ABC
06:15, 12 March 2025Desde que todo se hizo público, las cosas habían cambiado radicalmente. La gente me reconocía por la calle, en la universidad, incluso en las cafeterías donde solía pasar desapercibida.
Y no era solo porque ahora todo el mundo sabía que estaba saliendo con Quevedo, bueno, Pedro sino porque, de la nada, mi teléfono comenzó a explotar con mensajes y correos.
"Te están ofreciendo una colaboración con Dior", me dijo Martina, sentada en mi cama mientras revisaba mi bandeja de entrada.
"Y Prada también quiere que vayas a su evento en París", añadió Alana desde el sofá, con el móvil en la mano. "Por no hablar de la cantidad de revistas que quieren entrevistarte."
Estaba acostada en la cama, con una sudadera de Pedro y unas mallas negras, mirando el techo mientras intentaba procesar todo. Mi vida había cambiado en cuestión de semanas. De ser solo una estudiante, a que me etiquetaran como "la novia de Quevedo" y "la chica misteriosa de Madrid." Y lo peor es que me gustaba.
"¿Qué hago?" pregunté, sentándome y mirando a Martina y a Alana.
"Lo aceptas todo," respondió Alana sin dudar. "Si el mundo quiere hacerte famosa, aprovéchalo."
"¿Estás segura?"
"Obvio, tía. La gente te adora. Y encima tienes a Quevedo como respaldo. Solo tienes que jugar tus cartas bien."
"¿Pedro qué piensa?" preguntó Martina, mirándome con una sonrisa curiosa.
"Él dice que haga lo que quiera, que me apoyará."
En ese momento, mi teléfono vibró. Un mensaje de Pedro:
Pedro: "¿Lista para salir? Te recojo en 10 minutos."
Sonreí y me levanté de la cama. "Voy a hacerlo."
"¿Hacer qué?" preguntó Alana.
"Todo. Voy a aceptar las colaboraciones, las entrevistas... Voy a empezar a hacer redes sociales. Si el mundo quiere verme, que me vean."
Martina y Alana gritaron emocionadas mientras yo iba hacia el baño a arreglarme. Pedro llegó exactamente 10 minutos después. Estaba apoyado en su coche negro, con una gorra baja y una camiseta blanca que le quedaba perfecta.
"Guapa," dijo, mirándome de arriba abajo mientras me acercaba.
"¿A dónde vamos?" le pregunté.
"Te voy a llevar al estudio. Tienes que ver cómo va la canción que estoy haciendo para ti."
Entré al coche y él tomó mi mano mientras conducía. Era increíble cómo, a pesar de toda la locura que nos rodeaba, estar con él me hacía sentir en calma.
Llegamos al estudio y Pedro saludó a varios productores que estaban ahí. El ambiente olía a tabaco y café, y las paredes estaban cubiertas de paneles de sonido. Pedro me llevó hacia el centro, donde un chico estaba ajustando el micrófono.
"Ven, escucha," me dijo Pedro, colocándome unos audífonos sobre la cabeza.
La música empezó a sonar y mi corazón se aceleró. Era suave pero intensa, con el ritmo característico de Pedro y su voz grave fluyendo sobre la pista. Entonces escuché las letras:
"Quiero que te quedes, no te vayas.Que me mires con esos ojitos que fallan.Te encontré sin buscarte, pero ahora que te tengo...No quiero perderte."
Me quité los audífonos, mirándolo con los ojos muy abiertos. "¿Esto es para mí?"
"Claro que sí," respondió, con esa sonrisa medio arrogante pero encantadora. "¿Te gusta?"
"Me encanta."
Pedro se acercó, sus manos rodeando mi cintura. "Quiero que empieces a creer que te mereces todo esto. Porque te lo mereces."
Lo besé, y él me sostuvo con fuerza. Cuando nos separamos, me miró con intensidad.
"¿Lista para lo que viene?"
Asentí. "Más que lista."
Capítulo: "Quédate"
DOS DÍAS DESPUÉS
Mi teléfono vibró mientras estaba en la universidad. Me encontraba sentada en el césped con Martina y Alana, revisando algunos apuntes de macroeconomía, cuando vi el nombre en la pantalla. Sofía.
"¿Vas a contestar?" preguntó Martina, inclinándose hacia mí.
"Ni de coña" respondí, pero el teléfono seguía vibrando.
Alana se quitó las gafas de sol y me miró directamente. "Si sigue llamando así, es porque tiene algo importante que decir."
Bufé y contesté, alejándome un poco de ellas para tener privacidad.
"¿Qué quieres, Sofía?" dije con el tono más seco que pude.
"Ale, cariño... su voz sonaba calculada, como siempre que intentaba manipularme. "Necesitamos hablar."
"¿De qué?" pregunté, sabiendo que no iba a gustarme la respuesta.
"De ti, de Pedro... y de México." Hizo una pausa, y pude oír una sonrisa en su voz. "Si no nos vemos pronto, puede que tenga que hacer un pequeño video para aclarar algunas cosas. Ya sabes, contarle al mundo cómo eras en realidad antes de convertirte en la novia perfecta de Quevedo."
