QUEDATE
02:32, 12 March 2025Cuando Pedro dijo "Vamos a arreglar esto juntos", pensé que tenía un plan. Que de alguna manera, él sabría cómo manejar el caos que se había desatado en las últimas horas. Pero la verdad es que nadie sabe cómo manejar una tormenta cuando ya te ha alcanzado.
Las fotos de la prueba de embarazo seguían girando por todas partes. Twitter, TikTok, Instagram, incluso las páginas de noticias empezaron a replicarlo. No faltaron los análisis de supuestos "expertos" en farándula afirmando que la relación entre Quevedo y la chica misteriosa de Madrid había dado un giro inesperado.
"Fuentes cercanas confirman que Pedro Domínguez (Quevedo) estaría esperando un hijo con su nueva pareja.""¿Qué pasará con su carrera ahora que está por convertirse en padre?""¡Quevedo lo confirma! Un nuevo capítulo en la vida del cantante español."
Nada de eso era cierto. Pero en el mundo de los titulares, la verdad importa poco.
Martina estaba en shock. Pedro estaba furioso. Yo estaba... vacía.
Me pasé todo el día ignorando mi teléfono, pero las notificaciones seguían apareciendo cada dos segundos. Mi nombre estaba en tendencias. Había cuentas de hate publicando montajes de mí con títulos como "La caza fortunas que atrapó a Quevedo" y "De fiesta a madre: el oscuro pasado de Ale."
Pedro estaba caminando por el piso, nervioso. Tenía el móvil en la oreja y estaba gritándole a alguien.
"¿Pero qué coño quieres que haga? ¡¿Desmienta una noticia que ya ha salido en todas partes?! ¡Pues claro que no está embarazada, joder!"
Me senté en el sofá, abrazando mis rodillas. Martina estaba en el otro extremo, sin decir nada. Alana llegó unos minutos después, con el ceño fruncido y una expresión de pura rabia.
"Tía, esto es una locura. ¿Ya habéis dicho algo oficialmente?"
"No hemos dicho nada."
"Pues deberías. Porque ahora mismo todo el mundo piensa que Pedro te ha embarazado y que os vais a casar o algo así."
Pedro colgó el teléfono de golpe y se acercó.
"Hay que sacar un comunicado."
Lo miré, incrédula.
"¿Un comunicado? ¿Qué quieres que diga? ¿'No estoy embarazada, solo fue una prueba de mi amiga'?"
"Exacto", dijo, serio.
Martina soltó una risa nerviosa.
"¿Y quién se lo va a creer?"
Pedro pasó una mano por su pelo, frustrado.
"Tenemos que hacer algo. O esto se va a salir de control."
"Pedro, ya está fuera de control."
En ese momento, recibí un mensaje de texto. Era de mis padres.
Mamá "Ale, ¿qué está pasando? Llama en cuanto puedas."
Todo el aire se me fue de los pulmones.
"Mis padres saben."
Pedro cerró los ojos y maldijo por lo bajo.
"¿Te han llamado?" preguntó Alana.
"Asumo que mi madre ya está a punto de reservar un vuelo a Madrid."
Pedro se acercó a mí y me tomó de las manos.
"Ale, si tú quieres, yo puedo hablar con ellos."
"¿Hablar con ellos?" dije, soltando una risa amarga. "¿Qué vas a decirles? 'Hola, soy Pedro, no he dejado embarazada a su hija, pero igual estamos saliendo, así que todo bien'."
Pedro apretó la mandíbula. "Si te sirve de algo, lo haría."
"Claro que lo harías", dije, apartando mis manos de las suyas.
Pedro me miró fijamente, su expresión endurecida. "¿Por qué siento que estás enfadada conmigo?"
"Porque lo estoy." Pedro se pasó una mano por la cara. "¿Y qué he hecho ahora?"
"¡Lo que has hecho es llevarme a este puto circo mediático!", exploté. Pedro se quedó congelado.
"¿En serio me estás culpando de esto?"
"¿Quién subió la foto de mí en el estudio? ¿Quién me puso en la mira de todos los tabloides? ¡Tú, Pedro! ¡Tú decidiste que estaba bien exponerme así!"
Pedro dio un paso hacia atrás, herido.
"¿Así que ahora esto es culpa mía?"
"Sí, Pedro. Tú naciste para esta vida. Yo no."
