo... contigo."

Pedro sonrió y me tomó de la mano. Caminamos hacia el coche mientras los flashes seguían disparando, y las preguntas seguían volando en el aire. 

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