Mi estómago se tensó. "¿Estás amenazándome?"
"No, para nada" respondió Sofía, burlona. "Solo quiero que hablemos. En persona."
Colgué sin decir nada más y volví hacia Martina y Alana, con el corazón latiendo a mil por hora.
"¿Qué pasó?" preguntó Martina, dejando sus apuntes a un lado.
"Quiere que nos veamos. Si no lo hago, va a empezar a contar cosas de México." Me froté la sien con las mano. "Y créeme, no quiero que la gente sepa cómo era antes."
"Es una zorra" dijo Alana sin rodeos. "Pero... ¿vas a ir?"
"No sé" contesté, mordiéndome el labio.
Esa noche, Pedro me llamó.
"¿Qué pasa, Gordi?" Su voz sonaba relajada, pero yo no podía ocultar la tensión en la mía.
"Sofía me llamó. Dice que si no la veo, va a hacer un video contando todo sobre México."
Hubo un silencio cargado al otro lado de la línea. "¿Qué coño le pasa a esa tía?"
"Pedro..
"Escúchame, Ale. Reúnete con ella."
"¿Qué?" Me levanté de la cama de golpe.
"Si no lo haces, seguirá jodiéndote. Mejor enfrentarlo ahora y dejarlo claro."
"Pero..."
"Yo estaré ahí. No pienso dejar que te joda la vida."
Suspiré y me dejé caer en la cama. "Está bien."
Al día siguiente, Sofía y yo quedamos en una cafetería discreta en el centro de Madrid. Pedro insistió en acompañarme, pero yo le pedí que esperara afuera. No quería que Sofía sintiera que tenía poder sobre mí por el simple hecho de que Pedro estuviera ahí.
Ella llegó vestida impecable, con un bolso de Chanel colgado del brazo y unas gafas de sol que se quitó lentamente al verme.
"Ale, estás preciosa."
"Ve al grano."
Sofía sonrió y se sentó frente a mí, cruzando las piernas con elegancia.
"Solo quiero entender qué ha pasado contigo. La chica que conocí en México no era... así."
"¿Así cómo?" levanté una ceja.
"Estable. Sobria. Y... con Quevedo." Me miró con una sonrisa fría. "¿De verdad crees que esto va a durar?"
"No es asunto tuyo."
"Solo digo que, si la gente supiera la verdad sobre ti... Quizás las marcas y las revistas dejarían de llamarte."
"¿Qué quieres, Sofía?"
"Quiero que me presentes a Pedro."
Reí, incrédula. "¿De verdad crees que voy a vender mi dignidad para que conozcas a Pedro?"
"No lo sé, Ale. Si no lo haces... ya sabes lo que viene después."
"Pues hazlo." Me levanté de la silla, mirándola directamente a los ojos. "No te tengo miedo, Sofía. No más."
Ella se quedó inmóvil, sin decir nada. Salí de la cafetería con el corazón golpeándome el pecho. Pedro estaba afuera, apoyado contra un poste, con los brazos cruzados.
"¿Qué te ha dicho?" preguntó, mirándome con esa intensidad que hacía que mis rodillas se doblaran.
"Que va a contar todo."
"Que lo haga."
"¿Qué?"
Pedro me rodeó con sus brazos y me miró fijamente. "Tú no le debes nada a nadie. Si alguien no te quiere por lo que fuiste, que se jodan."
"¿Y si lo hace?"
"Estaré contigo."
Me besó con fuerza, justo ahí en la calle. Y de repente, todo el ruido de mi cabeza se apagó.
"Ahora ven conmigo," dijo Pedro, tomándome de la mano.
"¿A dónde?"
Pedro sonrió. "He planeado algo para ti."
—————————————————————————Dos días después, estábamos aterrizando en Argentina. Pedro había reservado una cabaña en Bariloche, en las montañas cubiertas de nieve. La vista desde la ventana era irreal: un paisaje blanco e infinito bajo un cielo azul helado.
"¿Qué hacemos aquí?" pregunté, mirándolo con incredulidad mientras sacaba mi abrigo de la maleta.
"Vamos a esquiar."
"¡Pero yo no sé esquiar!"
"Yo te enseño."
Me llevó a las pistas de esquí, donde casi me caigo diez veces antes de finalmente lograr mantenerme en equilibrio. Pedro se reía cada vez que me deslizaba torpemente y terminaba en la nieve.
"¡Pedro, esto es una locura!" dije mientras me levantaba del suelo, cubierta de nieve.
Él me tendió la mano y me ayudó a ponerme de pie. "Es para que te relajes. Ya era hora de que te dieras cuenta de que puedes disfrutar de la vida sin preocuparte de lo que piensen los demás."
Me tomó del rostro con sus manos frías y me miró con esa intensidad que hacía que me olvidara de todo.
"Te prometo que no voy a dejar que nada ni nadie te joda esto."
"¿Lo prometes?"
"Te lo juro."
Y cuando me besó, ahí en medio de la nieve, con las montañas y el cielo como testigos, supe que por primera vez en mucho tiempo... estaba exactamente donde quería estar.
There are no comments yet. Log in to be the first to leave a review!