Pedro soltó una carcajada amarga.
"¿Y qué quieres que haga, Ale? ¿Que desaparezca de tu vida?"
"No, quiero que dejes de actuar como si esto fuera normal. Como si yo estuviera hecha para vivir en este mundo donde todo el mundo cree que puede opinar sobre mí."
Pedro me miró fijamente, respirando rápido.
"Si no quieres esto, solo tienes que decírmelo."
"¿Y qué significa 'esto'?"
"Esto", dijo, señalando entre los dos. "Nosotros."
Mi corazón se detuvo.
"No pongas eso sobre mí", susurré.
Pedro dio un paso hacia mí, sus ojos oscuros llenos de furia y dolor.
"Si me pides que lo deje, lo haré."
Mis labios se separaron, pero las palabras no salían.
Pedro tragó saliva.
"¿Ale?"
Martina y Alana nos miraban desde el fondo de la habitación, sin decir nada.
"No puedo hacer esto ahora", dije, retrocediendo.
Pedro me miró como si acabara de darle un golpe en el estómago.
"Vale", dijo, con la mandíbula apretada.
Se giró y salió del piso, cerrando la puerta con un golpe.
Martina y Alana se acercaron.
"Tía, ¿qué coño ha pasado?" dijo Alana.
Me dejé caer en el sofá, con las manos temblorosas.
"Lo he arruinado."
Martina se sentó a mi lado.
"Ale, él te quiere. Pero también tienes que decidir si esto es lo que quieres."
"Lo que quiero..."
Mis palabras quedaron suspendidas en el aire mientras el sonido de mi teléfono vibrando me sacaba de mis pensamientos. Era otro mensaje de mi madre.
Mamá "¿Alejandra? Hija, contesta."
Y en ese momento, entendí que estaba en una encrucijada.
Podía correr y esconderme, como había hecho tantas veces antes.
O podía quedarme y enfrentar todo.
Con Pedro.
Seguí a Pedro entre la multitud, ignorando las cámaras y los flashes que me cegaban a cada paso.
Mi corazón latía tan fuerte que podía sentirlo en mis oídos. Las voces de los periodistas gritaban preguntas sin parar, las cámaras apuntaban directamente hacia nosotros.
"¡Ale, ¿es verdad que estás embarazada?!", gritó alguien. "¡Pedro, confirma la noticia, ¿van a ser padres?!", añadió otra voz.
Pedro giró hacia mí, sus ojos oscuros buscando los míos. Yo solo lo miré por un segundo, sintiendo cómo el mundo giraba a nuestro alrededor, mientras las cámaras capturaban cada segundo de nuestro silencio.
Entonces, sin pensarlo, me acerqué a él, pasando mis brazos alrededor de su cuello, y lo besé.
Un beso largo, profundo, de esos que te roban el aliento y hacen que todo desaparezca. El murmullo de los periodistas se apagó por un segundo. Después, los flashes explotaron con más fuerza.
Pedro me sujetó por la cintura, respondiendo al beso con una intensidad que me hizo olvidar que estábamos rodeados de prensa, de gente, de todo. Cuando nos separamos, mis labios todavía temblaban.
"Para que quede claro," dije, mirando directamente a las cámaras, "no estoy embarazada."
El murmullo volvió con más fuerza. Algunos periodistas comenzaron a gritar más preguntas, pero yo ya no los escuchaba. Pedro se rio suavemente, pasando su brazo por mi cintura y acercándome más a él.
"¿Entonces esto es oficial?" murmuró en mi oído, su aliento rozando mi piel. "100% oficial," le respondí, mirándolo fijamente.
Pedro sonrió, esa sonrisa que hace que te olvides de todo y solo pienses en él. "Pues ahora que ya lo saben todos, ¿qué te parece si nos largamos de aquí?"
Asentí y él tomó mi mano. Me guió a través de la multitud mientras los flashes seguían estallando a nuestro alrededor. Pero esta vez no me importaba. Porque Pedro y yo, por fin, éramos algo real.
Salimos hacia el coche de Pedro, mientras los periodistas todavía nos seguían. Él abrió la puerta para que entrara y cuando se subió, tomó mi mano con fuerza, entrelazando nuestros dedos.
"Ahora sí, Ale. Esto empieza de verdad."
Y, por primera vez, sentí que todo estaba en su sitio.
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